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    La cumbre del G-20 que se celebrará a finales de noviembre en Argentina,  se perfila como el escenario para concretar de una vez por todas la firma del acuerdo entre el Mercado Común del Sur (Mercosur ) y la Unión Europea (UE), que lleva casi 20 años de negociaciones.

    Ambas partes han acelerado las conversaciones ante el inminente cambio de autoridades de la Comisión  Europea  en mayo de  2019 y la llegada al poder, el próximo 1º de enero, de Jair Bolsonaro en Brasil, quien se ha manifestado a favor de flexibilizar el Mercosur y en contra del comercio en bloque.

    El interés entre los países europeos y los del Mercosur es emprender a partir de este lunes una nueva ronda de negociaciones  con la finalidad de “concluir” el acuerdo.

    “El objetivo es que durante esta semana se terminen de pulir las negociaciones a nivel técnico para luego hacer un encuentro de ministros-cancilleres y ministros de Producción de ambos bloques. Si las partes logran avanzar y hay voluntad política de cerrar el acuerdo, el anuncio podría realizarse en la cumbre del G- 20. Desde Mercosur el Gobierno de Mauricio Macri avanzará con ese propósito, confirmaron desde Cancillería”, reseña el diario El Cronista.

    Las autoridades argentinas deberán dialogar con las de Brasil para evaluar si la economía más grande de la región está dispuesta a anunciar un acuerdo con Europa, durante los últimos días de la presidencia de Michel Temer, o por el contrario esperarán a 2019 cuando Bolsonaro esté instalado en el Planalto.

    Desde la Cancillería argentina las esperanzas están puestas en que se produzca un escenario similar al de México y el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, que fue suscrito por el presidente saliente, Enrique Peña Nieto, con el consentimiento del mandatario electo, Andrés Manuel López Obrador.

    Una cumbre en un país en crisis

    Los líderes internacionales invitados a la cumbre del Grupo de los Veinte (G-20) en argentina, llegarán a un país que se encuentra sumido en una  profunda crisis económica que incluye recesión, devaluación, inflación, endeudamiento y aumento de la pobreza.

    Este escenario era impensable hace un año, cuando el presidente de Argentina, Mauricio Macri, asumió la presidencia del G-20 que integran los países desarrollados y emergentes.

    En ese entonces, el  objetivo del empresario era intentar resaltar en el escenario global, por lo qué considero un éxito el hecho que obtuviera la sede de la Cumbre del G-20, que por primera vez se realizaría en Suramérica.

    Sin embargo, tendrá pocos logros que mostrar el próximo 29 de noviembre, cuando comiencen a llegar a Argentina  gobernantes como Donald Trump (Estados Unidos), Vladimir Putin (Rusia), Angela Merkel (Alemania), Justin Trudeau (Canadá), Xi Jinping (China), Theresa May (Reino Unido), Emmanuel Macron (Francia) y Shinzo Abe (Japón).

    En diciembre de 2017, Macri anunció que para 2018 habría una inflación del 10 %, aunque luego aumentó las previsiones al 15%.

    Luego de la crisis cambiaria que se produjo este año, la inflación superará el 50%, una cifra récord que impacta de manera negativa en el poder adquisitivo de los argentinos.

    Cuando asumió la presidencia del G-20, Macri había presentado al Congreso un presupuesto que establecía un crecimiento económico del 3,5% para 2018, recuerda el diario El Deber.

    Pero en vez de crecer, la economía se encuentra en recesión y se prevé  una caída anual de 2,8% para 2018 y del 1,7% para 2019.

    Con respecto al dólar, el Gobierno macrista estipulaba que este año alcanzaría un precio promedio de 19,30 pesos, pero luego de dos corridas cambiarias oscila en los 35 pesos, aunque en el peor momento de la crisis llegó a superar los 40.

    Ahogado en la crisis, Macri solicitó un préstamo del Fondo Monetario Internacional (FMI), que luego de una renegociación, será de 57.000 millones de dólares, lo que incrementa la deuda argentina que asciende al 70% de su Producto Interno Bruto (PIB).

    En su campaña electoral Macri prometió llevar la “pobreza  a cero”, pero este indicador pasó en 2018 de 27 al 30%, con miras a crecer en 2019.

