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    Pareciera que todo el mundo hoy se encuentra movilizado. Los profesores, los estudiantes, los trabajadores del salmón, los pescadores, los trabajadores de las multi-tiendas y los supermercados, los mapuche, las familias víctimas de la delincuencia, los familiares de los presos comunes…hay tantas cosas por cambiar en nuestro Chile como hay tantas cosas por cambiar en el mundo.

    En este relato se describe a un grupo de organizaciones sociales de base norteamericanas en su intento por alcanzar la justicia social al otro lado de nuestro continente.

    Al igual que en Chile, las organizaciones sociales estadounidenses utilizan diversos mecanismos de presión en la lucha por la justicia social. Uno de ellos es el caso de la Acción Directa. Esta es una más de las herramientas usadas por la organizaciones sociales norteamericanas, herencia de los movimientos pacifistas y de paz-activa norteamericanos. Es relativamente cercana en sus características a lo que conocemos por Funa, pero sus objetivos y procedimientos difieren en varios puntos.

    La Acción Directa: establecer demandas, colocarle rostro al objetivo y darle una sorpresa.

    Era mi primera vez en Washington DC. La conferencia de la “Accion Nacional del Pueblo” (National People’s Action tambien conocida como NPA) tomó lugar en un hotel a unos 30 minutos de la famosa Casa Blanca al otro lado del río Potomac. La conferencia reúne anualmente a cientos de organizaciones de base dispersas por todos los Estados Unidos. Organizaciones pro-causa ciudadanas, juntas de vecinos, de protección al consumidor, del medio ambiente, de los trabajadores del campo o de protección a los derechos humanos, organizaciones de fe de origen católico, evangélico, judíos o musulmanes, asociaciones de jóvenes, de mujeres y adultos mayores, se reúnen para dar sus testimonios, aprender a organizar sus poblaciones en torno a temas sentidos por la comunidad y a aprovechar la oportunidad de realizar un par de “acciones” o manifestaciones en la capital del país.

    Recién estábamos terminando uno de los talleres ofrecidos en la conferencia, cuando nos informaron que los buses estaban esperando por nosotros en las afueras del hotel y era hora de abordarlos. La fila de buses amarillos de transporte escolar se perdía en el horizonte.

    Al momento de subir al bus asignado a nuestro grupo, los detalles del viaje eran aún desconocido para la mayoría. Solo la dirigencia organizadora de la conferencia conocía nuestra parada final y, recién horas antes de tomar el bus, los coordinadores de cada bus fueron informados de nuestro destino y de la identidad de quien sería la persona- objetivo de nuestra acción en esta oportunidad. ¿De quien se trataba esta vez? A medio camino supimos que se trataba de uno de los vicepresidentes del gigante financiero Citi-bank.

    La razón para mantener en secreto esa información hasta el último minuto es simple. El elemento sorpresa es importante y conocer el domicilio o la ubicación exacta de la “persona- objetivo” de una acción muchas veces es el resultado de meses de trabajo de inteligencia e investigación. En cuestión de minutos la información se puede filtrar quitándole el elemento sorpresa a la acción, alertando de nuestra visita al objetivo, a las autoridades policiales y tirando a la basura meses de preparación y trabajo.

    Ocurría que Citi-bank en aquel entonces era uno de los más grandes propietarios de casas y uno de los más grande prestamistas de todo el país. La NPA había intentado comunicarse con la corporación en múltiple ocasiones sin éxito. Nuestra organización demandaba cambio en las prácticas crediticias del gigante.

    Aquellas prácticas ahogaban a millares de dueños de casa con altos intereses, letras chicas, y conductas que caían llanamente en la discriminación a las personas a la hora de entregar créditos. Los intentos de contactos hasta ese entonces habían fallado, pero en esta ocasión la NPA esperaba una respuesta o por último una reacción favorable como resultado de la acción.

    La “persona- objetivo” vivía en los suburbios de Washington D.C. Al llegar a su hogar, un desfile de mansiones en una larga avenida nos daba la bienvenida. Era pasado el mediodía de un domingo y los 1200 participantes que representábamos a un centenar de organizaciones de todo el país nos bajamos del bus y rápidamente nos acomodamos en el jardín de la residencia del desprevenido vicepresidente. Hicimos ruido, entonamos cánticos y, mientras tanto, la dirigencia de nuestra organización golpeaba la puerta del hogar del oficial corporativo.

    El poder esta en los números

    La NPA enseña a sus miembros que el poder se ejerce de dos maneras. La primera es a través del dinero. Es así como los corporativos, los empresarios y los ricos ejercen su poder para favorecer los cambios que son convenientes a sus causas. ¿Qué nos queda a aquellos que no tenemos este tipo de poder? La respuesta está en la fuerza de los números, en el poder de cientos de cuerpos unidos bajo un mismo objetivo, en el poder del voto unido, en el poder de un posible boicot perpetrado por las mil doscientas personas que estábamos ahí, de nuestros aliados en nuestras comunidades de origen, de nuestro poder de voto, consumo e influencia.

