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    Durante siete largos meses, “muy duros y fríos”, el sirio Hassan al Kontar, de 37 años, durmió debajo de las escaleras del aeropuerto de Kuala Lumpur, Malasia, y sobrevivió gracias a los alimentos que le donó el personal de las aerolíneas.

    Él, como otros miles de refugiados, huía de la guerra que se desató en su país en 2011. Lo que quizá no imaginó es que se quedaría varado por tanto tiempo en la terminal aérea, a la espera de un asilo político que llegó el pasado domingo.

    Todo empezó en 2006, cuando viajó a los Emiratos Árabes Unidos para no ser reclutado en Siria por el servicio militar obligatorio. La situación empezó a complicarse porque en 2011 el Gobierno de su país decidió no renovarle el pasaporte, reseñó La Nación.

    El aeropuerto se convirtió en su “casa” por siete meses. Foto: Web.

    Una compleja travesía

    Entonces, se vio obligado a viajar a Malasia con la esperanza de obtener la visa que les otorgan a los sirios. Se la dieron de turista por tres meses y en ese tiempo trabajó, ahorró dinero y tenía todo listo para ir a Ecuador.

    La realidad le golpeó la cara nuevamente cuando iba a abordar su vuelo y lo rechazaron sin razones claras. Voló a Camboya, pero no lo dejaron ingresar y regresó a Malasia. Sin embargo, no pudo salir del aeropuerto porque su visa estaba vencida.

    Desde ese momento, comenzó a compartir en su cuenta de Twitter cómo transcurrían sus días en el aeropuerto. Para mantener el ánimo se aferró a las pequeñas cosas, como una planta de maceta a la que consideró su jardín, un animal de peluche al que sacaba a pasear o el café que alguna vez le regalaron.

    Pese a las dificultades, mantuvo el sentido del humor. Foto: Web.

    Dos meses “desaparecido”

    El otro golpe llegó en octubre, cuando ya su historia circulaba por el mundo y la policía malasia lo detuvo por permanecer en una zona prohibida del aeropuerto. Desde entonces no se supo de él.

    Hasta este lunes, cuando anunció en un video que iba a la ciudad de Vancouver, Canadá, porque le concedieron el asilo político gracias a la iniciativa de un grupo de voluntarios que recaudó, a través de una campaña de crowdfunding, los 13.600 dólares necesarios para patrocinar a un refugiado.

    El sirio a su llegada a Canadá. Foto: AP.

    “Siento no haber dado noticias en los últimos dos meses. Ahora no importa donde he estado o lo que me ha pasado. Lo que importa es hoy y mañana. El presente y el futuro”, manifestó.

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