    Ante este desalentador escenario al gobierno argentino le urge cerrar el acuerdo entre la UE y Mercosur “lo antes posible”, tal y como ha reconocido el ministro de Producción y Trabajo argentino, Dante Sica, quien  confía en que el pacto definitivo se negocie en el marco de  la próxima Cumbre del G-20.

    Para Sica  las partes negociadoras están “en condiciones de cerrar el acuerdo”, por lo que insto a aprovechar “la ventana de oportunidad” con el fin de que Argentina pueda  posicionarse con un  “sello de calidad institucional”, aunque sea necesario remontar desde “un país casi quebrado”.

    En esta cumbre, Mauricio Macri busca consolidar su candidatura a una reelección en 2019, con el apoyo de su aliado Estados Unidos y del resto de países del G-20, que agrupa a las potencias imperialistas y grandes economías dependientes, que tiene la intensión de monitorear y marcar la agenda de la economía internacional.

    Tensión en el G -20

    La cumbre del G-20 en Buenos Aires, se perfila como un escenario en el que la tensión entre los gobernantes de los países más poderosos será la verdadera protagonista.

    Trump versus Xi Jinping

    La guerra comercial desatada entre Estados Unidos y China ha afectado la economía mundial durante todo el año.  Ante el creciente avance y posicionamiento del gigante asiático, Donald Trump recurrió al proteccionismo e impuso arenceles contra mercancías importadas desde China por un valor de 250.000 millones de dólares.

    Asimismo, el pasado 24 de septiembre entraron en vigor nuevos aranceles a las importaciones de China del 10 por ciento (que a partir del próximo año aumentará al 25%) por un valor de 200.000 millones de dólares. Mientras que Pekín respondió imponiendo aranceles a mercancías estadounidenses por 60.000 millones de dólares.

    A esto se suma la amenaza de  Trump de imponer aranceles a todas las importaciones chinas restantes, con un valor de alrededor de 267.000 millones de dólares, si la nación asiática no atiende las demandas de Estados Unidos.

    En declaraciones recientes, el consejero de Estado Wang Yi, indicó  que el presidente de China, Xi Jinping  y Trump lograron un importante consenso sobre el desarrollo saludable y estable de las relaciones bilaterales en una llamada telefónica y que tenían programado reunirse en Buenos Aires.

    “Eso será de gran importancia para que ambas partes manejen las diferencias efectivamente y resuelvan los problemas de una manera práctica”, dijo Wang a periodistas.

    “Creemos que la reunión ayudará a trazar el curso de las relaciones entre China y Estados Unidos”, y planteó que cuanto más compleja es la situación, más importante es que ambas partes se mantengan “sensatas”.

    Trump y Putin

    El encuentro que se producirá  en la cumbre del G-20 entre el presidente de Rusia, Vladimir Putin y su homólogo norteamericano, Donald Trump, estará signado por la intención de este último de abandonar el tratado de desarme nuclear firmado en 1987 por Mijail Gorbachov y Ronald Reagan.

    Para Trump, el tratado es “obsoleto”, mientras que Putin advierte que la decisión del republicano provocará una “carrera armamentista”.

    “Los Estados Unidos han impuesto -y prolongado- varias tandas de sanciones funcionarios y empresas asociadas a Moscú por presuntas actividades ilegales en suelo norteamericano y europeo; y por intentos de ciberataques que, según la Casa Blanca, tienen nexos con el Kremlin. Estas sanciones, también podrían estar en al agenda del encuentro bilateral”, señala el portal Infobae.

    Diferencias entre Trump y Merkel

    Con la llegada al poder de Donald Trump se produjo un nuevo esquema entre las relaciones entre la canciller alemana, Angela Merke, y los Estados Unidos, que hanestado cargada de desencuentros.

    Estas relaciones comenzaron  con el pie izquierdo, cuando el mandatario norteamericano rechazó los acuerdos de París. Fue tal el enojo de Merkel en aquel momento que le pidió a los ciudadanos europeos que no se dejaran chantajear por Trump y tomaran las riendas de su propio destino.

