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    Estamos tan acostumbrados a escuchar en las radios de nuestras comunas a sanadores, astrólogos, mentalistas y adivinos varios, que -quienes desconfiamos de sus capacidades “paranormales”- sencillamente hacemos oídos sordos o cambiamos de emisora.
    No es que nosotros creamos sólo en la “ciencia oficial”, pero desconfiamos de quienes se lucran con la ingenuidad de gente abrumada por sus problemas, utilizando supuestos poderes otorgados por gracia divina.


    chanchomental

    PROCEDIMIENTOS Y “VÍCTIMAS”

    Los adivinos y sanadores que abundan en nuestras comunas ejercen su oficio en forma “semi-legal”. Muchas veces no cobran por la consulta, pero sí lo hacen por los ensalmos, remedios naturales, amuletos, etc. que recetan a sus “pacientes”. No están muy claramente normadas en nuestra legislación este tipo de actividades y nadie supervisa que el “prestador” no estafe, en definitiva, a quienes solicitan sus servicios. Además, los delitos que consisten en apropiarse de los bienes de la víctima mediante la persuasión, tienen una baja penalidad en la legislación chilena, pues el hechor no ejerce violencia ni acción directa sobre el estafado. Éste entrega sus bienes “voluntariamente”.
    Estos personajes, buena parte de ellos extranjeros, parten habitualmente contratando espacios radiales donde hacen gala de sus conocimientos y capacidades sobrenaturales para sanar y resolver los problemas de su público. Además invitan a visitarlos en sus oficinas o “consultas”, donde atienden durante la semana.
    En este rubro, las víctimas favoritas son personas con un bajo nivel educacional, alto grado de ingenuidad y que, por supuesto, poseen bienes materiales o dinero suficiente para pagar por el servicio. Perfil que cuadra perfecto con campesinos y habitantes de localidades pequeñas, donde los “sanadores” suelen pulular, como se muestra en el siguiente recorrido de nuestros corresponsales por algunas comunas de la región.

    MONJE TIBETANO Y NATURISTA DE LA CNI EN RÍO BUENO
    En una emisora riobuenina escuchamos hace ya tiempo a un “monje tibetano” cuyas clásicas prácticas de charlatán, eran un contundente desmentido a su supuesta procedencia. Nada más alejado de un lama del Tibet
    -quienes practican el recogimiento y la meditación-, que el dárselas de consejero espiritual radial y lucrarse con ello. Hoy este “monje” estaría dedicado a aconsejar radiofónicamente a los habitantes de Panguipulli.
    Una curiosa historia nos ocurrió cierta vez en que intentamos conversar con el iriólogo y naturista Misael Valdés, quien recorre ésta y otras regiones hace ya años, con gran despliegue publicitario, enfatizando sus dotes de sanador de enfermedades, “aún las no detectadas por la ciencia”.
    El aspecto de este reportero -pelo largo y ropa poco formal- sobresaltó a Valdés, quien luego nos confesó: “Me preocupé porque pensé que eras un ‘poto colorado’, como les llamábamos en Punta Arenas”. Ante mi desconcierto, relató “sin mediar apremios” que había sido carabinero en la austral ciudad, donde prestó servicios en la CNI. “Les llamábamos ‘potos colorados’ a los comunistas”, aclaró.
    Una vez terminado el régimen militar, optó -dijo- por cambiar radicalmente de “rubro”.
    “En todo caso, ando asegurado por cualquier cosa”, advirtió finalmente, mientras nos mostraba una pistola guardada en el bolsillo interior de su chaqueta.