    De repente vimos que los puños comenzaban a levantarse en alto, la señal de quedarse en silencio. Todos nos callamos. Vimos que la puerta la mansión se entreabría, pero desde mi ubicación no podía visualizar de quien se trataba.

    Los medios de comunicación y los vecinos comenzaron a arrimarse y a apuntar sus cámaras de video y fotos hacia nuestra multitud. Ante la inquisición de los primeros, nuestros labios estaban cerrados, el mensaje para ellos era uno solo: “un dirigente le puede contestar esa pregunta”, “le puedo presentar a alguien que puede responder a sus preguntas”. Una de las reglas de mayor importancia es justamente esta: nadie puede hablar a la prensa con excepción de aquellos dirigentes que estén debidamente entrenados y señalizados como tales.

    La idea es que las personas que sirven de voceros estén preparados para entregar el mensaje que represente mejor a la causa, que se disminuyan las posibilidades de tergiversación por parte de los medios de comunicación, y que se aprovechen los pocos segundos al aire o las pocas líneas que de vez en cuando dedican a causas como esta. Es importante recordar que el mensaje es la mezcla de imágenes verbales y visuales, nada se debe dejar al descuido.

    Para los segundos, los vecinos, era la oportunidad de grabar con sus cámaras de video un evento que ellos esperan no ver otra vez en sus vidas. En lugar de estar asustados, la situación entera les parecía divertida, parecían estar felices de que en aquella ocasión ellos no fueron las “victimas” de nuestra movilización.

    Los puños se levantan nuevamente, nos callamos y las personas dirigentes nos comunican la noticia: nuestro objetivo no se encuentra en casa, pero sí, su pequeña hija de 13 años de edad y más encima completamente sola en la casa.

    Puedo imaginar el pánico de esa niña al ver esta masa incontable de gente rodeando su hogar. Obviamente ninguno de nosotros tuvo la intención de convertirse en matón y menos de una niña de 13 años; “daño colateral” dirían los milicos gringos. La niña, supimos, llamó por teléfono a su padre quien se encontraba por el día jugando tranquilamente golf en Miami.

    Acción Directa: una demostración de fuerza y un proceso de negociación

    Piensen en la reacción del padre al saber la noticia: su niña sola en casa, siendo amedrentada por 1200 personas sentadas en el jardín de su casa. En otras condiciones – por ejemplo, la de una acción directa en una oficina- la situación se asemeja a la aquí descrita: la confusión del primero en recibir al grupo (una secretaria) es seguida por la rabia y los gritos de un segundo (un administrador).

    No es raro que el objetivo no se encuentre en ese momento disponible. Lo importante es no dispersar a la masa de personas hasta que las personas dirigentes hayan logrado hacer contacto y hayan obtenido un compromiso directo de parte del objetivo. No se puede dejar a estos dirigentes sin el apoyo, y no se puede confiar en las palabras de aquellos posicionados al otro lado de la trinchera que con mentiras, falsas promesas o amenazas intentarán dispersar al a multitud.

    Solo una vez que el objetivo haya cedido a las demandas iniciales (la negociación directa con el objetivo, el retiro de la policía, la seguridad de los dirigentes negociadores) se puede negociar el retiro del grupo de manifestantes del edificio o en el caso de esta historia, el retiro de los manifestantes del jardín de la casa.

    Para nuestra organización, la demanda era conseguir al vicepresidente en el teléfono para que por fin se digne a escuchar nuestras razones y al mismo tiempo sentarlo en la mesa de negociaciones. Recuerden que el tipo había negado la oreja a la organización por meses.

    Creo que en el punto anterior reside una de las diferencias fundamentales con la Funa. El exponer o “quemar” al objetivo en frente de un público real o uno mediático, es un momento que se inserta en un proceso más largo que persigue la obtención de compromisos concretos usando el poder de los números como medida de presión.

    Para ese momento la policía había llegado, la multitud dirigió su cantos hacia los uniformados gritando: “Nuestra policía merece un mejor trato! Súbanles el sueldo!”. Por más serio que aparentaban ser, ninguno de ellos pudo dejar de sonreír al escuchar estos gritos. Entre los manifestantes, las cámaras desechables aparecieron y las damas de nuestra organización corrieron hacia los oficiales preguntándoles si era posible tomarse una foto con ellos; el trato de “estrella de rock”, la admiración que el uniformado – el amigo de nuestros barrios- se merece.

    Estos pequeños detalles pueden cambiar toda la dinámica de la relación con la fuerza policial. A veces y dependiendo de la situación, es importante recordar que ellos son también trabajadores pasando por las mismas aflicciones, abusos económicos y de poder, y que por lo tanto, tal vez en una recóndita esquina de su ser, pueden tener la capacidad de sentir simpatía por la causa.

    Finalmente, la dirigencia llegó con la noticia de que habían logrado comunicarse telefónicamente con el susodicho. Después de haber calmado su rabia, el sujeto acordó negociar con la dirigencia y aceptó fijar fechas para el comienzo de las negociaciones. Meses después, NPA lograba firmar formalmente una serie de acuerdos favorables a todos los trabajadores y dueños de casa norteamericanos.

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