    Otro punto discordante ha sido el área energética. Trump consideró “muy triste” que Alemania llegara a un acuerdo “masivo” de gas y petróleo con Rusia, mientras “se supone” que Estados Unidos debe proteger a sus aliados frente a Moscú.

    A lo que  Merkel le respondió que su país es libre e independiente y decide sin injerencias externas su política.

    ” Podemos decir que hacemos nuestra propia política independiente y tomamos independientemente nuestras decisiones”, dijo.

    A esto se suma la política proteccionista emprendida por Washington que incluye  la aplicación de aranceles a las importaciones de rubros estratégicos como el acero y el aluminio.

    Sin embargo el pasado mes de julio, durante la cumbre de jefes de estado de la Otan(Organización del Tratado del Atlántico Norte), Trump afirmó no tener ningún problema y si una “muy buena relación”con la canciller alemana, mientras que Merkel apuntó que Alemania y Estados Unidos son “buenos socios”.

    Asesinato de Khashoggi

    Si se confirma la participación en la cumbre del príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, se podría producir un el cruce con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, luego del asesinato en el consulado saudí en Estambul, del periodista opositor Jamal Khashoggi.

    El pasado 2 de octubre Khashoggi ingresó en el consulado saudita en Estambul para tramitar una documentación relacionada con el matrimonio de su novia tuca. Ella lo esperó durante horas en la puerta del edificio pero Khashoggi nunca salió.

    Las investigaciones del gobierno turco revelaron que el periodista fue abordado por unos 15 agentes de inteligencia sauditas quienes  lo asesinaron y descuartizaron pocos minutos después de que ingresara a la delegación diplomática.

    La magnitud del homicidio puso en una incómoda situación a la monarquía que, después de negar durante días que Khashoggi hubiera sido asesinado, debió admitir que fue “error enorme y grave”, aunque aclaró que Mohammed bin Salman no estaba al tanto.

    Caso Skripal

    La primera ministra del Reino Unido, Theresa May,  tiene varios frentes abiertos durante la Cumbre del G-20. Además de lidiar con su propia crisis de poder, la concreción del Brexit es uno de los temas más algidos de Europa.

    Sin embargo, uno de los momentos más tensos que deberá enfrentar es su encuentro con el presidente ruso Vladimir Putin, debido al caso del envenenamiento del ex agente doble Serguéi Skripal y su hija Yulia con una sustancia química que ocurrió el pasado 4 de marzo.

    Skripal fue doble agente: sirvió como espía ruso hasta que fue reclutado por los servicios de inteligencia británicos, el MI6. En 2006, las autoridades rusas lo arrestaron y condenaron a 13 años de prisión por la traición, pero cuatro años después fue entregado al Reino Unido en un canje de agentes.

    Reino Unido responsabilizó al Kremlin por el ataque y expulsó a decenas de diplomáticos rusos de su territorio .

    Sin embargo, El embajador ruso en Londres, Alexánder Yakovenko, denunció la falta de transparencia en el trabajo de los expertos de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (Opaq) sobre el caso Skripal.

    Tropas de Estados Unidos en Uruguay

    Otro de los hechos que generan tensión antes del inicio de la cumbre del G-20 es la pretensión del gobierno de Estados Unidos (EE UU)de instalar una base de operaciones en territorio uruguayo para garantizar la seguridad del evento, que tendrá lugar en Buenos Aires.

    El despliegue de ocho aeronaves y 400 efectivos —entre civiles, militares y servicios secretos— constituye para muchas voces una “pequeña  invasión” de Uruguay por parte de las fuerzas de Washington.

    La polémica surgió a partir de un proyecto de ley presentado por el Gobierno de al Parlamento, para autorizar el ingreso de efectivos de EE UU y potencialmente de otros países, desde el 26 de noviembre hasta el 3 de diciembre.

    Según la Constitución uruguaya, para aprobar una ley de estas características se debe contar con una mayoría en la Asamblea General, el cuerpo legislativo que reúne a las Cámaras de Representantes y de Senadores.

    Para el diputado Eduardo Rubio, del partido Unidad Popular (izquierda), es “tremendamente negativo que el señor Donald Trump quiera usar a Uruguay como una base de operaciones del Ejército estadounidense“, especialmente si se tiene en cuenta que el país suramericano “no participa” en la cumbre.

