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    Si en los próximos meses Chile eligiera presidente es indudable que éste sería Piñera y, aunque no nos guste, él se ve cada vez más cerca del palacio de Toesca.

    Como la elección es realmente a fines de 2009, el naipe puede cambiar.

    La responsabilidad no es sólo la falta de liderazgo de Bachelet, sino la frágil herencia de los anteriores presidentes de su coalición.

    Se ve oscuro el panorama político chileno. Sobre su cielo azulado se están tiñendo nubes negras.

    El Transantiago que afectó exclusivamente a los capitalinos es el episodio que más ha favorecido el crecimiento del líder de la derecha, ya que en la capital reside el cuarenta por ciento de los chilenos.

    La determinación de ellos, en la hora de las presidenciales, puede inclinar la balanza a favor de la Alianza (UDI, RN y grupos minoritarios que se cuelgan a ese carro) y ¡qué mejor posicionado que Sebastián Mentiñera!

    Hay otros efectos que han perjudicado a la Concertación.

    El problema de la salud, con un aparato incapaz de solucionar los problemas de la gente, a pesar del proyecto Auge, que es  –dejando de lado sus defectos- un gran logro del Gobierno de Bachelet.

    Sin embargo las múltiples corrupciones que han afectado al Gobierno actual: asunto EFE, asunto Ministerio de Educación, asunto Ministerio de Bienes Nacionales y otros, han provocado una recaída que le puede costar el Gobierno a la Concertación a manos de uno de los empresarios más oscuros de la historia chilena contemporánea.

    Otro hecho que pesa es la no integración de los sectores políticos minoritarios, en especial el PC. Su aporte electoral (5%) es determinante en la próxima presidencial. Aunque pequeño y sectario (claro que no como en los viejos tiempos) el PC tiene la sartén por el mango.

    El próximo Presidente de Chile será Piñera o –con suerte- un socialista. La DC ya no cuenta, al menos que saque a reflotar la figura de Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Él podría aguarle la fiesta a Piñera, aunque –como diría el Quico-a mí “ninguno me simpatiza”.

    Otros efectos que han dañado a la Concertación, además, han sido el atropello a los derechos ciudadanos como ser la no participación -en la bonanza económica que da el cobre- de pescadores, de pequeños mineros, de profesores, de trabajadores de la salud y de otros grupos de trabajadores y el pueblo mapuche que, en gran medida, sigue siendo olvidado. Además de la carencia de una política educacional útil a todos.

    Otro aspecto importante ha sido el efecto negativo sobre los actores culturales marginados por no ser de ningún partido político. Entre los beneficiados predominan los elementos concertacionistas, hay algunos comunistas y algunos derechistas como es el caso del periodista Germán Gamonal, beneficiado para publicar un libro. Rosasco, escritor de derecha, ha sido miembro en las decisiones en la otorgación de esos recursos. Similar tarea tiene Constanza Mekis, concertacionista, de apagado desempeño en el Mineduc.

    Esos actores culturales marginados tienen un peso que, aunque pequeño, puede decidir el futuro político de Chile, mas cuando seguramente la definición será estrecha. Hay que pensar que los protagonistas de la cultura tienen algunos medios “propagandísticos” para ayudar a influir en decisiones ciudadanas y no es que los cultores de esas actividades -desengañados de la Concertación- vayan a votar o promover el apoyo para un alianzista, sino que simplemente hagan propaganda para anular el voto o guarden el “silencio de los inocentes”.

    A favor de Bachelet juegan sus políticas de viviendas sociales, aparte del ya mencionado Auge y algunos otros hechos, entre ellos el llamado “maletín literario”, que con sus virtudes y defectos, llegará a cuatrocientas mil familias pobres del país.

    La corrupción sigue siendo el “leit-motiv” que puede hacer naufragar el barco concertacionista a fines del año próximo.

    Si bien es cierto que en dictadura la corrupción fue mayor: Entrega de grandes propiedades de terrenos a sus adherentes, venta de activos del Estado a precio de huevo, enriquecimiento ilícito de otros partidarios de Pinochet y otros actos de plena inmoralidad, el chileno es olvidadizo y recuerda más lo de hoy que lo de ayer o anteayer.

    Bajo esa premisa es obvio que temamos lo peor: la llegada de un multimillonario a La Moneda; que un dueño de parte de Chile pretenda serlo de todo Chile.

    José Martínez Fernández

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