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    La escritora canadiense Margaret Atwood criticó de manera aguda y lúcida a la sociedad actual hoy, al recibir el prestigioso Premio de la Paz de los Libreros Alemanes, con cuya entrega concluye cada año la Feria del Libro de Frankfurt, la mayor cita editorial del mundo.

    “Es un raro tiempo histórico en el que el suelo bajo nuestros pies, que hasta hace poco parecía bastante estable, se tambalea, un poderoso viento sopla y no sabemos ya exactamente dónde estamos”, aseguró Atwood tras recibir el galardón en una ceremonia en la Paulskirche de la ciudad, a la que asistieron diferentes representantes de la cultura, la sociedad y la política alemana.

    “Tampoco sabemos exactamente quiénes somos, a quién pertenece la cara en el espejo”, subrayó la autora norteamericana, eterna candidata al Nobel de Literatura, y que ha recibido, entre otros, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2008 y el Booker Prize en 2000.

    Atwood consideró que “en muchos frentes hay motivos de preocupación”, entre los que citó los riesgos medioambientales, la desigualdad económica, los conflictos políticos y sociales, las guerras, los refugiados que estas provocan o las “leyes aprobadas por hombres para controlar a las mujeres”.

    La poeta, novelista y ensayista señaló que “apenas ayer” la población estaba alentada “por tantas buenas intenciones y esperanzas”, pero que hoy se viven tiempos de “rabia y amenazas”. “Esa cripta se creía hasta ahora cerrada, pero alguien tenía las llaves y ha abierto la cámara prohibida”, afirmó antes de preguntarse “qué monstruo saldrá ahora de allí”.

    La autora de “El cuento de la criada” citó, entre otros ejemplos de evolución negativa, la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos, los “tiempos difíciles” que atraviesa el Reino Unido o, “de una forma menos drástica”, el reciente resultado de las elecciones generales en Alemania, donde un partido ultraderechista se situó como tercera fuerza parlamentaria.

    “Cada país y cada persona tiene un yo noble, con el que le gustaría comportarse, otro yo cotidiano” -con el que resuelve los problemas de la vida diaria- “y un yo escondido y mucho menos virtuoso que en momentos de amenaza y rabia sale y puede hacer cosas indecibles”, advirtió.

    Atwood, que el próximo mes cumplirá 78 años, se valió de una fábula con elementos de su infancia en los bosques canadienses para relatar lo que sería la historia del tiempo actual. “Es un momento en que los conejos en el campo elevan las orejas porque el cazador ha entrado en escena. Y entonces llega un lobo por el camino que les dice: ‘Conejos, necesitáis un fuerte líder, soy exactamente el adecuado para ello'”, dijo.

    “Yo os crearé, como por arte de magia, un mundo perfecto en el que los helados crecerán en los árboles, pero para ello primero tenemos que eliminar la sociedad civil, es demasiado débil y degenerada, y abandonar las reglas de comportamiento aceptadas”, añadió en una velada alusión a Trump.

    El cuento acaba -prosiguió Atwood- cuando los conejos, que por “miedo” siguen al lobo, se dan cuenta de que lo único que quiere aquel es comérselos pero “ya es demasiado tarde”. A su juicio, el objetivo es “aparentemente hacer retroceder las manecillas del reloj, preferiblemente hasta el siglo XIX”. Ante este panorama, la escritora consideró que los ciudadanos deben preguntarse “en qué mundo” quieren vivir.

    “Nuestro futuro como especie está vinculado a si destruimos los mares o no, si se mueren ellos lo haremos nosotros, al menos el 60 por ciento de nuestro oxígeno viene de las algas de los mares”, alertó. Y defendió que los escritores “deben decir la verdad”, aunque precisó que ella misma nunca ha escrito “de manera activista”.

    “Cuando alguien escribe sobre el comportamiento humano puede dar la impresión de activismo porque la lengua tiene una inherente dimensión moral y las historias también”, indicó Atwood para quien “siempre se hacen juicios morales, incluso cuando el escritor afirma ser solo un testigo”.

    El presidente de la Asociación de Libreros Alemanes, Heinrich Riehtmüller, leyó en la ceremonia el acta del premio en la que el jurado destacó que la canadiense muestra en sus novelas y ensayos “su instinto político y su clarividencia para detectar peligrosas evoluciones y corrientes subliminales” en la sociedad.

    El Premio de la Paz de los Libreros alemanes, que se concede desde 1950, cuenta en la lista de galardonados con nombres como Hermann Hesse, Václav Havel, Karl Jaspers, Jürgen Habermas, Ernesto Cardenal, Jorge Semprún, Mario Vargas Llosa, Asja Djebar, Susan Sontag, Siegfried Lenz, Amos Oz, David Grossman, Liao Yiwu o Svetlana Alexiévich.

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