    “La verdad es que no nos parece bueno para Uruguay que se nos transforme en una base de operaciones militares del imperialismo estadounidense. Tampoco nos parece bueno transformar a Uruguay en un blanco: si vienen con tanto poderío militar, es porque algún problema hay. Nosotros quedamos en el medio del problema, sin ser parte de eso”, manifestó en declaraciones reseñadas por Sputnik.

    “Estamos simplemente en la vecindad de Argentina. Si la cumbre es en Argentina, ¿por qué no se establece en su territorio?“, cuestionó el legislador.

    Asimismo, los diputados del centroderechista Partido Nacional (PN) han alertado sobre los peligros que revierte esta decisión sobre soberanía del país.

    El presidente de la Comisión de Defensa del Senado, Javier García (PN), manifestó la gravedad de conceder un permiso genérico, que permitiría dar “un cheque en blanco” sin ningún detalle de las infraestructuras militares que otras naciones pretenden desplegar en territorio uruguayo.

    Lo que más ha causado revuelo es la respuesta del presidente Tabaré Vásquez, quien manifestó que “Uruguay no podía negarse” al pedido de Estados Unidos.

    Recordó que  esa nación “tiene tratados con distintos países en cooperación a nivel de defensa y de lucha antiterrorista” que lo comprometen a actuar “ante un acontecimiento tan importante en el que vienen los principales líderes del mundo”.

    Estamos pegados, tenemos arroyos y ríos compartidos entre los dos países. Uruguay no podía negarse ante el pedido”, sostuvo al tiempo que explicó que aunque en este caso el pedido de ingreso al país fue de Estados Unidos, “puede ser de cualquier país”.

     

    En ese sentido, aseguró que el gobierno comunicará al Parlamento si algún otro país solicita la colaboración de Uruguay.

    Este lunes, la Comisión de Defensa del Senado aprobó el proyecto de ley que habilita el ingreso al país de los 400 efectivos militares de Estados Unidos, así como de las tres aeronaves de carga de combustible KC 135, dos aeronaves de transporte y tres aeronaves AWACS.

    Se aprieta el acelerador

    La Unión Europea (UE) y el Mercosur emprendieron una nueva ronda de negociaciones con el objetivo de avanzar todo lo posible en los asuntos pendientes del acuerdo entre ambos bloques, por lo que los equipos negociadores de ambas partes se reunirán en Bruselas, Bélgica hasta el próximo viernes 16 de noviembre.

    Desde 1999, la UE y el Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) negocian este acuerdo basado en tres pilares -el diálogo político, la cooperación y el libre comercio-, pero llegados a la recta final de la negociación intentan apurar el calendario para poder cerrarlo o  tenerlo lo más avanzado posible antes de la llegada al poder el próximo enero del presidente electo de Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro.

    La comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, aclaró que su interlocutor en Brasil sigue siendo el actual Gobierno y que del nuevo que encabezará Bolsonaro aún “no sabemos nada”.

    El próximo año veremos lo que pasa. Por eso, estamos intentando dar el último empujón o al menos uno lo bastante grande como para quedarnos verdaderamente cerca” del acuerdo, reconoció citada por la prensa internacional.

    Indicó que se han “intensificado” los contactos entre la UE y el Mercado Común del Sur (Mercosur) en las últimas semanas, y que “estamos haciendo progresos pero aún hay cosas por hacer”.

    La UE teme que el presidente electo brasileño pretenda  “renegociar y reabrir” capítulos del tratado que ya se daban por cerrados.

    “Desde mi punto de vista, no vamos a ceder en nada que rebaje los estándares de Europa, tanto en agricultura como en productos industriales“, enfatizó la ministra austríaca de Economía, Margarete Schramböck, cuyo país ocupa este semestre la presidencia rotatoria de la UE.

    Mientras que desde países del Mercosur el ministro de Economía y Finanzas de Uruguay, Danilo Astori, consideró “difícil” la consecución del tratado comercial a causa de las diferencias internas en los bloques y la “incertidumbre” de la postura del nuevo Gobierno de Brasil, teniendo en cuenta que el futuro ministro de Economía, Paulo Guedes, advirtió que el “Mercosur no será prioridad” para Bolsonaro, y lo calificó como una “prisión cognitiva” que impide comerciar unilateralmente con otras regiones.

