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    Por estos días, Armando Uribe, Premio Nacional de Literatura, relee autores franceses clásicos que describen los días de la ocupación alemana en Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Escuchamos a un viejo calmo, pausado, pero a la vez enérgico y apasionado en sus afirmaciones. Nos cuenta que su escritura en verso y prosa se encuentra en una etapa de gran prolifidad, que está pronto a lanzar con editorial LOM el libro Vergüenza Ajena, del que prefirió no adelantar nada. El intelectual habla  desde su experiencia y conocimientos personales. Ávido observador de la historia, ha dictado cátedras de derecho en las universidades de Chile y Católica en nuestro país, en la Universidad de Michigan en Estados Unidos, en la Universidad Degli Studi di Sassari en Italia y en la Sorbonne de Paris, donde jubiló luego de desempeñarse como profesor titular durante los 17 años que duró su exilio. Miembro de la Academia Chilena de la Lengua y de la Real Academia Española, experto en derecho minero y diplomático entre los años 1967 y 1973, ha publicado gran cantidad de obras de política, religión, derecho penal, minería, ficción y poesía. Parece un personaje propio de una novela o cuento de ficción. Rodeado de dibujos surrealistas y escuchando a Eric Satie, toma café de grano sentado en su sillón al interior del departamento que habita frente al Parque Forestal en Santiago, del que nos señala nunca salir. No obstante, sus declaraciones se alejan de la ficción, por el contrario, contienen verdades que muchos saben y  muchos desean ocultar.

    EDUCACIÓN DE CALIDAD

    – ¿Comó percibe la educación hoy en Chile?

    – Primero debo presentar qué antecedentes tengo en materia de educación; no sólo por haber estudiado en lo que antes se llamaba humanidades, ahora educación media para mediocres. Habiendo estudiado derecho en la Universidad de Chile, he hecho clases desde los años 60 hasta 1998; fui profesor titular y también extraordinario. Producido el golpe de Estado y teniendo yo una función diplomática -de carrera por lo demás- fui destituido porque me opuse a quienes habían realizado el golpe y a la dictadura. Estuve desterrado durante 17 años. Mis opiniones sobre la educación en Chile vienen de las experiencias personales, de conversaciones y lecturas.
    Yo creo que la educación que se llamaba primaria y ahora llaman básica en Chile, desde mediados del siglo XIX era una buena educación. Y eso lo prueba la historia, porque hay escritores que no tuvieron sino una educación primaria en Chile, la que era suficiente para formar intelectualmente y, por cierto, en la lectura y el escribir a escritores de primera línea. La educación secundaria  en el siglo XX pasó a estar dividida entre los colegios privados pagados y la educación pública gratuita. Ésta – humanidades se llamaba- se manifestaba sobre todo en liceos, algunos de los cuales tenían gran reputación, como el Instituto Nacional. Instituto público oficial y gratuito que ha servido a la educación en Chile por casi 200 años. Tengo la impresión que en el siglo XX se destacaron además numerosos colegios privados pagados, entre ellos los pertenecientes a órdenes religiosas.

    – ¿Cuán importante es la educación básica y media?

    – Yo le doy gran importancia a la educación secundaria o de humanidades, que ahora llaman media, porque la edad en que se recibe es el período de la adolescencia, que es el más rico en impresiones, sentimientos y conocimientos para cualquiera.

    – ¿Qué nos dice de la educación superior de aquel tiempo?

    – Mi conocimiento de la educación superior nace en la Universidad de Chile a partir del año 1950 que fue cuando yo entré. Pero en realidad mucho antes conocía bastante de la universidad debido a que mi padre era profesor de derecho. Así conocí las memorias que tenían que realizar los que, luego de una práctica judicial, se convertían en abogados. Leí memorias de prueba que me fueron adentrando en el derecho con bastante profundidad, lo cual tuvo como consecuencia que no tuviera dificultad ninguna frente a mis colegas pares en la facultad de la Sorbonne, porque mis estudios previos, incluyendo los de posgrado en Roma, pero sobre todo en la Universidad de Chile, fueron suficientes para ser un profesor de la misma categoría que los franceses; quienes en materia de derecho, y esa universidad sobre todo, tiene un gran prestigio histórico que se mantiene hasta ahora.

