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    Todos los ojos están puestos en la campaña presidencial estadunidense, en la cual los candidatos han tomado posiciones bastante diferentes respecto de la guerra en Irak. Éste es un lugar equivocado adónde mirar. Creo que hay bastante certeza de que Barack Obama será el próximo presidente de Estados Unidos. Y sus puntos de vista sobre la guerra en Irak son casi el polo opuesto de aquellos de su rival, John McCain. Obama se opuso a la invasión estadunidense desde el comienzo.
    Considera que continuar la guerra es muy dañino para todos: para Estados Unidos, para Irak, para el resto del mundo. Y dice que buscará retirar todas las tropas estadunidenses en 16 meses.

    Una vez en el cargo, Obama sin duda se encontrará con que la definición de retirada de tropas será un asunto de enorme controversia en Estados Unidos, y que conseguir este objetivo será menos fácil de lo que afirma, como si tan sólo fuera un asunto de política interna. Sin embargo, terminar la guerra no está sólo en manos de Obama, o de Estados Unidos. La clave para que finalice la guerra en Irak es lo que ocurre en la política iraquí, no en la política estadunidense.

    Haré la abrupta predicción de que en algún momento de 2009 (o en 2010 a lo sumo), el primer ministro de Irak será Moqtada Sadr, y que Sadr hará que termine la guerra. He aquí lo que puede ocurrir con mayor probabilidad. Los medios mundiales nos recuerdan todos los días lo que hoy se mira como las particiones definitivas en el cuerpo de la política iraquí. Hay ahí tres grupos étnicos principales –los chiítas, los árabes sunitas y los kurdos. Cada uno está localizado primordialmente en una zona geográfica específica. La excepción principal es Bagdad, la ciudad capital, que cuenta con una mezcla de población chiíta-sunita aun cuando cada una se concentra en partes específicas de la ciudad.

    Además, como parece que todos sabemos ahora, cada una de estas tres zonas tiene divisiones internas. Hay múltiples partidos chiítas, y cada uno parece contar con una milicia a su disposición, y tiene antagonismos que duran desde hace mucho tiempo. Los dos principales son el grupo encabezado por Sadr y el conocido como SCIRI, conducido por Abdul-Aziz Hakim. Las áreas sunitas presentan un panorama menos claro. Están los sheiks y los ex baathistas, conectados con varios políticos en la legislatura iraquí. Y hay también un grupo pequeño, pero importante, de jihadistas, que en gran medida no son iraquíes, vinculado con Al Qaeda. Y en la zona kurda existen dos partidos que compiten, más las minorías cristianas y turkmenitas (o turcomanas).

    Actualmente esta clase de complicada disposición de los grupos no es más diversa de la que uno encuentra en muchos países del mundo. Piensen cómo podría describirse a la disposición de los grupos involucrados en la política estadunidense. Así, para entender lo que es probable que ocurra en Irak, debemos cortar por entre esta diversidad para llegar al asunto o los asuntos más sobresalientes.

    Me parece que el punto más sobresaliente para los iraquíes en el Irak de hoy es si el país podrá o no sobrevivir como Estado unificado, uno que sea capaz de recobrar su posición de fuerza, económica y geopolíticamente, en la región. ¿Quién está contra esto? De hecho, hay únicamente dos grupos que son seriamente hostiles a un nacionalismo iraquí renovado y revivificado –los kurdos y las fuerzas chiítas encabezadas por Hakim. Los últimos sueñan con ser autónomos, de hecho independientes, en el sur de Irak, donde dominarían y dentro del cual hay ricos recursos petroleros. Quieren cortar todas las ligas con las regiones sunitas. Y quieren debilitar seriamente el campo de Sadr, el cual, aunque fuerte en esa región, en Bagdad no tiene rival. El bando de Hakim piensa que si Bagdad quedara escindido de la región, eventualmente destruiría al bando de Sadr.

