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    “Nos resulta muy preocupante la idea de que alguien que parece haber estado íntimamente involucrado en la tortura sea nombrado en uno de los cargos de mayor liderazgo en la comunidad de inteligencia”, señala una carta firmada por más de 100 ex generales y almirantes estadounidenses, respecto a la nominación de Gina Haspel como nueva directora de la CIA.

    A la mujer se le acusa de supervisar, en un centro de detención clandestino de la CIA en Tailandia en 2002, la aplicación de la técnica de tortura conocida como “submarino” al prisionero Abd al-Rahim al-Nashiri. También defendió luego la destrucción de videos y documentos que mostraban interrogatorios y torturas a prisioneros.

    “Escribimos para expresar nuestra profunda preocupación y exhortamos a examinar de cerca toda la participación de Haspel en el programa de entrega, detención e interrogación”, se señala en la misiva firmada por 109 ex militares de alto rango de Estados Unidos. “No aceptamos los esfuerzos para disculparla por la tortura y otros abusos ilícitos de los detenidos con la excusa de que ‘solo seguía órdenes’ o que el impacto de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 justifica la conducta ilegal y poco ética”, agregan.

    La petición ha sido presentada en una carta oficial, publicada en el sitio web Human Rights First este lunes.

    Entre los firmantes destacan el jefe del Comando de Transporte de Estados Unidos, Walter Kross; el ex comandante del Ejército de Estados Unidos en Europa, David Maddox; el ex comandante del Cuerpo de Marines, Charles Krulak, y el ex inspector General del Departamento de la Armada, Lee Gunn, entre otros.

    “No aceptamos la justificación de ‘seguir órdenes’ después de la Segunda Guerra Mundial, y no deberíamos aceptarla ahora”, señala la misiva, refiriéndose a los juicios de posguerra en los que los defensores de muchos criminales de guerra nazis intentaron afirmar que los acusados simplemente siguieron instrucciones de sus superiores. “Tanto el ‘submarino’ como otras formas de tortura o trato cruel e inhumano son, y siempre han sido, claramente ilegales”, añaden.

    Destrucción de evidencias

    Hace solo días, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) desclasificó un memorando para allanarle el camino para su confirmación, cuya audiencia está prevista para el 9 de mayo en el Comité de Inteligencia del Senado estadounidense. El documento dado a conocer por la CIA intenta absolverla de la responsabilidad de destruir cintas de video en 2005 que muestran la aplicación de técnicas de torturas, como el ahogamiento en agua, contra sospechosos de terrorismo.

    En 2005, Haspel se desempeñaba como jefa de personal del Centro de Contraterrorismo de la CIA -a cargo de José A. Rodríguez Jr.-, cuando redactó un memorando que éste firmó, donde ordenaba la eliminación de 92 grabaciones de video de las sesiones de tortura dirigidas por Haspel. Los videos se destruyeron, a pesar de las instrucciones de la Casa Blanca.

    Haspel “actuó apropiadamente” y “no hizo nada malo” al llevar a cabo “órdenes de destruir evidencias sobre los interrogatorios” en una prisión de un “sitio negro” en Tailandia, manifestó el ex subdirector de la CIA Michael Morell, en el texto divulgado.

    “Resulta completamente inaceptable que la CIA desclasifique solo material favorable a Haspel, mientras obstaculiza nuestros esfuerzos para sacar a la luz todos los documentos relacionados con su participación en el programa de tortura”, señaló la senadora demócrata Dianne Feinstein.

    Según medios de prensa estadounidenses, la liberación del memorando sobre hechos ocurridos en 2002 es parte de la campaña inusualmente pública de la CIA que intenta ayudar a Haspel a obtener el puesto.

    “La reina de la tortura”

    El periodista Jeremy Scahill -cofundador del sitio de noticias The Intercept– señala que “Gina Haspel debería responder por el delito de tortura, no dirigir la CIA”. “Participó directamente del programa de tortura de la CIA durante el Gobierno de George W. Bush”, agrega Scahill.

    Mientras Haspel –conocida como ‘La reina de la tortura’- dirigía un centro clandestino de la CIA ubicado en Tailandia, se sabe que un prisionero fue sometido allí al “submarino” 83 veces y torturado, además, con otros métodos.

    John Kiriakou, ex agente de la CIA -por 14 años como analista y agente de caso-, y denunciante de conciencia, fue quien reveló el programa de tortura, lo que le costó dos años de cárcel. Kiriakou señala que a Haspel “la llamábamos ‘la sangrienta Gina’”. “Siempre estuvo muy dispuesta a usar la fuerza muy rápidamente. Hubo un grupo de agentes en el Centro de Contraterrorismo de la CIA, cuando yo estuve sirviendo allí, que -odio incluso decir esta acusación en voz alta, pero lo voy a decir- que disfrutaban usando la fuerza. Sí, todos sabían que la tortura no funcionaba. Ese ni siquiera es el problema. Muchas cosas diferentes funcionan. ¿Era moral, era ético, era legal? Creo que las respuestas a esas preguntas son claramente no”, agrega. “Gina y la gente como Gina lo hacían, creo, porque disfrutaban. Ellos torturaban solo por el placer de la tortura, no para reunir información”, añadió en entrevista para Democracy Now!

    Sobre la cárcel secreta de la CIA en Tailandia que dirigió Haspel, Kiriakou explica que después del 11 de septiembre de 2001, la Agencia Central de Inteligencia creó estos recintos por todo el mundo, “con la idea de que si capturábamos o secuestrábamos a alguien de Al Qaeda, podríamos enviarlo a uno de estas cárceles secretas, e interrogarlo sin tener que preocuparnos por la ley, la ética o la moralidad, y sin el FBI vigilando nuestras espaldas. Podríamos hacer lo que quisiéramos”. Y así es -explica- cómo fue que este programa de torturas se descontroló. “Hubo personas que fueron asesinadas en el curso de sus interrogatorios”, denunció Kiriakou.

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