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    El pasado 26 de marzo un camión de la empresa Quipasur -que presta servicios a la industria salmonera- volcó en la cuesta del Venado, comuna de Chonchi, en Chiloé, cerca del lago Huillinco, vertiendo al río Trainel dos mil litros de agua ras y otros diez mil de pintura antifouling, que contiene metales pesados, con gravísimas consecuencias para toda la biodiversidad, el río y las aguas subterráneas.

    En este escenario, Juan Carlos Cárdenas, director de la ONG Ecoceanos, denuncia una “complicidad gubernamental en la destrucción serial del mar de Chiloé”. En una columna publicada en varios medios de comunicación, sostiene que la mega industria de salmones y truchas, que exporta el 98% de sus producciones, “ha convertido durante las últimas dos décadas al archipiélago de Chiloé en un verdadero far west sanitario-ambiental y social”. Algo que -añade- viene ocurriendo “sistemáticamente” a través de una serie de crisis provocadas por “las prácticas sub-estándares, y derechamente por el no cumplimiento de las débiles normativas sanitarias, ambientales y laborales”.

    Respecto al desastre del elemento vertido al río Trainel, apunta que este es un “potente biocida compuesto por metales pesados, entre ellos óxido de cobre, que es empleado de manera masiva e indiscriminada por la industria salmonera para eliminar los organismos marinos que se adhieren a las redes de sus balsas-jaulas”.

    Según el director de Ecoceanos, hasta el momento las autoridades gubernamentales sectoriales “se han mostrado ineficientes y con poca voluntad de escuchar a las comunidades afectadas y organizaciones chilotas”. En ese sentido añade que “se ha ocultado y no informado a las comunidades campesinas e indígenas y personas que habitan estos cuerpos fluviales y desarrollan actividades agrícolas y de crianza de animales en Chonchi, que el agua de bebida proporcionada por el río y el lago está hoy contaminada por metales pesados”. Al respecto detalla que estos son bio-acumulables y se concentran en los organismos de las personas, animales y la biodiversidad acuática (peces, anfibios) del área contaminada, y con efectos de mediano plazo, como alteraciones a nivel de riñones, pulmones, hígado y sistema nervioso.

    Por otro lado, según Cárdenas no basta con la eliminación mecánica de la pintura antifouling. “Es necesario prevenir los efectos biológicos de los metales pesados disueltos en el agua y que se acumulan en el fondo y orillas del río y del enorme lago”.

    Zonas de sacrificio

    El director de Ecoceanos advierte que Chonchi y Cucao constituyen hoy otra “zona de sacrificio de la mega industria salmonera”. Recuerda que hace cinco meses naufragó frente a Chonchi el well-boat Seikongen, que transportaba más de 60 mil litros de petróleo y 200 toneladas de salmones. “Han pasado casi seis meses y la gran embarcación continúa hundida con su carga de petróleo. Llama la atención la desidia de la autoridad regional, privilegiando los intereses económicos salmoneros y no la integridad del mar chilote”, apunta.

    “No hay que olvidar –añade- que hace dos años, las salmoneras, con el apoyo del Servicio Nacional de Pesca, la Armada de Chile y la complicidad de organizaciones científicas, vertieron a 75 millas de las costas del norte de Chiloé, nueve mil toneladas de mortalidades de salmones provocada por el mega bloom de algas nocivas Chatonella sp. a consecuencia de los altos niveles de contaminación orgánica unida a cambios climáticos y oceanográficos globales”.

    Por otra parte, Cárdenas recuerda que se realizaron once vertidos de materia orgánica en descomposición, utilizando 125 embarcaciones, entre pesqueros de alta mar, lanchas y well-boats, quedando con ello en evidencia -dice- “la real visión del Estado chileno y de la industria salmonera sobre el mar, al tratarlo como un vertedero ilimitado para recibir desechos líquidos y sólidos industriales, o un área para explotar y hacer dinero”.

    A los vertidos “legales” se unieron una serie de “vertidos ilegales” de miles de toneladas en las aguas del norte de Cucao, Abtao, sur de Quellón, Boca del Guafo y Reloncaví.

    Explica que Estado de Chile también es un “cómplice activo” en la contaminación orgánica y química del mar patagónico. “Así lo demuestra la irracional Resolución Exenta 475, emitida el 8 de febrero de 2018 por Sernapesca, que permite que los well-boats que transportan peces contaminados puedan verter sus agua de lastre contaminadas con micro algas tóxicas y patógenos virales, bacterianos y parasitarios”, dice, en un polígono de mar ubicado al norte de Melinka y frente al puerto de Raúl Marín Balmaceda, Golfo de Corcovado, región de Aysén.

    El investigador recuerda igualmente que la industria salmonera chilena presenta la mayor utilización intensiva de antibióticos. “Durante el 2016 la industria empleó indiscriminadamente 700 veces más antimicrobianos por tonelada de salmón producido, en comparación con Noruega”, dice. En dicha temporada, Chile produjo 727.500 toneladas de salmónidos, utilizando para ello 382.500 toneladas de antibióticos, principalmente florfenicol y oxitetraciclina. “En contraste –apunta Cárdenas-, Noruega sólo utilizó 523 kilos de antimicrobianos para producir en el mismo período el doble (1,2 millones de toneladas de salmón)”, lo que deja en evidencia -añade- “la distancia abismal entre el manejo sanitario-ambiental de la industria de salmonicultura intensiva de Chile y Noruega”.

    Trabajadores muertos

    Juan Carlos Cárdenas apunta que otros crímenes cometidos por las salmoneras tienen que ver con el ámbito de la violación de los derechos y seguridad laboral. “Ya han muerto nueve trabajadores de la industria salmonera durante los últimos años, debido a las precarias condiciones laborales”, advierte. En marzo, fueron dos los trabajadores fallecidos: el buzo Leonardo Figueroa, de 52 años, asfixiado a 40 metros de profundidad en el centro de cultivo de Australis Sea Foods S.A, ubicado en isla Riesco, Región de Magallanes; y Patricio Silva, de 51 años, quien perdió la vida al ser aplastado por una máquina al interior de la planta salmonera Surproceso en Quellón, Región de Los Lagos.

    “Las organizaciones ciudadanas valoran la reciente resolución del Senado de Washington, la cual prohibió para el 2025 todas las operaciones de centros de cultivo industrial de salmón Atlántico. Esto por considerarlos una amenaza ambiental ‘intolerable’”, sostiene Cárdenas, y añade que la eliminación definitiva de la salmonicultura industrial en la principal región acuícola del país del norte, principal mercado de las producciones de salmón químico industrial chileno, “constituye una decisión histórica, que apoya la lucha de los ciudadanos, comunidades costeras y pueblos originarios en Chile contra la destrucción ambiental y sanitaria”.

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