    – Existía entonces una educación de calidad en aquellos años.

    – Hay que aclarar que me refiero a antes de 1973, en que se produjo la más grande ruptura que ha padecido el Chile republicano. Se puede indicar como fecha inicial del Estado formado en Chile, el período de Portales y Andrés Bello, y la fecha de la Constitución de 1833 como inicio del Estado en Chile. 10 años después fue fundada la Universidad de Chile. El Estado histórico chileno dura 140 años, desde 1833 hasta 1973. Yo considero que en ese período en que fui estudiante de primaria, secundaria y universitario -además de profesor universitario- había una buena educación pública impartida por el Estado y también por privados, en el caso de los colegios. Ello mientras existió el Estado histórico, que fue destruido con el golpe de Estado y la dictadura y no ha sido reconstituido desde 1990 hasta ahora.

    – ¿Con qué universidad se encontró al regresar?

    – Cuando retorné a Chile después del destierro empecé a hacer clases en l991. La Universidad de Chile no era ni la sombra de lo que había sido entre 1942 y 1973. ¡Ni la sombra! Y tanto estudiantes como profesores, de inferior categoría. La calidad, la preparación y la inteligencia de los profesores de la Facultad de Derecho cuando regresé, eran francamente muy inferiores a la Facultad cuando fui estudiante y profesor antes de 1973. Los profesores habían sido nombrados a dedo por el Decano de Derecho que fue ministro del señor Pinochet, Hugo Rosende, como ocurrió con otras facultades.  Los estudiantes -lo que demostraba su mala preparación desde la básica-cometían errores en pruebas escritas en quinto año de derecho, no sólo de ortografía, que era imposible de mala, en circunstancias que antes, a los 7 u 8 años  los niños tenían ya una ortografía correcta. También había errores de sintaxis, de gramática, fallas en el pensamiento, fallas sin solución posible porque las raíces estaban en la niñez de estos que llegaban al último año de la universidad y no sabían escribir. Eso sucedía en numerosísimos casos. Además, después de que dejé de hacer clases, en 1998, hablando con algunos que habían sido mis estudiantes, los más brillantes o destacados, me confesaron que su formación personal intelectualmente en derecho y otras materias, había sido autodidacta, que se habían formado a sí mismos y no por los estudios de básica, media y universitarios. Creo que eso sigue hasta hoy, porque a pesar de que mi experiencia directa terminó el año 1998, he seguido viendo gente joven de distintas universidades y tienen las mismas quejas y críticas que pude constatar en los años 90.

    – ¿Podemos decir que se inicia una crisis en la educación el año 1973 que no ha terminado?

    – Evidentemente, pero hay otro elemento que daña enormemente la educación de los niños, adolescentes y jóvenes. La enseñanza se imparte en cursos de básica, media y superiores, pero la educación no es sólo la enseñanza. Es también la formación intelectual y de costumbres que se va recibiendo desde la niñez. La mitad de la importancia para la educación la tiene la enseñanza y la otra mitad la tienen los ejemplos o ilustraciones que dan los que tienen autoridad en el país. O sea, los principales políticos y también los principales empresarios que forman parte de la oligarquía. Resulta que los ejemplos que se han dado en Chile en los últimos 30 años o más son pésimos, muy negativos. Por eso no es de extrañarse que la educación esté aportillada desde la niñez.

    – Volviendo al comienzo, ¿Qué opinión tiene de la situación actual de la educación?

