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    Un anciano se dedica a regar la huerta con tomates, ají, lechugas y acelgas. Otro limpia las entradas de aire de un biorreactor de compostaje y un grupo de señoras teje una bolsa gigante hecha de bolsas plásticas. Estamos en el primer ecobarrio del país, iniciativa que surgió en un grupo de vecinos cansados de la atomización del tejido social y de que a los alcaldes se les ocurra cortar árboles cuando quieran.

    Un añoso ceibo es el único que se salvó de la tala de árboles en la Villa 4 Álamos de Maipú. Otros 120 fueron cortados el 2004, ya que el alcalde de la época, Roberto Sepúlveda, se obsesionó con construir allí un colegio. Ni el rechazo de los vecinos, el plano regulador comunal o las propuestas de los vecinos de otros 17 lugares en donde edificar el establecimiento, pudieron con las motosierras de los funcionarios municipales que cortaron 33 años de una villa con una fuerte identidad cultural y social.

    Luís Márquez, vecino, cuenta que “lo primero fue pasar la rabia y el dolor de ver cortados los árboles que nos acompañaron desde que llegamos acá. La sensación de pérdida de la lucha fue evidente”.

    Sueños cortados

    En 1971 nace la Villa 4 Álamos cuando los vecinos junto a la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU), diseñan el barrio en que querían vivir. Eran 808 departamentos en un terreno de 10 has., que incluía un gran parque. El plan contaba además con un comedor comunitario, un lavadero, un pueblo de artesanos, un colegio y un jardín infantil. Pero el golpe militar cortó todos los sueños.

    “Luego del golpe poco a poco todo lo planeado va quedando en el olvido –cuenta Márquez- y los vecinos nos refugiamos, también lentamente, en nuestras casas”. Con los años la atomización social, el desinterés y la desconfianza se apoderan de la población.

    Algunos vecinos asumieron un rol activo en el combate a la dictadura, transformándose la villa en un espacio de reuniones y movilizaciones reconocida a nivel comunal.

    Villa sustentable

    “Luego del corte de árboles, nos miramos a la cara y nos preguntamos: ¿Y ahora qué hacemos?”- cuenta Mario Iturrieta, otro vecino. Les había costado volver a reencontrarse, reconocerse y no volverían a sus casas así no más. Luego de una reunión nació el Centro Cultural, Social y del Medio Ambiente Ceibo. Pese a la derrota, el conocimiento del proceso los hizo definir como meta mejorar el medio ambiente, la calidad de vida y ayudar a otras comunidades afectadas por conflictos ambientales. La iniciativa revitalizó además la Junta de Vecinos y creó el Club de Adulto Mayor los Zorzales.

    Iturrieta recuerda que “pensamos cómo vamos a defender nuestras plazas a futuro para que no les pasara lo mismo que al parque”. Unas 10 personas se allanaron a la iniciativa y otras 100 más en forma más indirecta. Pero unas 600 terminaron votando por sus proyectos presentados en los últimos fondos participativos de Maipú. Fue el proyecto más votado de la comuna.

    El respaldo de sus vecinos no fue el mismo que obtuvieron de la Comisión Nacional del Medio Ambiente cuando hace 2 años presentaron un proyecto para concretar una escuela de jardineros y una plaza de la tierra. El ente gubernamental desechó las ideas. “No lo ganamos porque acá nadie sabe hacer proyectos –acusa Márquez- Un experto en proyectos que tiene un doctorado afuera es un experto en palabras de cómo hacer proyectos y después va y toma una foto y gana un concurso. Hay un problema grave en esto de los proyectos, porque antes de importar una buena idea a futuro o en desarrollo, como a nosotros nos pasó, lo que se mide es una jerga específica y ganan los proyectólogos y no las comunidades”.

    Pese a ello el 2005 plantaron junto a la organización Árbol-Vida más de 30 árboles, los que bautizaron con el nombre de una persona. Para Márquez la tarea es difícil, pero vale la pena: “Hay que cambiar toda una cultura que se ha alejado de la tierra. Los jóvenes están en otra, porque no han recibido desde chicos valores que los acerquen a la tierra. Para muchos jóvenes esto es raro”.

    Con el tiempo y ayudados ahora por las nuevas autoridades municipales, el Ceibo se adjudicó ese mismo año un proyecto del PNUMA (Programa de las Naciones Unidas por el Medio Ambiente), lo que les permitió implementar el año siguiente el Centro Demostrativo de Energías Alternativas y Educación Ambiental, con un invernadero, un panel fotovoltaico demostrativo, unas camas para el cultivo de hortalizas y un biorreactor de compostaje fabricado en Chile.

    Últimamente han tenido la asesoría de la paisajista María Inés Díaz, quien se sumó a la iniciativa. La idea es constituir el primer ecobarrio del país, experiencia inmersa en una ciudad, que pretende demostrar que se puede vivir sustentablemente en un sector popular.

    Además del invernadero en donde se especializan en injertos y multicultivos, hoy mantienen camas con verduras y producen humus de lombriz a partir de los desechos que recolectan en la feria del barrio.


    Sueños futuros

    Para el 2010 el plan quiere tener iluminados calles y pasajes con placas fotovoltaicas y tener en su grado óptimo el sistema de reciclaje y compostaje. Además se quiere construir un arboretum, jardines temáticos, un huerto comunitario y una plaza de la tierra.

    Mientras tanto construyen una biblioteca en homenaje a Ronald Wood, joven del barrio asesinado en 1986 por una patrulla militar. La idea es dotar a la biblioteca de una bibliografía general, una sección especializada en medio ambiente y otra en movimientos sociales en Chile con afiches y libros desde los ’60 a la fecha.

    Márquez sueña con que “de aquí al 2010 en la Villa 4 Álamos no generemos residuos orgánicos, que podamos transformarlos en compost y humus dentro de la villa; que tengamos basura separada en todas las casas; y que todas las áreas verdes estén iluminadas con celdas fotovoltaicas”.

    Iturrieta añade que “el ecobarrio está llamado a ser sustentable. No es una suma de plazas, es una respuesta concreta a la convivencia humana. Ese caso reciente de que dos ancianos murieron en un departamento y los vecinos a los días se enteraron porque había mal olor, da cuenta de la sociedad en la que no queremos vivir. Uno se pregunta en qué están los vecinos de que no nos damos cuenta de lo que le pasa al otro. Tenemos que cambiar la forma de vivir en ciudad en lo humano y lo ecológico”.

    En conjunto con el municipio quieren clonar la iniciativa, fomentando los ecobarrios en la comuna. Aspiran a tener en 2 años más 5 proyectos ejecutándose en distintas villas.

    Mauricio Becerra R.

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