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    El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está jugando con fuego y se puede quemar. Ciego por su ambición de construir el muro en la frontera con México, generó el 22 de diciembre un cierre parcial de su administración.

    La medida se mantiene desde ese día, cuando republicanos y demócratas no llegaron a un acuerdo de presupuesto en el Congreso por la exigencia de Trump de que se le aprueben 5.700 millones de dólares para levantar su anhelada obra.

    Esta paralización parcial de las actividades fue la tercera de 2018 y puede convertirse en la más larga en el país desde 1976, porque el Mandatario no pretende dar su brazo a torcer.

    La construcción del muro fue una de las promesas electorales de Trump, por ello el interés del Partido Demócrata de paralizar esa medida. Analistas han destacado que esa bancada intenta llevar al Gobierno a una crisis política interna para debilitarlo, reseñó Telesur.

    Los trabajadores federales exigieron este jueves el fin del cierre administrativo. Foto: EFE.

    Lo cierto es que ambas partes se mantienen firmes en sus posturas. Este miércoles se desarrolló una nueva reunión entre el Mandatario, el líder de la minoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, y la presidenta de la Cámara de representantes, Nancy Pelosi. Lejos de avanzar en acuerdos, el encuentro terminó con el retiro abrupto de Trump.

    Acabo de salir de la reunión con Chuck y Nancy, una pérdida total de tiempo. Pregunté ¿qué va a ocurrir en 30 días si rápidamente desbloqueo la situación, van a aprobar la Seguridad Fronteriza que incluye un muro o barrera de acero? Nancy dijo, NO. Dije ¡adiós, nada más funciona!”, contó Trump en Twitter.

    Según el Mandatario, si no tienen el muro todo lo demás, en cuanto a seguridad, “no importa”. “Dicen que se trata de una solución medieval. Es cierto. Es medieval porque funcionó entonces y funciona incluso mejor ahora”, indicó.

    Además, reiteró que está dispuesto a mantener el cierre parcial “el tiempo que haga falta”, refirió EFE. 

    Vista aérea de la valla en una zona fronteriza. Foto: AFP.

    Por su parte, Pelosi lo acusó de liderar el “papel dramático” y preferir “un culebrón” en vez de negociar “con seriedad” el tema.

    “Ni siquiera estoy segura de que el Presidente quiera el muro, creo que sencillamente pretende crear un debate en torno a él”, agregó.

    La líder demócrata lo considera el culpable de la paralización de actividades, porque “no puede salirse con la suya”. “Si tuviera confianza en su propia postura, ¿por qué diría que tiene que cerrar el Gobierno? (…) Lo que propone no es la mejor manera de asegurar nuestras fronteras”, expresó.

    Los más afectados

    Mientras quienes toman las decisiones se lanzan la pelota entre unos y otros, los más afectados por el cierre de la Administración empezaron a levantar sus voces para exigirle a Trump un poco de cordura.

    Este jueves, el director ejecutivo de la Cámara de Comercio, Tom Donohue, instó al Presidente a reabrir el Gobierno porque hace daño a la población, a las empresas y la economía. Además, lo exhortó a negociar con el Congreso una solución “razonable” para el problema migratorio.

    “Nuestro sistema migratorio roto es el corazón del actual estancamiento (…) Debemos encontrar una solución, porque cada día que pasa empeora la situación”, acotó.

    Mientras, miles de trabajadores federales protestaron en diferentes ciudades del país con la misma exigencia. “Miles de estadounidenses que trabajan arduamente están siendo excluidos de sus puestos de trabajo por ninguna otra razón que la política del miedo. ¡Vergüenza de Senado! ¡Vergüenza de Casa Blanca!“, dijo Richard Trumka, presidente de AFL-CIO, la mayor plataforma sindical del país.

    En este escenario, y a medida que pasan más días, el asunto se le escapa de las manos al Mandatario sin una solución a la vista. Hasta ahora, solo la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, habló de la posibilidad de declarar una emergencia nacional.

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