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    La situación de salud de los indígenas de Serjali, en la Amazonía peruana, por la peligrosa presencia de mercurio en decenas de ellos, causa alarma entre los defensores de los derechos de los pueblos originarios

    A mediados de septiembre pasado, en Santa Rosa de Serjali, una comunidad de la etnia nahua ubicada en el interior de dicha reserva, se presentó el caso de una pequeña de solo cuatro meses, cuyo estado de salud era grave. Luego de varios traslados a Atalaya, capital de la provincia del mismo nombre, tras inútiles esfuerzos por salvarle la vida, falleció.

    Contaminación con mercurio

    En noviembre, asegura el portal Mogambay Latam, en la misma Atalaya, hubo una reunión entre miembros del pueblo nahua, investigadores de los Pueblos en Aislamiento y Contacto Inicial (Piaci) y representantes del Ministerio de Cultura.

    El encuentro fue convocado por los propios indígenas y organizaciones como la Coordinadora de Pueblos Indígenas de Atalaya, base de la Asociación Interétnica para el Desarrollo de la Selva Peruana.

    El drama, del que no se habla mucho en la prensa y en la opinión pública tiene ya varios años. Entre noviembre de 2014 y octubre de 2015, el Centro de Salud Ocupacional y Ambiental, por encargo del Ministerio de Salud (Minsa), recogió muestras de orina entre los nahuas de esta comunidad hasta en cuatro oportunidades.

    En todas estas ocasiones, se encontraron fuertes concentraciones de mercurio, especialmente en niños menores de 12 años. El informe del Minsa en 2017 precisó que fue así en el 78 % de las muestras, un signo literalmente alarmante de lo que pasa con esta comunidad, que luego de estar en aislamiento voluntario hizo su primer contacto en los años ’80 del siglo pasado.

    “Hoy, a pesar del riesgo de un nuevo cuadro de deterioro de sus condiciones sanitarias, debido al mercurio y diversas enfermedades, la reacción del Estado y la sociedad no se ha hecho sentir suficientemente“, señala Ramiro Escobar de la agencia Latam Mogambay.

    Jader Flores, quien estuvo presente en la reunión de Atalaya, cuenta que lo que quisieron expresar es su enorme preocupación por el mercurio. “No tenemos idea de lo que nos pasa, por eso exigimos a las autoridades que actúen”, dice.

    Agrega que no les han hecho un estudio del pelo, algo que el mismo documento del Minsa ya recomendaba. Este análisis es el más recomendable, pues el pelo tiene la ventaja de contar con una memoria de largo plazo.

    Posibles irresponsables

    Algunas personas atribuyen la presencia del mercurio a la empresa Pluspetrol, operadora del Consorcio Camisea, que extrae gas natural en el denominado Lote 88, ubicado en la  Reserva Territorial Nahua Nanti Kugapakori y Otros desde 2004.

    Pero en enero de este año, la compañía informó que “descarta cualquier posibilidad de que la explotación de gas pueda generar contaminación por mercurio, ni en la población ni en el medio ambiente”.

    La razón que se esgrime es que en ninguno de los procesos productivos que se ponen en marcha se utiliza este metal, “ni se generan emisiones”. Se añade que hay un constante monitoreo y que los organismos del Estado fiscalizan las actividades que se desarrollan en el campo.

    Versiones contradictorias

    Un informe de la ONG ecuatoriana Acción Ecológica, escrito por la investigadora Elizabeth Bravo en 2007, sostiene que los cortes de perforación con fines de extracción de hidrocarburos pueden movilizar cadmio, plomo y también mercurio.

    La manera de saber si esa es la fuente de contaminación, o no, es precisamente hacer un estudio a fondo, in situ y que incluya la toma de muestras de pelo del pueblo nahua.

    El metal, que no se sabe si es orgánico o inorgánico, sigue allí. Si fuera orgánico (metilmercurio) es más peligroso, porque penetra más fácilmente en el cuerpo.

    Podría estar en los peces, donde ya se habría producido una ‘bioamplificación’, como consecuencia de que un pez grande se comió a uno chico contaminado y por ello aumentó el riesgo.

    Tener mercurio en el cuerpo es altamente peligroso. Puede originar desde diarreas y dermatitis hasta “varios tipos de cáncer y alteraciones al feto”. A eso se está enfrentando el pueblo nahua de Serjali.

    Antigua tragedia

    El tiempo pasa, los cuadros de salud se agravan y esta exploración todavía no se hace. Ya en abril del 2016, el Minsa declaró en emergencia sanitaria a la comunidad de Serjali, tras el demoledor informe.

    Según quienes estuvieron presentes, se llevó agua, medicamentos, personal de salud, pero la situación no ha mejorado sustantivamente, comenzando porque, como denuncian indígenas nahua “la posta a veces está vacía”.

    Los nahua, por añadidura, son vulnerables por razones históricas dolorosas. Forman parte de las 51 etnias que viven en la selva peruana, agrupadas a su vez en 17 familias linguísticas. Como los Machiguenga, tienen una parte de su población en aislamiento y otra en “contacto inicial”, como ocurre con los habitantes de Serjali, a pesar de que tienen viviendo agrupados allí cerca de 40 años, luego de vivir dispersos por siglos.

    Enfermedades

    Actualmente, son aproximadamente 400 los miembros de este pueblo asentados en esta comunidad, que incluían a la pequeña con la que comenzamos esta historia, y que ahora tristemente ya no está.

    Según el mencionado informe del Minsa, el primer encuentro “estable” de los Nahua con otros pueblos o personas se produjo en 1984, cuando cuatro de ellos se encontraron con un grupo de madereros.

    “Eso —dice el documento— dio lugar al contagio de infecciones respiratorias que causaron la muerte de casi la mitad de la población durante el primer año de contacto”. Los fallecidos habrían sido 114, sobre una población de 240 personas. Los testimonios de la época hablan de la expansión del ‘raopae’, un término nahua que alude a “una enfermedad grande que causa muerte”.

    Se trataba de algo que producía una fiebre y una “tos atroz”, que ellos nunca habían conocido. La tragedia, como en otros varios lugares, era esperable, porque, debido a su condición de aislamiento, estos indígenas no cuentan con un sistema inmune capaz de resistir enfermedades que un habitante urbano, o hasta rural, supera en unos pocos días. En más de una ocasión, un resfrío común puede causar una tragedia masiva.

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