    Sin embargo, el hecho de que Michel Temer invitara al nuevo presidente a acudir a la cumbre, abre el panorama para que éste pueda dar su visto bueno al acuerdo.

    Otra de las premuras para suscribir el trato es que en mayo  de 2019 cambiarán las autoridades de la Comisión Europea.

    “Tiene que ser antes de que cambie la Comisión Europea, que es en mayo, hay elecciones ahí”, indicó a Sputnik el ministro de Relaciones Exteriores de Uruguay, Rodolfo Nin Novoa.

    20 años de negociaciones

    Desde 1995 el Mercado Común del Sur ( Mercosur) y la Unión Europea han mantenido conversaciones para sellar un acuerdo de libre comercio. En un principio las partes esperaban sellar el acuerdo en 1999.

    Luego de 20  años de negociaciones el acuerdo comercial no se ha sellado en parte por las diferencias y el ventajismo que ha impuesto la UE lo que llevó a que los miembros del Mercosur paralizarán el proceso.

    Sin embargo, los cambios políticos surgidos en Argentina y Brasil en 2016 , con la llegada al poder de gobiernos de derecha y corte neoliberal dieron un reimpulso al acuerdo, por lo que se esperaba aprobarlo  en diciembre de 2017 en el marco de la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio,realizada en Argentina.

    Esto no se logró debido a la resistencia de los sectores agrícolas de algunos países europeos.

    Aunque no se conocen demasiados detalles sobre la negociación, ha trascendido que el acuerdo abarca no sólo un eje económico, sino también uno político y de cooperación internacional.

    En el  plano económico, incluye medidas relacionadas con aranceles y cupos de exportación, servicios, patentes, propiedad intelectual, compras públicas, inversiones y competencia, entre otros temas.

    Entre los temas controversiales figuran las normas para el sector automotor y en el área de propiedad intelectual, especialmente en lo relacionado a patentes de medicamentos, indicaciones geográficas y servicios marítimos.

    Asimismo, ha sido delicado el debate sobre las regulaciones que rigen las exportaciones de los países de Mercosur en rubros como  azúcar, carne y derivados de las harinas; así como un mayor acceso a productos como los lácteos o el vino,  y  la posibilidad de facilitar los procedimientos de exportación y las indicaciones geográficas de las áreas protegidas.

    La lista de asuntos pendientes incluye también una discusión por la comercialización de coches y autopartes, la cuota láctea, el transporte marítimo y algunas compensaciones que la UE debería otorgar por productos agrícolas.

    Voces a favor

    La firma de un acuerdo de asociación entre la Unión Europea y Mercosur supondría ventajas para ambas regiones, especialmente en el área  económica.

    El Mercosur representa la sexta economía mundial, con un PIB de dos billones de dólares. La alianza con esta región brindaría a los países miembros de la UE el acceso a un mercado de 293 millones de habitantes y reforzaría la presencia europea en una región que cuenta con importantes reservas de energía, alimentos y agua.

    A la UE le preocupa especialmente el sector agroalimentario del Mercosur, porque mantener los estándares de producción conseguidos en beneficio de los consumidores y de la producción es esencial”, señala el empresario y agricultor español en un artículo publicado en Voz Populi.

    En el caso del Mercosur, el acuerdo le ofrecería la posibilidad de diversificar sus economías y añadir valor a sus exportaciones, además de acceder a un mercado de 500 millones de personas.

    Para el investigador español, Marcelo Elizondo,  el hecho de lograr un acuerdo con la UE es muy importante para el Mercosur en términos de reputación.

    “El Mercosur es el bloque más cerrado del mundo, su participación en el comercio internacional es mínima, y en el mundo no es el bloque mejor visto para comerciar o invertir. Con lo cual, un acuerdo de este tipo levantaría la reputación y el prestigio del Mercosur”, dijo  el  también director de la agencia Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI).

    Recordó que la UE adquiere el 18% de todas las importaciones mundiales, por lo que significa un gran mercado para las exportaciones.

    Para el economista Iván Carrino, “en términos generales, siempre es bienvenida una apertura comercial”.