    PAILLACO, FUTRONO, LOS LAGOS Y… PUNTA ARENAS
    Patricia, una mujer paillaquina, cuenta que logró conocer cómo operaba un grupo de sanadores no sólo en Paillaco, sino también en Futrono y Los Lagos.
    La curandera se hacía llamar “hermana Chary” y era una colombiana que habría llegado inicialmente a radicarse en Punta Arenas. Desde esta ciudad decía haber comenzado su “cruzada de sanación” hasta llegar a Paillaco. Ella junto a dos de sus hijos atendían una consulta. El diagnóstico era siempre similar: “males” que se atribuían -entre otros- a la envidia de algunas personas. Los hijos, señala Patricia, se caracterizaban por tener un gran atractivo físico y amplio manejo de la oratoria, lo que les llenaba la consulta de mujeres. Algunas solían dar “testimonios” con el fin de ayudar publicitariamente a los hermanos, asegurando que -gracias al poder de estos sanadores- habían superado un cáncer u otras graves enfermedades. Dolencias que, obviamente, nunca habían tenido.
    Los colombianos decían profesar una profunda fe católica: “Siempre hablaban de la Virgen y para cada ritual tenían a algún santo como centro de sus oraciones”.
    La consulta era gratis, pero los clientes salían con un sinnúmero de hierbas y remedios cuyo valor podía llegar hasta a los sesenta mil pesos. Su producto estrella era la Cruz de los Siete Poderes, amuleto que curaba todos los males habidos y por haber.
    De acuerdo al testimonio de Patricia, estos sanadores decían que la casa matriz de su institución -llamada la “Secta de los Siete Poderes”- estaba en Colombia. Se habrían venido a trabajar a Chile porque “la violencia que existe en su país les afectaba para desempeñar su trabajo”.
    Al parecer, la familia colombiana se trasladó luego a Temuco y es muy probable que esté estrechamente vinculada a dos sanadores de esa nacionalidad detenidos hace pocos días -y luego puestos en libertad- por embaucar a un campesino de Quilleco, en la comuna de Los Ángeles (VIII región), despojándolo de una cifra superior a los 14 millones de pesos.

    CONSEJOS Y ORIENTACIONES PARA LA UNIÓN
    En esta ciudad, el Concejo Municipal estudia la posibilidad de caducar las patentes para mentalistas y sanadores.
    El Ciudadano, antes que la medida se haga efectiva, entrevistó a Nelson Quinteros, quien lleva 5 meses en la ciudad y tiene programas radiales en medios locales. Quinteros atiende en calle Esmeralda 1033 de La Unión y conduce el programa “Consejos, orientaciones para una vida mejor” en radio 101 F.M. Dice que ofrece orientación y consejería para distintos problemas de la vida cotidiana, entre ellos drogadicción o alcoholismo. Señala que trabaja con un equipo numeroso entre Concepción y Punta Arenas. La organización se llama Consejos y Orientaciones y su labor se extiende -dice- hasta la capital argentina. El valor de la consulta es de $ 5.000, dinero que recaudan –precisa- para mantener la oficina, secretaria y programas radiales.
    Consultado por las personas que se dedican a este negocio engañando a la gente, responde que “así como existen dentistas y cirujanos chantas, también hay gente que mal utiliza esta actividad”. Agrega que a ellos no les mueve el lucro: atienden desde indigentes hasta gente adinerada. Y remacha: “yo vivo de otra cosa. Soy ingeniero de ejecución en informática, egresado de la UTE de Temuco”.
    Sanación, imposición de manos y “llovizna magnética” ofrecen estos “profesionales” que. además ofrecen regalar “el Gran Faraón Dorado, la vela y el baño”.
    En su programa, se leen cartas que envían supuestos auditores atribulados, entregando pautas para salir de ellos, además de invitarlos a su consulta particular. Lo más llamativo es la “llovizna magnética radial” que nos regala: se supone que cada auditor debe llenar un vaso con agua y él, con su poder mental, la hace vibrar con ondas positivas. El agua así “tratada” tiene un efecto sanador.
    De todo su discurso, que entremezcla alusiones bíblicas junto con ensalzar sus dotes sanadoras, llama particularmente la atención esta frase: “Dios dijo: ‘ayúdate, que yo te ayudaré’. No dijo cómo, pero sí dejó a profesionales para que ayudaran a quienes lo necesitan. Tenemos un don, Dios nos dio una fuerza para ayudarle. Dios en las alturas y nosotros en la Tierra”.
    Resulta impresionante y casi increíble que este tipo de prácticas y técnicas de manipulación social aún surtan efecto en nuestros días, sin embargo -por otra parte- dan cuenta del desamparo en que se encuentra mucha gente de sectores humildes o aislados. Limitados en sus posibilidades de obtener salud, educación y solución a sus problemas “del alma”, entregan su confianza a estos sanadores y mentalistas que efectivamente son “profesionales”. Profesionales en el arte de enriquecerse escandalosamente a costa de la ingenuidad y credulidad de algunos prójimos.

    Nelson Rodríguez

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