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    En las primeras semanas de agosto fuertes acusaciones de sabotaje y vandalismo hacia los pobladores de Rungue emergieron desde representantes de la empresa de tratamientos de residuos KDM, luego del descarrilamiento de un tren que llevaba basura domiciliaria hacia sus instalaciones.

    El intendente de Santiago, Claudio Orrego, anunció querellas. Nicolás Jofré, dirigente del Movimiento de defensa por el acceso al agua, la tierra y la protección del medio ambiente (Modatima), expresó que lo ocurrido correspondía a grupos “más disruptivos, otra variante del descontento”. Sin embargo, la secretaria de la organización Acción Ambiental y Salud, descartó esta tesis y declaró que todo era un montaje.

    “Es sospechoso todo esto. Es raro que se descarrile a las 8:30 de la mañana cuando a las 7:30 pasó otro tren. El pueblo no puede hacer nada en una hora, menos sin las herramientas adecuadas para sacar o cortar los tornillos, tampoco para sacar las líneas del tren. Es extraño que la máquina no se descarriló, sólo los carros del medio. KDM decía que eran unos vándalos del pueblo y no es así”, señaló Bianca Rojo Astudillo, dirigenta y habitante de Rungue.

    No son delincuentes

    Bianca está enojada. Relata que hace meses están sitiados por Fuerzas Especiales de Carabineros, que impiden el libre tránsito y exigen documentos a todo quién se les cruce. “Parece dictadura”, afirma.  Le molesta además que se haya invocado la Ley de Seguridad Interior del Estado, que se acuse a sus vecinos de vándalos y las autoridades no hagan nada por impedir la instalación de más empresas contaminantes en las inmediaciones.

    “Últimamente están pasando más de veinte carros cuando lo normal eran catorce. Una vez que sucedió el accidente, yo fui a sacar fotos y no vi nada extraño. Me imagino que el tren iba a alta velocidad, al acercarse al pueblo se frenó un poco y se le tiene que haber descarrilado el vagón, cayendo al tranque, porque justo fue en una curva. Pero KDM dijo que había sido gente del pueblo y nosotros no somos delincuentes. En Rungue vive gente de trabajo, las mujeres trabajan en la planta de reciclaje y no protestan por miedo a ser despedidas. Nosotros sólo queremos un aire limpio y nos castigan por reclamar”, señaló la dirigenta de la organización Acción Ambiental y Salud.

    Rojo Astudillo es enfática al afirmar que fueron los mismos trabajadores de la empresa los saboteadores, ya que su juicio son los únicos que “manejan herramientas y carros de arrastre para llevarlas”. “Yo creo que el primer descarrilamiento también fue un montaje de KDM y de FEPASA. El acceso a la línea es abierto pero es imposible hacer alguna maniobra de parte del pueblo. Estamos sitiados hace meses. La gente ya tiene temor de salir, menos se van a acercar a la línea del tren o hacer una protesta. Es un mero montaje del Gobierno, somos su piedra en el zapato, no hayan qué hacer con nosotros. Ya aceptaron la instalación de CICLOS y quieren instalar más en frente. Nosotros somos los únicos que podemos tirar para atrás sus cosas pero no con sabotajes, para eso no estamos”, agrega.

    Oscuras maniobras

    Bianca Rojo explica que cuando el alcalde quiso cerrar las instalaciones de KDM, el mismo día se paró al reparto de agua de los aljibes. Ello porque las localidades de Montenegro y Rungue no tienen acceso al agua potable y dependen de dos camiones de KDM que reparten agua. Pero supuestamente ese día se echaron a perder. “Es falso que le cerraron las instalaciones, al final sólo fue un par de días pero incluso siguieron trabajando”.

    La dirigenta además admite sentir temor.  Aún cuando no ha sufrido ninguna amenaza o sabido de alguien que lo haya experimentado, teme que ello suceda, en cualquier momento. Por tanto, evita dar entrevistas. “Si hacen montajes como el que sufrieron los chicos que supuestamente tiraron molotovs, imagínese que le pueden hacer a una como dirigente”, acusa. “Encarcelaron a cuatro jóvenes, son de Rungue y por eso les ha tocado fuerte. Costó un mundo sacarlos al arresto domiciliario. Son estudiantes y siguen detenidos en sus casas, sin poder estudiar. Pero si detienen gente de otro lado, los sueltan a las horas después”, denuncia la habitante del pueblo cercano a Til Til.

    A pesar de todo, no piensan echar pie atrás. El próximo sábado en la tarde harán un evento cultural en la cancha del pueblo, en un ambiente pacífico y con artistas locales, todos unidos en contra de las empresas contaminantes. Los y las habitantes están convencidas de que la única lucha que se pierde es la que se abandona.

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