    “A veces no se entiende bien que comerciar con el mundo trae beneficios. El más evidente es que el acuerdo implicaría la posibilidad de exportar más”, dijo citado por el portal Apertura.

    Argumentó que aunque la exportación de carne del Mercosur a la Unión Europea representa sólo el 1% del consumo total de carne de este bloque, esta cifra puede incrementarse significativamente.

    Peligros para el Mercosur

    Para varios analistas, en este tipo de acuerdos las pequeñas economías deben ofrecer ventajas para hacerse más atractivas a la inversión extranjera, entre las que figuran la reducción de impuestos y aranceles y las facilidades de créditos y pagos.

    Estos países deben adaptar sus ordenamientos jurídicos a los intereses de las naciones económicamente más fuertes.

    Un artículo publicado por Telesur  advierte que es previsible que la UE seguirá sosteniendo las subvenciones y las protección de su sector agrícola, condición que ha impuesto en las negociaciones y que justifican por la existencia las presiones internas proteccionistas en sus propios países.

    “En las negociaciones se ha seguido el libreto de los TLC de nueva generación: preparar el terreno para inversiones extranjeras, eliminar todos los obstáculos para futuras decisiones de los inversores y proteger sus derechos, aún cuando se deban modificar leyes de un Estado soberano”, señala el texto.

    Para la internacionalista Viviana Barreto, el  acuerdo “significaría la consolidación por primera vez en la historia del Mercosur de un marco de obligaciones que condicionan negativamente las posibilidades de desarrollo y transformación económica y productiva en un futuro y condicionaría negativamente la potencial consolidación de un esquema de integración regional”.

    En declaraciones a Radio Mundo Real, la también integrante del grupo  Redes – Amigos de la Tierra Uruguay, condenó que la  ofensiva del Mercosur se centre en el sector agroexportador, dejando por fuera el industrial.

    Sin embargo, parte de las mayores críticas provienen del movimiento Alianza Biodiversidad, que presentó el  documento “12 razones por las que decimos NO al Acuerdo de Libre Comercio Mercosur – Unión Europea”, en el que plantean su preocupación  sobre  cómo el acuerdo afectaría a la agricultura y consolidaría el modelo extractivista en la región.

    Entre los puntos cuestionan que el  pacto busca beneficiar a las grandes empresas del norte y las élites agroexportadoras del Mercosur; profundizará las prácticas de deforestación, expulsión de campesinos, contaminación por agrotóxicos, y destrucción de las economías regionales.

    Asimismo, señalan que el acuerdo restringe la soberanía de los países  de la región para definir programas y políticas de mayor importancia, tales como la adopción de medidas contra el cambio climático, por la seguridad y soberanía alimentaria.

    Otro de los puntos en contra, es el temor de que el  tratado comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, pueda incrementar los desequilibrios ya existentes.

    Puede tener consecuencias dramáticas en el Mercosur para el empleo, en particular el industrial, pero también para la seguridad alimentaria, al enfocar el uso de la tierra hacia los productos de exportación”, explicó Helmut Sholz, eurodiputado de izquierda.

    Uno de los aspectos más controversiales se refiere al posible estado de  indefensión que experimentarán las empresas de los países de Mercosur, que no tuvieron participación ni información sobre los temas negociados.

    “El acuerdo Unión Europea-Mercosur tiene múltiples perspectivas críticas, y como parlamentario me preocupa en especial el secretismo con que se desarrollaron las negociaciones. No sólo frente a nosotros, porque el Congreso debe tener intervención, sino también respecto de los sectores interesados. Ni empresarios, sindicalistas, organizaciones sociales, especialistas, nadie fue consultado ni informado”, alertó Guillermo Carmona, diputado argentino por el Frente para la Victoria, citado por el portal Página 12.

    Condenó que a diferencia del Mercosur, la Unión Europea definió un mecanismo en el proceso de la negociación “contemplando la participación y la forma de acceso a esa información para distintos sectores”.

    Pese a estos cuestionamientos, las negociaciones entre el Mercosur y la UE parecen avanzar para consolidar la interacción comercial entre los países de Europa y los gobiernos de derecha que rigen el futuro de América del Sur.

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