    – La educación en Chile es pésima, pero tiene causas históricas. Entre las cuales lo más destacado es el golpe de Estado, la dictadura, la continuidad de la dictadura desde 1990 hasta ahora y la destrucción del Estado histórico del cual dependía la educación. Eso, acompañado de una campaña ideológica constante que continúa. Hace dos días de nuevo un articulista semanal del diario La Segunda habla de la educación y critica el que se insista en que el Estado tenga que intervenir desde la primaria. Y es obvio que en Chile ha sido el Estado el que ha manejado la educación y que provocó que la educación fuera buena hasta el golpe de Estado.

    LGE, MOVIMIENTOS Y POLÍTICOS

    – ¿Qué piensa de la recién aprobada LGE en la Cámara de Diputados?

    – Ahora le ponen esa sigla LGE, en vez de Ley Orgánica Constitucional de Educación, pero eso no significa nada. Lo que importa es el contenido y éste ha sido criticado por muchos, incluyendo los más directamente afectados, que son los estudiantes secundarios, universitarios y profesores. Me abstengo de opinar porque no he estudiado la ley. Pero al parecer, en las materias de fondo no modifica absolutamente nada.

    – Hay un movimiento de secundarios, universitarios y profesores que están exigiendo una educación pública de calidad y gratuita. ¿Qué le parece esto?

    – Eso es lo verdaderamente importante de lo ocurrido desde el año 2006: ese movimiento estudiantil inicialmente de niños de colegios y liceos. Y lo importante es que se crea una alianza entre estudiantes y profesores, pero tiene que ser mas vasta, porque históricamente en Chile y en otros países, cuando se produce una alianza verdadera entre estudiantado y sectores de trabajadores organizados es cuando realmente puede haber modificaciones y cambios de fondo en la construcción de los países. Todavía no la hay. La introducción de los profesores -son trabajadores es cierto, pero una categoría muy especial- tendría que extenderse a otros campos de la actividad laboral de importancia. Por ejemplo, si hubiera alianza entre estudiantado y obreros de la gran minería del cobre, sí que sería fuerte. Pero no hay ningún partido que esté en condiciones de procurar eso. Ni siquiera el Partido Comunista, mucho menos el Humanista.

    – ¿Considera Ud. que en los últimos años hay un proceso de revitalización de los movimientos sociales?

    – Muy lento creo yo, muy lento. Organizativamente todavía no, porque los trabajadores que están organizados en la CUT son una minoría.

    – ¿Y los partidos comunista y humanista que menciona?

    – No tienen la capacidad, tienen una cúpula que los dirige y una base que los apoya, pero no hay relación entre la cúpula y la base. Es lo mismo que pasa con todos los demás partidos políticos de gobierno y oposición. No hay relación verdadera entre la cúpula y la base.

    – ¿Qué le parece que el Partido Comunista esté negociando con la Concertación para las próximas elecciones municipales?

    – Demuestra que si lo llega a hacer, forma parte del mismo sistema político moralmente nefasto que existe en Chile.

    EL ESTADO NO EXISTE

    – Usted dice que se produjo una ruptura del Estado en Chile, ¿qué pasa con el Estado actualmente?

    – Acá no hay Estado, hay un aparato estatal, una administración, pero no un Estado en el sentido real de la palabra. Yo he hecho clases de ciencias políticas así que sé de lo que estoy hablando. Y de ahí provienen todas las dificultades que se presentan en la educación, pero también en muchos otros campos. Alegan cotidianamente de que hay que hacer modernizaciones al Estado, pero el problema es recrear el Estado en Chile. Pero los sectores que han gobernado desde 1990 hasta ahora comprenden no sólo a quienes han detentado el poder ejecutivo -el gobierno- sino también a los que dirigen la oposición política. O sea, no ha gobernado sólo la Concertación, sino que ha gobernado junto con lo que llaman Alianza por Chile. Los dos grupos políticos que son los principales, debido al sistema electoral y otros motivos, han ejercido el poder en conjunto, acompañados del empresariado principal, que en muchas ocasiones tiene más fuerza que los poderes del Estado, que el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Son los poderes económicos y financieros que, por cierto, se introducen en toda clase de asuntos políticos, sociales y culturales.

    – ¿Qué hacer frente a esto?