    Los kurdos, por supuesto, sueñan con un Estado kurdo independiente, pero son gente eminentemente pragmática. Saben que un Estado kurdo encerrado tendría muchas dificultades para sobrevivir. Probablemente Turquía los invadiría, o también podría hacerlo Irán. Estados Unidos haría probablemente muy poco, y se sentiría muy avergonzado por todo ello. E Israel sería irrelevante. Así que es claro que los kurdos están listos para un arreglo en aras de una autonomía de facto en un Irak unificado. Seguramente siguen peleando con los otros por ver quién controla Kirkuk. Dudo que obtengan Kirkuk, y sospecho que lo más que harán será gruñir en voz alta.

    Ahora revisemos los otros. Las fuerzas árabes sunitas son también, en gran medida, bastante realistas. Se dan cuenta de que es imposible regresar a un Irak gobernado unilateralmente. Lo que realmente quieren ahora es una tajada justa de la maquinaria política del Estado y sus recursos (dado que su zona no tiene virtualmente petróleo, por lo menos hasta ahora). Aunque ya no puedan confiar en tener un Irak dominado por los sunitas, pueden confiar en tener un Irak restaurado en cuanto a su papel prominente en el mundo árabe, y es claro que ellos se beneficiarán, individual y colectivamente, de tal restauración.
    Entonces, al final, el grupo clave son los chiítas. Moqtada Sadr ha sido bastante claro desde el principio de que quiere un Irak unificado. Una de sus razones es que es la única manera en que su pueblo en Bagdad pueda sobrevivir y florecer. Otra es que cree en Irak. Seguramente él y sus seguidores sufrieron muy fuerte bajo los baathistas. Pero está abierto a negociar con los reformados y muy debilitados baathistas. Y ha demostrado esto con mucha claridad en los últimos dos años. Él le dio su apoyo moral al pueblo de Fallujah cuando estuvo bajo el asalto de las tropas estadunidenses hace dos años. Y esta gente ha sido recíproca en los recientes combates en Bagdad, cuando sus tropas estuvieron bajo asalto de las mismas fuerzas estadunidenses.

    Esto deja a uno de los jugadores principales, al gran ayatola Ali Sistani, el líder espiritual más importante de los chiítas en Irak. Sistani ha sido muy cuidadoso en su juego político desde la invasión estadunidense. Su prioridad ha sido mantener juntos a los chiítas. Casi nunca dice nada. Pero en los momentos cruciales está listo para intervenir. Cuando el procónsul estadunidense de antaño L. Paul Bremer quiso crear un gobierno iraquí más o menos por decreto, Sistani insistió en unas elecciones, y Estados Unidos tuvo que retractarse. El resultado es que obtuvo un gobierno dominado por los chiítas. Cuando hubo mucho pleito entre el bando de Hakim y el de Sadr, negoció una tregua.

    ¿Qué es lo que quiere Sistani? Teológicamente, quiere Najaf, su sitio, para que vuelva a ser el centro teológico del mundo religioso chiíta, en oposición a Qom en Irán, que ha venido a asumir ese papel, en especial desde la revolución iraní de 1979. Geopolíticamente, esto requiere un Irak fuerte, capaz de relacionarse con Irán como igual. Y para conseguir un Irak fuerte, necesita un Irak unificado, esencialmente uno que pueda sacar a los invasores estadunidenses.

    Actualmente Estados Unidos intenta hacer que Irak firme un acuerdo militar de largo plazo que pueda garantizar bases estadunidenses indefinidamente. El actual primer ministro de Irak, Nuri Maliki, intenta maniobrar esto sin que medie siquiera el voto del Parlamento. Moqtada Sadr está llamando a un referendo. Y también, o así parece, lo está haciendo Sistani. Un referendo, por supuesto, garantiza la derrota del acuerdo.

    Entonces, en 2009, parece lógico que Sadr, Sistani, los sunitas e incluso los kurdos se unan en una plataforma de unidad nacional y de retirada estadunidense total sin bases de largo plazo. Moqtada Sadr implementará esto como primer ministro. Hakim no estará contento, pero será mantenido a raya por Sistani. Los iraníes serán ambivalentes. El público estadunidense y los expertos se asombrarán de la relativa calma en Irak. Y el presidente Obama y el Pentágono no tendrán mucha posibilidad de elegir. Graciosamente asentirán. Pueden incluso proclamar una “victoria”.

    por Immanuel Wallerstein

    Traducción: Ramón Vera Herrera

    www.elclarin.cl

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