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    Chernóbil ya está produciendo energía limpia; pero, por muy paradójico que parezca, ha tenido que ocurrir un accidente nuclear y un desastre medioambiental para ello.

    Las ruinas radiactivas de Chernóbil ahora servirán para algo: no se pueden usar para vivir ni para sembrar, pero sí para instalar placas solares y otras fuentes de energías renovables. Y seguirá siendo así durante, al menos, unos 24 000 años (que es la vida media del plutonio), tiempo en el que la radiación seguirá campando a sus anchas. Y lo peor es que la zona no es pequeña: la zona de exclusión ocupa unas 260 000 hectáreas (unos 2600 kilómetros cuadrados), lo que viene siendo la mitad de la Comunidad de la Rioja.

    Cabe destacar que un terreno radiactivo, es un terreno barato, por lo que es ideal para esto; de hecho, uno de los problemas para instalar placas solares en algunos países es precisamente el precio del terreno. En Chernóbil no tienen este problema. Además de ser barato, y como es obvio, las conexiones con la red eléctrica ya están creadas, pues la planta nuclear está directamente conectada con esta.

    En ningún caso se logrará reparar el daño causado, pero sí que contribuirá a reducir los efectos provocados por toda la contaminación que llevamos siglos generando y, por lo tanto, a reducir fenómenos como el efecto invernadero, que ya ha provocado que las temperaturas suban un grado a nivel mundial, según ha informado hoy mismo la ONU.

    La planta solar, impulsada por la empresa ucraniana Rodina y de la alemana Enerparc, cuenta con 3800 paneles solares capaces de producir 1 MW de energía, capaz de alimentar a, al menos, 2000 hogares; lo más sorprendente es que tan solo se ha ocupando 1,6 hectáreas, un 0,00062% del terreno contaminado.

    Estas placas solares, están ubicadas justamente a apenas 100 metros del sarcófago que esconde al reactor número 1. Esto es, aproximadamente, un 35% de la energía que normalmente se generaba mediante los reactores nucleares.

    «No es solamente otra planta de energía solar», explica el director ejecutivo de Solar Chernóbil, Evhen Variagin, explicando el simbolismo de esta acción. Desde el año 2000, cuando se cerró definitivamente el Reactor 3, la zona no producía ningún tipo de energía, a pesar de que el accidente ocurrió en 1986; después de 18 años de inactividad, la zona vuelve a producir energía, pero esta vez, limpia.

     

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