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    El Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), sigue inspirando importantes luchas que se expresan hoy en los movimientos sociales. Fundado el 16 de agosto de 1965, unió a diferentes corrientes revolucionarias: anarcosindicalistas, cristianos, trotskistas, ex militantes comunistas y socialistas, que de una u otra forma se sentían herederos de las enseñanzas de la Guerra civil española, la Revolución China, la lucha de Vietnam y la Revolución Cubana. El mirismo dio cuenta de la radicalización de un sector de la juventud y el movimiento obrero. Ya no era una utopía: la Revolución Cubana triunfaba y, con ella, los jóvenes revolucionarios tomaban el cielo por asalto. Vanguardia revolucionaria, insurrección, lucha armada y construcción de poder popular era el basamento del MIR para generar una nueva institucionalidad desde el pueblo pobre, desde abajo.

    Para el ex dirigente del MIR, Renard Betancourt, a la hora de acercarse al legado histórico, “detrás de cada una de sus concepciones tácticas y estratégicas siempre hubo una definición ética principal: situarse siempre desde la perspectiva de los oprimidos, es decir, del lado de quienes han sufrido y sufren los embates de la historia. Esta definición primera encerraba necesariamente una segunda: la de la actualidad y vigencia de la revolución”, dice.

    Doris González, dirigenta del movimiento de pobladores Ukamau, recoge ese espíritu: “Hay que seguir fortaleciendo la unidad de los pobladores, confluir con otros. El poder popular es el trabajo que hay que construir. Este bloque dominante constituido por la derecha y la Nueva Mayoría no va a cambiar nada. Necesitamos levantar efectivamente otra opción”. Aunque dice que no son la vanguardia, creen que hay que construir en conjunto: “Hoy es tiempo de la unidad con los sectores que luchan. Al principio nos costaba mucho vincular la lucha callejera con la necesidad de una casa, porque la lógica de la gente es ‘esperar haciendo la cola’. Costó, pero hoy los niveles de participación y empoderamiento son gigantescos”, agrega.

    La presencia de Clotario Blest en la fundación del MIR no fue casualidad: “Encarnaba la herencia de luchas y combates de los sectores más conscientes de los trabajadores”, dice Betancourt, y agrega que a la fundación del MIR concurrieron “vertientes anarquistas y experiencias de luchas libertarias”. Algunos admiraban a Durruti, anarquista español, quien en 1925 -junto con Francisco Ascaso y un anarquista chileno-, llevó a cabo la “primera expropiación en Chile”, en la sucursal Matadero del Banco de Chile, “método de acción directa que luego el MIR y sus dirigentes reivindicarían, al menos durante un período”. Muchos de quienes hoy se reconocen como anarquistas continúan reivindicando a Durruti y la acción directa.

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    PENSAMIENTO Y ACCIÓN

    Para la Juventud Guevarista, el movimiento de masas vive un proceso de rearticulación: “Hay luchas incipientes, dispersas, que tienen algún grado de conexión, como los subcontratados, el retail, los trabajadores del cobre o los pesqueros que llevan tiempo organizados”. Advierten que el movimiento de trabajadores está muy retrasado como consecuencia de los golpes y embates del poder: “Los estudiantes han llevado la delantera. Por eso, planteamos delinear una política revolucionaria desde allí, pero no exclusivamente”, dice Joaquín, dirigente guevarista.

    El MIR fue un instrumento revolucionario “de pensamiento y acción”. Generó políticas y formas de organización concebidas para armar ideológica y prácticamente al pueblo en su lucha: “De alguna manera, representa hoy un referente, un ejemplo de organización de combate anticapitalista”, agrega Betancourt.

    Decenas de empeños han intentado romper el actual estancamiento de la izquierda revolucionaria. El último: la marcha alternativa del 1° de Mayo. Comenzó con un centenar de asistentes en 2010, y este año superó a la marcha oficial de la CUT. Aunque aún no ha cuajado en un movimiento sindical único, se esboza una cierta unidad a través del Comité de Iniciativa por la Unidad Sindical (CIUS).