    – En Chile tiene que haber una modificación de la vida pública en general, en relación con que exista un Estado verdadero y que funcione como tal y que el poder sea detentado por quienes llegan al poder a través de elecciones justas y no por un conjunto de personas provenientes del gobierno, de oposición, y del empresariado. O sea, estamos gobernados en la realidad, desde hace 35 años, por una oligarquía. En Chile el régimen político es la oligarquía que está compuesta de estos tres sectores que están relacionados unos con otros y funcionan en el mismo sentido. Y lo principal en que coinciden plenamente es la ideología, que no es sólo un modelo económico, sino es una ideología llamada neoliberal capitalista de mercado desregulado, es decir, mercado sin control suficiente. Es cierto que este sistema funciona en el mundo entero actualmente. Por primera vez en la historia y la prehistoria hay una sola ideología en el mundo, en el globo entero, incluso en países que Estados Unidos -el asiento principal de esta ideología- considera sus enemigos, como Irán, Cuba y otros. Puede que en esos países no se aplique por completo el neoliberalismo al interior, pero en sus relaciones exteriores, económicas, financieras y de todo orden, quedan sujetos al mismo sistema e ideología neoliberal capitalista de mercado desregulado.

    – ¿El que impere esta ideología es lo que nos lleva a esta situación donde no hay Estado?

    – Justamente, esto si bien existe en todo el mundo, en Chile este sistema empezó a aplicarse el año 1975, antes que en ningún otro país. Sólo años más tarde comenzó en Gran Bretaña con la señora Thatcher y en EE.UU. con Reagan como presidente. Incluso la señora Thatcher mandó una comisión especial para examinar como funcionaba a mediados de los años setenta, antes de llegar a ser primera ministra.
    – ¿Se puede decir que en Chile se testeó el modelo antes de aplicarlo a nivel global?

    – Chile ha sido laboratorio para algunas cosas internacionales que lo exceden como país y este es uno de los casos. Esta ideología neoliberal capitalista cubre lo político, lo social y lo que llaman cultural, además de lo económico y financiero.

    CONSTITUCIÓN DICTATORIAL

    – ¿Qué piensa sobre la Constitución que nos rige, dictada por Pinochet?

    – En Chile tiene que recrearse un verdadero Estado, con todo el respeto necesario al Estado histórico que duró 140 años y que cesó de existir con el golpe de Estado y la dictadura y con la continuidad de ésta hasta ahora. La mayor parte de las leyes del período del señor Pinochet continúan en vigencia, no sólo en la Constitución, que se ha modificado en algunos aspectos, pero que sigue teniendo un espíritu autoritario y dictatorial. Hay campos en que no ha habido modificaciones y merece haberla y además, algo tan importante como son las leyes orgánicas constitucionales, que fueron dictadas  por la dictadura entre 1981 y 1990. En la Constitución se establecen leyes orgánicas constitucionales en 17 casos sobre las materias más importantes de la vida pública en Chile: la presidencia de la república, el congreso nacional, los partidos políticos, la educación, las concesiones mineras, etc. que no han sido modificadas ni reemplazadas en aspecto alguno.

    – Pero Lagos señala que él ya cambió la Constitución de Pinoch
    et

    – Las modificaciones hechas a las leyes orgánicas constitucionales son pocas, mínimas y secundarias. Todo lo esencial fue dictado por el gobierno de Pinochet, sobre todo en los últimos meses anteriores a la entrega del gobierno al señor Aywin, en marzo de 1990. Incluso hasta el día antes de ese hecho. Ello demuestra que vivimos la continuidad de la dictadura. Las leyes más importantes son decretos leyes de Pinochet, por ejemplo, el decreto ley número 600 que es el que regula las inversiones extranjeras en Chile. Este determina que los inversionistas extranjeros forman parte de un contrato en el que ellos son una parte y la otra es el Estado chileno, y éste se compromete frente al inversionista. Es una cosa inaceptable, son los llamados contratos leyes que, cuando se nacionalizó el cobre en 1971, fueron criticados duramente por los parlamentarios y la opinión pública y se decidió que no podían existir. Sin embargo, ese decreto ley 600 los reestablece plenamente y eso crea problemas para la independencia de Chile, sobre todo en materia de la gran minería del cobre, pero también en muchas otras materias.

