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    El papa Francisco realizó este domingo la canonización de siete beatos, entre ellos el mártir salvadoreño, monseñor Óscar Arnulfo Romero, abatido por un francotirador mientras oficiaba una misa el 24 de marzo de 1980 después de haber denunciado la matanza de campesinos salvadoreños por parte de los militares.

    También fue canonizado hoy el papa Pablo VI, muerto en 1978 y beatificado en 2014.

    La celebración eucarística en la que se proclamaron siete nuevos santos, incluido el primer santo salvadoreño, fue transmitida en directo por el canal del Vaticano en YouTube.

    Unos 7.000 peregrinos salvadoreños viajaron a Roma para asistir a la homilía oficiada en la Plaza de San Pedro por el sumo pontífice que declaró mártir al monseñor Romero antes de beatificarlo en 2015.

    Millones de personas más permanecieron en vigilia y siguieron la canonización desde El Salvador, donde el Gobierno desplegó pantallas gigantes para retransmitir el evento.

    El presidente Salvador Sánchez Cerén, en su mensaje a los salvadoreños, dijo que “nuestra nación está de júbilo” y calificó la canonización de Romero como “un acontecimiento que nos llena de esperanza y de felicidad”.

    “Para Salvador es un acto de justicia y un reconocimiento de la fe inquebrantable de nuestro pueblo”, afirmó el mandatario centroamericano.

    También el Sistema de la ONU en El Salvador felicitó al pueblo salvadoreño por la santificación del monseñor Romero, al destacar que “constituye una nueva señal de esperanza para todas las personas que luchan por la verdad, la justicia y una vida digna”, así como “un llamado hacia la reconciliación y para la construcción de sociedades pacíficas”.

    “La vida de monseñor Romero ha sido reconocida y valorada alrededor del mundo (…) Su mensaje trasciende su tiempo siendo una guía para el presente y el futuro de la humanidad”, resaltó el coordinador residente del Sistema de Naciones Unidas en El Salvador, Christian Salazar Volkmann.

    Nacido el 15 de agosto de 1917 en una familia humilde de la localidad de Ciudad Barrios, Romero se unió al seminario católico en su adolescencia y luego viajó a Roma para estudiar teología, donde fue ordenado sacerdote a los 24 años.

    Al volver a su país fue párroco de dos ciudades y con el tiempo llegó a obispo de El Salvador, para luego ser nombrado en 1977 como arzobispo, un cargo desde el que comenzó a denunciar la muerte y desapariciones de campesinos cada vez con más firmeza.

    Tras el fin de la guerra, en 1992, una Comisión de la Verdad establecida por la ONU y pactada en las negociaciones de paz buscó conocer quién había sido el responsable del asesinato de Romero, señalando al mayor Roberto D’Aubuisson, fallecido ese año, como el autor intelectual del asesinato, llevado a cabo por un escuadrón de la muerte de ultraderecha.

    Otro exmilitar acusado de haber sido el autor material fue indultado en 1993 por una ley de amnistía prevista en las negociaciones del proceso de paz.

    Un juez salvadoreño decidirá después de la canonización si reabre el caso del asesinato de Romero, pedido por diversas agrupaciones civiles, dijo a Sputnik un portavoz de los juzgados.

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