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    Pongámosle cualquier nombre a la clase explotadora y destructora del planeta: Burgueses, ricos, empresariado, clase dominante, grupos económicos, sostenedores, capitalistas… Da lo mismo. Si hay algo que NO existiría si dependiera de ellos sería la IDENTIDAD, identidad entendida como la relación directa y respetuosa entre un pueblo y el medio ambiente en el cual desarrolla su cultura. Para ellos sólo hay una identidad, la identidad “conveniente”, aquella que no interfiere en ningún negocio, aquella que puede venderse: El ceacheiiii!!! La guirnalda de plástico con banderitas, la cueca de salón “no resentida”, el desdén hacia el pueblo de al lado que usa guirnaldas con banderitas de otro color y por lo tanto es un enemigo potencial.

    La cosmovisión Mapuche enseña que ser humano y tierra son uno, que la destrucción de uno es la muerte para el otro, que el lugar donde las tierras de mi familia se juntan con las tierras de tu familia no es el lugar donde termina mi tierra y comienza la tuya, es el lugar donde nuestras tierras se unen.

    El 11 de febrero de 2006, La cuarta, el diario “popular” (popular porque usa el lenguaje del pueblo, para mentirle a este mismo pueblo, claro está), publicó estas palabras del señor René Urban, defensor de la idea de la tierra como bien privado y comercializable:

    “Son jóvenes que no le trabajan un peso a nadie y luego de los atentados aparecen tomando grandes cantidades de alcohol y quedan botados en la calle”, sapeó. “No seré cobarde y cuando me recupere seguiré trabajando. Estas tierras eran vírgenes y han sido labradas con esfuerzo por mis abuelos y padres”, juró.

    Los ataques a predios agrícolas de particulares surgieron a inicios de ésta década impulsados por comunidades mapuche que reclaman derechos ancestrales sobre esas tierras. ¡Será, poh!.

    De eso mismo estamos hablando, para ellos no es un trabajador aquel que trabaja por alimento, vivienda, salud, educación, arte, para toda su comunidad siendo su satisfacción la mayor “ganancia”.

    Para ellos sólo es trabajador el que produce lo que otro quiere, cuando ese otro quiere, como ese otro quiere, para enriquecer a ese otro con su trabajo.

    Para ellos una tierra virgen y sagrada es una tierra abandonada, de nadie, pues no a sido “explotada” y puede ser de su “propiedad” pues él sí tiene una visión “emprendedora”; AH! Conste que los indios que viven en esa tierra no explotada en este caso sí cuentan como parte de la tierra y pueden ser “explotados” junto con ella, o desaparecidos en caso que molesten mucho.

    Sin embargo el 18 de junio de 2008, el diario La Segunda publicó que la CONADI está haciendo gestiones para comprar tierras que se encuentran en disputa entre capitalistas y comuneros Mapuche, en este sentido dijo la hija de don René:

    Melanie Urban dijo que sólo evaluarían vender “si es que no hubiese ninguna otra solución a este tema (los ataques). Pero hay que tomar en consideración que nosotros no vamos a regalar los predios y antes debería haber una reposición de los daños. Imagínese, llevamos 34 atentados en que hemos perdido casas, galpones, un camión, cementeras completas…”.

    Sólo ese lenguaje entienden ellos, el de la tierra como mercancía. ¿La tierra como Ser sagrado? Que de eso se encargue la santa inquisición.

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