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    “…Adiós, adiós,

    adiós que te vaya bien, amor,

    que te parta un rayo,

    que te lleve un carro,

    que te pise un tren…”

    (Cumbia popular)



    Las declaraciones de César Barros, Presidente de Salmon-Chile al Diario “El Mercurio” (17 de Enero) son un síntoma más de la desesperación de una industria que se derrumba.

    Sólo así se explica la larga lista de insultos que la Primera Autoridad de Facto de la X Región profiriera en la entrevista citada y contra todo lo que no se ha puesto de rodillas ante la industria más sobre-publicitada de Chile.

    César Barros es el principal problema de la Industria Salmonera y aunque nada de lo que diga tenga la menor importancia y nada de lo que haga justifique su sueldo, es necesario hacer algunas aclaraciones.

    Culpar a las ONGs, a los Subcontratistas de la minería del cobre, a los dirigentes de Partidos políticos de Izquierda y hasta a su principal “encubridor” (el Estado) de perjudicar intencionadamente a su Industria, es parte de la farsa que debe mantener porque por ello se le paga.

    Si la Industria salmonera hubiera invertido en tecnología e investigación y no en Alcaldes, Diputados y Senadores, quizás hubiera podido sobrevivir. Si la Industria salmonera hubiera prodigado a sus trabajadores el trato que se merece un socio estratégico y no un trato de esclavos, quizás hubiera justificado su presencia en las Regiones Australes.

    Si la Industria salmonera hubiera considerado el ambiente acuático marino y lacustre como algo más que un basurero industrial (a mano y gratuito) quizás la Naturaleza la hubiera acogido con mayor benevolencia.

    Si la Industria salmonera no se hubiera dedicado a corromper dirigentes de la Pesca Artesanal, periodistas, funcionarios públicos, ONGs ambientalistas, académicos de las Universidades y a profesionales, quizás no se hubiera transformado en el Símbolo del Tráfico de Influencias que hoy es.

    Si la Industria salmonera hubiera acogido con seriedad las denuncias y advertencias que la Pesca Artesanal hizo en el año 2006 en el marco de la Mesa Ambiental Salmonera (la misma que los Diputados salmoneros quisieron echar abajo) la Pesca Artesanal quizás no se hubiera visto en la necesidad de proponerse el objetivo de erradicarla de los territorios que, desgraciadamente, compartimos con ella… hasta ahora y no por mucho tiempo más.

    Los intentos de la WWF-Chile y de la Fundación TERRAM (pos- Marcel Claude) por hacer aparecer a la salmonicultura chilena como un colega digno de las salmoniculturas europeas y norteamericanas, no sólo es una situación patética, sino el reflejo exacto de lo que la Industria salmonera chilena es: una apariencia, el disfraz “desarrollado” de una Industria tercermundista y precaria.

    La Confederación Nacional de Pescadores Artesanales de Chile (CONAPACH) no participa de ninguna conspiración soterrada para desprestigiar a una industria que tiene a César Barros y a otros para hacerlo por si misma.

    La Industria salmonera no puede esperar otra cosa que el desprestigio cuando obliga a sus trabajadores mujeres a usar pañales para evitar ir al baño y ver mermados sus salarios por los respectivos descuentos; cuando mata a sus buzos y mutila a sus trabajadores en las plantas procesadoras defectuosas; cuando persigue a los sindicalistas y coloca en turnos nocturnos a las madres de hijos pequeños o a las embarazadas, para obligarlas a renunciar a su fuero maternal; cuando el aumento que les da a sus trabajadores en Huelga es de $ 133 diarios…es decir, dos panes…

    La Industria salmonera se desprestigia cuando da por “superado” el fenómeno del ISA en Octubre del 2007 y el virus sigue matando a sus peces en Enero del 2008; cuando niega la crisis y luego se declara en virtual quiebra financiera; cuando obliga a un SEREMI a cambiar los acuerdos alcanzados en una Mesa Ambiental; cuando es incapaz de garantizar el pago al día de los salarios en una Mesa Laboral…

    La Industria salmonera no puede esperar que la aplaudan por tan brillantes y humanas actitudes. Lo que ha sucedido es que el círculo de protección comunicacional se derrumbó en el 2007 y ha quedado expuesta el ojo crítico en Chile y el extranjero.