    – ¿Es factible en Chile un proceso de asamblea constituyente?

    – Mire me abstengo de opinar en eso porque por la edad no tengo la posibilidad de intervenir en esto cuando se pueda  producir. No lo sé la verdad.


    CHILE SIN UN COBRE

    – ¿Qué le parece que si bien el cobre constitucionalmente es chileno, se explote en un 70% por empresas privadas, en su gran mayoría extranjeras?
    – Eso es lo más grave que pasa en materia económica y social. Se nacionalizó la gran minería del cobre, pero desde los ‘90 hasta ahora y bajo Pinochet, por cierto, ha sido desnacionalizada en más de dos tercios; un tercio de la gran minería del cobre es Codelco y dos tercios son privados de mineras multinacionales y trasnacionales, principalmente norteamericanas, pero también canadienses, australianas, etc. Esto es una cosa monstruosa. Chile ocupa, con todas las exportaciones, incluyendo las privadas y Codelco, más del 33% del mercado internacional del cobre. Es decir, el cobre chileno cubre las necesidades del mundo entero en una tercera parte. Ahora bien, la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) corresponde a 11 países que tienen que ponerse de acuerdo y que cubren menos del tercio del consumo mundial de crudo. O sea, la OPEP tiene menos participación en el mercado mundial de petróleo que Chile solo en términos de cobre. La OPEP fija el precio del petróleo y Chile no interviene para nada en el precio del cobre, lo que es monstruoso. Es el hazmerreír de los que saben de estas cosas en el mundo. Por ineptitud, por malicia, vaya uno a saber.

    – ¿Cómo se podría renacionalizar el cobre?

    – La Constitución dictada por Pinochet  en 1980 contiene en materia minera las mismas reglas que había en la modificación constitucional que se hizo en 1971, es decir, la que nacionaliza el cobre. Pese a todo el ánimo de privatizarlo todo del gobierno de Pinochet, dos generales que tenían máximo mando de tropas en ese momento y un almirante, que era el ministro de minería, rechazaron que se pudiera abrir el dominio del Estado sobre la gran minería del cobre porque era estratégico. Y Pinochet tuvo que poner en su Constitución que el Estado tiene el dominio absoluto, exclusivo, inalienable e imprescriptible de todas las minas. Es decir, pueden hacerse concesiones mineras a privados, pero esas concesiones no le dan ningún derecho al privado sobre el yacimiento. Se dice además que respecto de las concesiones a privados, éstos tienen la obligación de satisfacer el interés público que justifica el otorgamiento de la concesión. Ahí el Estado tiene pleno derecho de exigirles que cumplan con el interés público en la explotación de esos minerales y no lo hace; el Estado no lo exige pese a que puede. Incluso en las disposiciones transitorias de la Constitución del 80 se dice que la gran minería del cobre y las empresas consideradas como tal seguirán sujetas a las leyes establecidas en 1971.

    – ¿Los chilenos conocen estos alcances de las leyes del cobre
    ?

    – Hay vetos constantes para la publicación de estas cosas por parte mía y de otros economistas y personas especializadas en materia minera. Yo era el único en la Universidad de Chile que sostenía esto, que es evidente, es el abc del derecho. La gran minería del cobre y las empresas consideradas como tal son nacionalizables o bien están nacionalizadas ya, eso está pendiente. Yo escribí un libro que se llama Carta abierta a Agustín Edwards en materia de la minería del cobre, a propósito del veto que hizo Edwards a una entrevista que me había hecho el diario El Mercurio. Publiqué en ese libro la entrevista íntegra. Entre ellos se defienden muy bien, estos individuos y sus intereses.

    – ¿Qué han hecho los gobiernos de la Concertación por hacer cumplir la ley y aprovechar esta enorme cantidad de recursos?

