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    Cerro Cárcel, Valparaíso.- Casi todo lo importante se consigue luchando. Al menos así es en Chile. Es la perseverancia ciudadana la que ha permitido que la ex Cárcel de Valparaíso sea hoy el más amplio espacio público con que cuenta la ciudad. Si no hubiera sido por esa noción de lo colectivo, por esa ansia de construir un mejor y más grato lugar para vivir, el afán inmobiliario y la ceguera de los gobernantes ya hubieran acabado con este sueño.

    Ha sido un duro pero bello litigar. Miles de personas, en diversas oleadas, han trabajado voluntariamente por la recuperación de este espacio. En sus orígenes la labor gubernamental facilitó el posterior destino del lugar: La Seremi de Bienes Nacionales –a quien pertenece el recinto desde que en 1997 lo compró en 1700 millones de pesos al Municipio de Valparaíso- abrió este espacio a la cultura y el desarrollo ciudadano. Surgió entonces un modelo asociativo con la comunidad agrupada en torno a la Corporación de Amigos de la ex Cárcel. Fruto de esta colaboración es el programa: Cárcel, un cerro para la cultura.

    Pero una golondrina no hace verano: A fines de 2002, Bienes Nacionales dejó la administración del Parque y el presidente de aquel entonces, Ricardo Lagos, encargó a la inmobilaria Novaterra, realizar un estudio respecto de la utilización futura de este espacio. La propuesta contemplaba la venta de una parte importante del recinto a constructoras, con cuyos recursos se financiarían las instalaciones de un espacio de “servicios culturales”. El proyecto era feo y carecía de alma por lo que sucumbió. Ante las inmensas movilizaciones de los artistas el pueblo porteño.

    Fruto de la lucha ciudadana es que el Estado, a través del ministerio de Bienes Nacionales y la Intendencia Regional (que se hace cargo de la administración del bien), se compromete en 2004 a destinar para siempre este espacio a la actividad cultural. Y a mantenerlo y desarrollarlo con esos fines. Este fue y es uno de los triunfos emblemáticos de la ciudadanía cultural porteña y es un orgullo de Valparaíso, la joya del Pacífico, ciudad que también echó a Mc Donalds de sus márgenes, lo que es por cierto es otro motivo de alegría.

    Cuando el Estado abandonó temporalmente el recinto, el Parque se mantuvo abierto. Más aún: fue administrado en un periodo considerable por la Corporación de Amigos, hoy Corporación Parque Cultural. Los resultados fueron alentadores, a pesar de la precariedad. El Parque se consolidó en el imaginario colectivo como un lugar de resistencia de la ciudad ante la oleada privatizadora, que en Valparaíso se expresaba en la entrega del Puerto a Mall Plaza; la confiscación de los recursos pesqueros por grandes empresas; el desarrollo inmobiliario; la segmentación y destrucción de espacios patrimoniales y no patrimoniales. La ex Cárcel era un oasis de participación y de construcción de un espacio público en momentos en que se materializaba el sueño de la Concertación en Valparaíso: Hacer de nuestra ciudad un barrio de Santiago con vista al mar.

    A pesar de la adversidad, la Ex Cárcel fue creciendo, no en edificios, pero si en participación, en madurez, en peso específico. Este año ha crecido el movimiento teatral de la mano de las compañías que laboran en la ex Cárcel las que han dado vida a la campaña “Por un teatro público para Valparaíso”. Con el circo ha ocurrido otro tanto: Se ha fortalecido Colectivo Valparaíso y se ha refundado el espacio de artes escénicas de la ex Cárcel. La música ha tenido un inmenso florecer con las comparas andinas (Wila Masi) y con la llegada de numerosos conjuntos de las más diversas tendencias musicales.

    Cada vez más escuelas y liceos acuden a esta inmensa meseta pública ha realizar sus actividades folclóricas y educativas. Las enseñanzas ancestrales ocupan un lugar central en este desarrollo. Esta tarea ha sido acompañada por el Colegio de Arquitectos, Ciudadanos por Valparaíso, el Comité de Defensa de Valparaíso e importantes personalidades e instituciones del derecho y la cultura de la ciudad. Todo esto se ha desarrollado con muy pocos recursos económicos, pero con mucho ayún y newen (amor y fuerza).

    Hoy el Parque Cultural de Valparaíso ex Cárcel, es un regalo que Valparaíso se ha hecho a si mismo. Y no podrá ser avasallado por los trogloditas que plantean que es inviable, debido a que las actividades que se realizan supuestamente no generan rentabilidad.

    Si Chile hubiera seguido esa lógica, nunca se hubiera desarrollado la salud ni la educación públicas, puesto que estas como muchas otras actividades no son rentables en un sentido inmediato y burdo. Las autoridades, en vez de menoscabar lo que aquí se realiza, deberían apoyar este proyecto, en la perspectiva de generar las condiciones para que pueda mejorar. Nosotros siempre hemos estado dispuestos a conversar y a construir juntos. Pero la desconfianza y la incomunicación han reinado hasta ahora.

    El Parque Cultural no es sólo de sus miles de usuarios, sino de la ciudad, la región y el país. Y lo que hacemos los que aquí laboramos es ser sus guardianes, para que los jóvenes de todas las edades puedan –hoy y mañana- acceder a practicas de circo, danza, teatro, cultivos orgánicos, apicultura, mapudungun y otros idiomas, alfabetización digital, reciclaje, compostaje, escultura, música, cerámica, tejido, danza, grabado, nuevo circo, y tantas otras cosas que aquí se realizan.

    Esas prácticas deberán ser convalidadas y reconocidas por el sistema educativo, como parte de una proceso que indefectiblemente debe abrirse a nuevos horizontes. Queremos aportar a que surja una nueva pedagogía, centrada en el respeto del ser humano y de los otros seres que habitan el mundo.

    En el Parque Cultural debe gestarse un polo de desarrollo cultural donde los artistas y cultores de los más diversos oficios, puedan trabajar y aportar al desarrollo del país. Donde conviva el gran espectáculo, con el arte comunitario; lo profesional con lo emergente. El Parque es y debe ser un lugar donde los viejos y niños puedan disfrutar del arte y el espacio público, equipado y funcionando como es debido, no importando si tienen o no dinero.

    Ese sueño crece en la misma medida que se hunden los ambiciosos y trogloditas que quieren enriquecerse aun a costa de destruir la ciudad y los más lindos sueños.

    ¡Muerte al proyecto Niemeyer, viva el parque del pueblo!

    Francisco Marín

    Pdte. Corporación Parque Cultural ex Cárcel

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