    La CONAPACH no ha tomado acción soterrada alguna y abiertamente ha declarado, donde se la haya invitado a participar o exponer, que la Industria salmonera es incompatible con nuestra actividad y una industria económica, social, ambiental e intelectualmente insustentable. Donde hemos acudido a presentar este caso, hemos dicho que la salmonicultura intensiva no llega al Bicentenario y que haremos todos los esfuerzos en Chile y el extranjero para concretar este “desalojo” de nuestros territorios tradicionales de trabajo, por el bien de nuestra actividad, de la Naturaleza agredida y de los propios trabajadores salmoneros, cuyos salarios los paga el Estado.

    Cuando se vayan César Barros y su soberbia, cuando se vaya Salmon-Chile y su propaganda infame (“Alimentamos el mundo…alimentamos nuestro Sur”) y cuando se liberen nuestros paisajes y sistemas de esta epidemia ambiental y social, nadie les extrañará, salvo el periodista sumiso que se quedará sin su cóctel, el Alcalde servil que se quedará sin financiamiento para su próxima campaña y el funcionario corrupto que trabajaba en el sector estatal aspirando a llegar a ocupar un cargo dentro de la Industria salmonera.

    Para nosotros, el único recuerdo que dejará este moderno Mito Chilote será el medioambiente degradado, el trabajador con su último sueldo impago, las viudas de los buzos, la nostalgia por los congrios y róbalos que fueron depredados por los salmones escapados.

    Nos acordaremos de este Mito ya extinto cuando sigamos sacando peces llenos de piojos, cuando nos sigamos intoxicando con mariscos contaminados por heces de salmones o metales pesados, cuando nuestros niños se sumerjan en las aguas del Estuario del Reloncaví y salgan cubiertos de ronchas.

    Todo lo que le ha ocurrido a la Industria salmonera, en definitiva, es responsabilidad de la propia Industria. Exprimieron a sus trabajadores hasta que estos se rebelaron; castigaron a la Naturaleza hasta que esta desató sus propios castigos; sobornaron dirigentes de la pesca artesanal hasta que los propios pescadores los echaron. Barros no tiene que buscar otros culpables de esta situación más que su propia imagen en un espejo: fue la Industria salmonera la que usó en exceso los antibióticos y los pesticidas, hasta hacer resistentes a los agentes de las patologías que mataron a mucho más que las 4 mil toneladas de salmones que han declarado los empresarios salmoneros.

    Siendo la Industria salmonera la principal causa de sus muy grandes problemas, también concurren aquí responsabilidades políticas del Estado, que mantiene en sus cargos a funcionarios ineptos e “influenciables”; de los Partidos Políticos que permitieron que sus parlamentarios actuaran con indiferencia y desprecio por la vida humana cuando morían los trabajadores y ellos seguían protegiendo, desde los escaños del Congreso Nacional, a los responsables. La Pesca Artesanal esperará, con paciencia limitada, que el Estado y los Partidos hagan su trabajo, tal cual lo ha hecho la Naturaleza, aplicando sus propias leyes y tal como lo hemos hecho nosotros al acudir a todas las instancias a denunciar lo que ocurría.

    Nada tenemos que celebrar ante la eventual desaparición de esta tóxica Industria: los trabajadores muertos son demasiados, el daño a los sistemas quizás sea irreparable, las patologías sociales que introdujo la salmonicultura quizás no encuentren solución en muchos años, pero en la Pesca Artesanal tendremos la satisfacción de haber cumplido con nuestra obligación social, esto es, defender la Naturaleza de la que hemos nacido como Cultura y sin dejarnos impresionar por las alfombras rojas puestas sobre el piso de tierra.

    Héctor Kol

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