    – Yo soy partidario de creer lo que un gran historiador alemán escribió: el rol de la tontería en la historia ha sido demasiado subestimado. Es cierto, soy partidario de tomar en cuenta la tontería pública, colectiva. Porque los seres humanos somos todos imperfectos y entre esas imperfecciones está la estupidez, la tontería, la necedad, acompañada también por la pereza. Foucault dijo que la gran pasión de los seres humanos es la pereza; la tontería se expresa también en la pereza. En el caso chileno, es evidente todo esto desde el 90 hasta ahora. Fue en este período en que la Concertación, en acuerdo con la Alianza y con el empresariado principal permitieron que se desnacionalizara la gran minería del cobre. Habiéndolo hecho manifiesto a través de libros yo mismo y otras personas, como el ingeniero de minas Julián Alcayaga, que ha publicado dos o tres libros sobre estas materias, no pueden escudarse en que no sabían. No pueden ocultarse siquiera detrás de su propia flojera,  por lo tanto, se puede atribuir malicia, no solo negligencia, a quienes han tomado decisiones, sobre todo la de no actuar, de no hacer nada. Esa omisión no se puede sino atribuir a un grado de evidente malicia en algunas personas. De los presidentes de la república, el señor Aywin tenía perfecto conocimiento de lo que estoy hablando en materia de gran minería del cobre. El señor Frei Ruiz Tagle es ingeniero, un hombre de derecho que contó con ministros de minería que estaban obligados a informarlo. El señor Lagos no me cabe ninguna duda que está al tanto. Y esta señora Bachelet no puede negarse a ser responsable de la monstruosidad económica, política, social y cultural de que la principal riqueza del país no esté satisfaciendo las necesidades del Estado chileno en materia de educación, salud y vivienda al menos.

    – ¿Cuánto ha dejado de recibir el Estado chileno por esta situación?

    – Lo que han reunido las compañías extranjeras de la gran minería del cobre hasta el año 2002, sin entregar al Estado -teniendo la obligación de hacerlo- eran 16 mil millones de dólares. Entre 2003 y ahora, otro tanto. De modo que hay de veintitantos a 30 mil millones de dólares que el fisco chileno no ha recibido por descuido, negligencia, flojera, estupidez. Esto es lo más grave de lo que van a acusar históricamente a estos gobiernos.

    – Algunos plantean que hay cierto reordenamiento de las fuerzas políticas; ¿existe  realmente?

    – Esas son palabras no más. En lo esencial nadie ha cogido banderas esenciales. La bandera de la gran minería del cobre es esencial y ninguno la ha tomado. El único que la tenía fue liquidado, en mi opinión por las compañías multinacionales, por una causa completamente ajena a todo esto, que era el senador Lavanderos. Era el único parlamentario que estaba siguiendo esto, publicando y organizando comisiones dentro del propio Senado, la última de las cuales fue organizada el año anterior a que fuera ajusticiado. Por lo demás, por delitos que a mí me parecen –después de todo en Roma estudié derecho penal- muy dudosos. Con eso liquidaron la espina más peligrosa que tenían los intereses privados multinacionales de la minería del cobre. Estoy seguro, sin tener prueba alguna, que fueron los que provocaron esta marginación absoluta de Lavanderos. No me extrañaría por ejemplo que su abogado haya sido pagado por las trasnacionales de la minería para manejar mal el juicio. Ninguna de esas cosas que parecen de espionaje dejan de ocurrir.

    – ¿Qué opinión tiene de la presidenta?

    – Esta señora se metió en camisa de once varas. No es de muchas luces, por no decirlo de manera más dura. En los grandes discursos que ha hecho, donde recomienda moralmente que se porten bien y que lleguen a la hora, en realidad demuestra tontería y se pasa diciendo cosas banales. En estas materias de que hemos hablado, educación y minería, no sabe nada. No es capaz de tener ideas propias.

    Por Sebastián Larraín Saá

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