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    UNIDAD Y TERRITORIO

    Para Arturo Adriazola, dirigente de la Coordinadora Nacional de Deudores Habitacionales, “hoy no existe una alternativa en pie que enfrente al neoliberalismo más allá de lo coyuntural y exprese, verdaderamente, el sentir del movimiento social para el cual la única estrategia es organizar desde las bases. Unidad de los pobres, como la llamamos los deudores habitacionales. Este sistema que se proyecta desde la dictadura y que ha sido profundizado por los gobiernos de turno, no está hecho para los trabajadores. Sobre esa base construimos con el poblador común y corriente, con la dueña de casa, cesantes, allegados, armando unidad. ‘Política de pobres’ que consiste en reconstruir el tejido social despedazado por décadas. Es un proceso de convergencia natural” .

    Según Iván Carrasco, del Partido Igualdad, persiste un “archipiélago de pequeños grupos y organizaciones”, que no convergen aún: “Las elecciones nos dividen. Hay puntos de unión: un programa para un gobierno de trabajadores; no apoyar a la Nueva Mayoría; estrategias de construcción de poder popular, las luchas centrales en la calle, anticapitalismo… Creemos importante construir lazos todas las fuerzas sociales, políticas y populares que impulsan el poder popular, independiente de si estamos de acuerdo o no en lo electoral”.

    Así, lentamente, resurgen y brotan demandas populares, muchas veces de manera parcial, reivindicativa y con diferentes grados de conciencia, cuestionando el actual estado de cosas y apuntando a los causantes y sostenedores del sistema. “Vemos cómo sectores del pueblo ganan en conciencia y organización. La lucha mapuche es un ejemplo de ello. ¿Pero podrá el pueblo mapuche solo llevar adelante su lucha anticapitalista, de recuperación territorial y autonomía?”, pregunta Betancourt.

    Héctor Llaitul, líder de la CAM, prisionero político, advierte que una de nuestras demandas históricas del pueblo-nación mapuche es “el derecho a la territorialidad”. “Nuestra lucha -agrega- es básicamente territorial y autonómica. Reivindicamos territorios hoy en manos principalmente de las forestales. Tenemos razones históricas, políticas y culturales para recuperarlos. Además, son víctima de la más atroz depredación que ejecuta el capitalismo extractivista en Wallmapu. El movimiento mapuche autónomo lleva en el cuerpo cerca de dos décadas de movilización”, dice.

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    ASAMBLEAS EN LUCHA

    A la lucha de pueblos se agrega la de las comunidades: Magallanes, Aysén, Freirina, Huasco, Caimanes, Chiloé, y otras. Evidencian un nuevo período de luchas sociales. Quienes encabezan esas luchas parecieran coincidir en que nadie por sí solo logrará avanzar de manera significativa ni podrá poner en jaque al poder. “La fuerza y el poderío de las clases dominantes y sus resortes de dominio no podrán ser derrotadas sino mediante la construcción de una gigantesca fuerza social revolucionaria capaz de oponérseles en todos los frentes y en todos los ámbitos de lucha”, señala Betancourt.

    El Movimiento de Defensa por el Acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medio Ambiente (Modatima), es una de esas luchas comunitarias que comienza a crecer y desbordarse: “Nos han criminalizado ocupando los tribunales como el escenario donde intentan acallarnos. En 2010, Modatima definió una estrategia para visibilizar el conflicto: denunciar las prácticas de usurpación del agua, tomas de carreteras, funas a los ladrones de agua, ocupar comisarías… Nos planteamos la construcción de poder popular en la perspectiva de que el problema que tenemos con las aguas es un reflejo inequívoco de un modelo de lucro, usura y exclusión que data de los 80”. dice Rodrigo Mundaca.

    Ejemplo que se ha replicado en otros: el movimiento Todos Somos Asamblea, que agrupa a asambleas ciudadanas, movimientos políticos y juveniles, de pobladores, trabajadores y estudiantes, colectivos culturales y medios populares, entre otros. Ricardo Frodden, coordinador de las Asambleas Metropolitanas, señala: “Invitamos a todas las organizaciones que están por construir poder popular y levantar asambleas. Es un trabajo de largo plazo, estratégico, independiente de quien esté en el gobierno de turno”.

