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    Que exista periodismo independiente también depende de ti.

    Y claro que es cierto. Cuando escribir, investigar y publicar, era más que una pega o un negocio, era un deber ser. Sí, porque el periodismo -en su esencia primera- consiste en colocarse en los zapatos del otro u otra y contar esa diversidad de historias tan pequeñamente grande que a todas y todos, de alguna u otra manera, nos representan.

    Sí, esas mil y una vivencias que denunciar en Dictadura, era cosa de valientes. Y ese camino eligió Patricia Verdugo Aguirre; el camino de la defensa de los derechos humanos, de visibilizar la historia que disfrazaba la implementación del modelo económico chileno experimento del neoliberalismo aberrante, el camino de revelar las atrocidades del “gobierno” de facto.

    Mientras otros y otras colegas fueron cómplices omitiendo y callando los abusos del la dictadura de Pinochet, ella, junto a otras y otros periodistas, revelaron y mostraron al mundo lo que acontecía.

    Porque la labor periodística, es un compromiso con la verdad, esa verdad que objetiva y subjetivamente logramos probar. Porque un periodista, como lo demostrara Patricia, tiene opinión, tiene ideologías y sensibilidad social. Porque un periodista que se jacte de serlo y sentirlo, sabe -con una pluma veraz y certera- asumir su responsabilidad ante la sociedad como interpretadores de la realidad.

    Es por ello que la colega en su fructífera investigación periodística: Una herida abierta (1979); André de La Victoria (1984); Quemados vivos (1986); Los zarpazos del puma (1989); Operación siglo XX (1990); Tiempo de días claros (1990); Interferencia secreta (1998); La caravana de la muerte. Pruebas a la vista (2000) y Salvador Allende: Cómo la Casa Blanca provocó su muerte (2003), mantuvo viva la memoria colectiva de un Chile que aún no sana sus heridas.

    “Porque una persona sin memoria, ya no es persona. Sea por demencia senil, mal de Alhzeimer o amnesia, deja de ser quien fue. Lo mismo ocurre con un pueblo: sin memoria, se pierde. No hay presente ni futuro sin ayer. Cada persona y cada pueblo es su memoria”, dijo en una entrevista al periodista Mario Casasús publicada en clarin.cl

    Pero Patricia Verdugo, hija de Sergio Verdugo, detenido desaparecido, titulada de la Pontificia Universidad Católica de Chile, reconocida con el Premio Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia (Nueva York, 1993) y el Nacional de Periodismo (1997); también fue crítica de los gobiernos democráticos de los últimos dieciocho años por no lograr cambios profundos en el país; así también de la concentración de los medios de comunicación, que limitan la libertad de expresión y la prensa libre. “Chile no podrá afianzar una democracia realmente fiable y sólida si no hay libertad de prensa. Y eso pasa por la diversidad en los medios”.

    Caracteres sobran y el espacio nunca es suficiente; despedimos a una gran periodista, y con orgullo escribo: una colega consecuente, de aquellas que hacen escuela, de esas periodistas de vocación innata, de esas mujeres sin miedo que lucharon hasta el final.

    Leyla Noriega

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