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    La influencia de culturas extranjeras y los modelos económicos primer mundistas son uno de los motivos principales en el desmejoramiento de la calidad de vida de los chilenos.

    Valdivia es una ciudad que dentro del contexto nacional se ha caracterizado por su tranquilidad y su belleza natural. Sin embargo, la “perla del sur” no está exenta de las patologías que actualmente acosan a los seres humanos en las grandes urbes.
    Nos referimos a las enfermedades que atacan principalmente nuestra emocionalidad y forma de ver la vida. Depresiones, estrés, cuadros de ansiedad, trastornos alimenticios nos acechan cada día con más fuerza.
    Es mujer y tiene 22 años. Prefiere no revelar su identidad pues tiene miedo que su experiencia le pueda jugar en contra. Hemos de llamarla por su apodo: Ale.
    Ella está próxima a terminar exitosamente la carrera de periodismo y es una de las mejores alumnas de su generación. Tiene planes de seguir estudiando en el extranjero, mas no está tan segura de que su condición se lo permita.
    Carga en sus hombros una depresión por más de 5 años. Ha pasado gran parte de su tiempo entre psicólogos y psiquiatras. Ninguno de ellos ha logrado hacer que el rostro de Ale brille como en su infancia. Este cuadro depresivo le ha traído más de algún resultado grave. No se sentía feliz con lo que era o con lo que hacía, es por eso que pensó que bajando un par de kilos todo se arreglaría. Por el contrario. La meta de los 3 kilos en cuatro semanas terminó por convertirse en una desnutrición al cabo de 6 meses. La anorexia, definida como la obsesiva búsqueda del adelgazamiento mediante una dieta progresivamente restrictiva, se apoderó de su voluntad. Sus 45 escuálidos kilos eran incapaces de sostener 173 centímetros. Comer un par de hojas de lechuga y una manzana diariamente, dista mucho de ser una dieta balanceada. Pero no sólo la carencia de nutrientes la tenía sometida a un estrés físico y mental. La falta de atención paterna fue otra de las causantes de su estado. Buscó refugio entre sus amigos para llenar ese vacío, pero sus “amistades” terminaron por jugarle en contra.
    Una psicóloga, miembro del Servicio de Psiquiatría del Hospital Base de Valdivia y especialista en trastornos alimenticios, explica que “tanto los parámetros de aceptación impuestos por los medios de comunicación como la influencia que ejercen los pares para ser aceptados en un grupo son considerados factores que inciden en estas actitudes”.
    A diferencia del caso de anorexia de esta joven estudiante, la bulimia es otra enfermedad causada no sólo por factores individuales y familiares sino también socioculturales. Ésta se define por la incapacidad de contener el deseo de comer compulsivamente, para luego efectuar actos purgatorios. Las carencias afectivas y emocionales, sumadas al mal manejo de la ansiedad “hacen que los afectados identifiquen al alimento como una gratificación en situaciones de disconformidad”, de acuerdo a la psicóloga.

    LA LEY DE LA SELVA
    Una de las quejas de Ale era la ausencia de sus padres por el exceso de trabajo, pero para saldar la deuda con el banco por el préstamo del auto nuevo, no queda otra que producir horas extras. Tanto su padre como su madre trabajaban todo el día.
    Lograr mantenerse en el puesto de trabajo ya no es cosa fácil.
    El reino animal se ha convertido en nuestro ejemplo. En esta jungla de cemento gana el más fuerte y no contentos con ello, quien triunfa es el más exitoso, el que tiene mejor sueldo, aquel que vive en la mejor casa y, si va de vacaciones al extranjero, cuanto mejor.
    Al parecer, el exitismo, el individualismo y la competitividad se han convertido en los motores de la sociedad actual. El gran problema radica en el descenso de la calidad de vida del hombre y la deficiente interrelación con sus pares ya que dichos valores (aunque en realidad debiésemos llamarlos anti-valores) podrían derivar en consecuencias fatales, como el suicidio, que alguna vez intentó Ale. “Hubo un momento en que nada tenía sentido para mí, llegaba a mi casa para estar sola y cuando mis papás llegaban no hacían otra cosa que hablar de la pega y todo el tiempo decían que estaban estresados”
    Según la profesional antes citada, estos cuadros de estrés y ansiedad se deben a “la disparidad en la repartición de recursos, la falta de tiempo personal a causa de las extensas jornadas laborales y la poca protección en temas de trabajo”.
    Así como esta joven y su familia, los casos abundan y de acuerdo a los especialistas estos “virus” van en aumento. Para infortunio nuestro, no hay farmacia en el planeta que entregue una píldora efectiva contra estos males. Estamos frente a un problema cultural, donde la educación ha de cumplir un rol fundamental. Faltan los métodos que nos enseñen a manejar la ansiedad y reafirmar la propia personalidad.
    Por ahora está en nuestras manos hacer los esfuerzos por generar entornos más afables y no permitir que casos como el de Ale se sigan repitiendo.

    Paulina Benavides

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