    Allí confluyen las luchas contra Agrosuper, Pascua Lama, Punta Alcalde. En Freirina la comunidad se levantó contra la empresa y las autoridades. Trabajan con autogestión. Su energía está en unir a las organizaciones sociales y movimientos de base.

    “La Asamblea es unidad, y este es un momento de unidad, de fortalecer el movimiento social, de hacernos más fuertes en el control y empoderamiento sobre nuestros territorios. Es un momento que requiere de gran generosidad donde debe prevalecer lo que nos une. El movimiento social se caracteriza por su transversalidad, por su diversidad política y social. Somos la ciudadanía organizada”, dice Andrea Cisternas, del Movimiento Socioambiental del Valle del Huasco. Su vocero, Yahir Rojas, agrega: “Nuestro territorio ya es una zona de sacrificio: Pascua Lama, Agrosuper, puerto de CAP, termoeléctricas, Punta Alcalde. Nuestra forma de lucha está en la calle, en asambleas, en el poder y decisiones colectivas”.

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    CONSTRUIR ORGANIZACIÓN

    Coinciden en que el movimiento estudiantil ha sido más activo, empujando a los demás, asumiendo en momentos la vanguardia, acumulando fuerzas y ayudando al desarrollo de la conciencia de los explotados. Se legitimó instalando la validez de la lucha por la educación como un derecho, reivindicando la gratuidad y el fin al lucro. Según Betancourt, para “conformar una situación de crisis revolucionaria del sistema falta lo principal: la reconstrucción de un movimiento social unitario, amplio, que incluya a todas las fuerzas sociales dispuestas a alzarse contra el sistema que las explota, subyuga y marginaliza, impidiendo el desarrollo de su potencial. Ese es el desafío mayor y más urgente, una tarea que convoca a la necesaria unidad de todas las fracciones, grupos, colectivos e iniciativas revolucionarias y democráticas consecuentes”, dice.

    Según Ronny Nebott, del Colectivo Acción Directa, “la lucha multisectorial debe recoger todas y cada una de las demandas sociales y populares, no supeditando, obviando ni privilegiando ninguna. El objetivo central debe ser unir fuerza social concreta y ponerla en acción: unidad en la acción, golpeando juntos. Romper la lógica de la dominación, convirtiendo la indignación en poder popular”.

    Por su parte, Eloísa González, militante de la Juventud Rebelde, ex vocera de la ACES, y militante del Pikete Informativo, señala que “recogen la herencia de lo que fueron los piketes en las huelgas que se dedicaban a agitar e informar. Hemos estado en conflictos como las movilizaciones por la gratuidad de la educación, huelgas, y creemos muy importante dar a conocerlos desde la voz de los protagonistas. Es fundamental la articulación de todos los sectores, la unión de los movimientos sociales tiene que ser en todos los ámbitos, trazar líneas, trabajar en común. Queremos una educación transformadora, apostamos al control comunitario como eje articulador de la educación, control comunitario, empoderamiento de las comunidades, democracia participativa, en definitiva, poder popular”.

    Para los sectores avanzados de trabajadores, el objetivo estratégico del CIUS es que se constituya en una nueva y verdadera Central, como la CUT de Clotario Blest. “Actualmente, el sindicalismo está en pañales. La constitución del CIUS es un esfuerzo muy importante que hay que valorar en su justa medida, es una señal contundente y potente unificarnos tras los objetivos de los trabajadores”, dice Luis Mesina, vocero de la Coordinadora Nacional de Trabajadores No+AFP. La constitución de una nueva Central pasa por la madurez política de los trabajadores y sus organizaciones. “Tiene que haber una central sindical, un instrumento de la clase capaz de instalar un discurso y una práctica clasistas, retomar la lucha de clases”, dice Ramón López, de la Unión Clasista de Trabajadores.

    “Consideramos que las condiciones existentes permiten abrir el camino para llevar adelante un proyecto democrático, popular, nacional, profundamente anticapitalista, antiimperialista, latinoamericanista e internacionalista”, concluye Nebott.

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