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    “La Constitución del Bicentenario debe nacer de un proceso democrático en el cual la ciudadanía reflexione, analice, discuta y resuelva el texto constitucional”.

    Cinco diputados y dos dirigentes juveniles de la Concertación suscribieron una declaración titulada “Asamblea Constituyente para el Bicentenario”, cuyo texto íntegro es el siguiente:

    “Como han señalado algunos pre-candidatos presidenciales de la Concertación, compartimos que la necesidad de avanzar hacia una nueva Constitución podría ser uno de los temas claves de la próxima campaña presidencial del 2009; sin embargo, diferimos en torno al enfoque con el cual debe enfrentarse dicha reforma.

    Chile nunca ha tenido una Constitución Política del Estado realmente democrática, nunca. Una Constitución democrática nace por y desde el poder del Pueblo, no por el Poder Instituido. Las Constituciones de 1833, 1925 y 1980 no sólo fueron redactadas por quienes integraban y manejaban las riendas del poder, sino que fueron aprobadas sobre la base de plebiscitos controlados, que no garantizaban la libre y plena participación ciudadana, incluso manipulados, como ocurrió durante la dictadura militar.

    En la de 1833 no existió ningún mecanismo de aprobación ciudadana; la de 1925 fue redactada por 15 ilustres que fueron designados por el poder constituido y en su plebiscito se abstuvo el 56,2% de los ciudadanos que tenían derecho a sufragar, los que, por cierto, ya eran pocos; la de 1980 fue hecha a la usanza de una dictadura militar.

    En relación a la ‘Constitución del 2005’, estimamos que, a pesar de los cambios realizados, que eliminaron resabios autoritarios de nuestro sistema político, la misma mantiene incólume sus bases y principios doctrinarios.

    La ‘doctrina originalista’ que rige sobre la Constitución, su concepción neoliberal, en cuanto a su dogmática y ejercicio de los derechos, y neopresidencialista, en cuanto a la definición de su orgánica constitucional, no han cambiado un ápice. Como señaló Lampedusa, esto sólo reafirmó el carácter gatopardista de nuestra Carta Magna. Cambiar, sin cambiar nada. Por más que la Constitución de 1980 sea la más reformada de nuestra historia (más de 100 reformas), es también la que menos cambia en sus aspectos fundamentales.

    El verdadero cambio para el Bicentenario será abrir las grandes Alamedas y dejar que el Pueblo re-constituya nuestro régimen político, social y económico. Este cambio constitucional debe provenir necesariamente desde abajo hacia arriba, desde el Pueblo a La Moneda.

    La Constitución del Bicentenario debe nacer de un proceso democrático en el cual la ciudadanía reflexione, analice, discuta y resuelva el texto constitucional; nos parece la formula más pluralista y democrática. Es por ello que son inaceptables las propuestas de cambio surgidas en hoteles de élite, no queremos que Chile se construya desde las termas de nuestro país, mucho menos que sea el poder instituido el actor que provoque los cambios del régimen.

    Esto no significa deslegitimar los poderes de nuestro Estado; por el contrario, es relegitimar el rol representativo de nuestras instituciones.

    Como progresistas, nuestro compromiso es re-constituir la política, hacerla más ciudadana y participativa, reformar los partidos y cambiar el modelo de desarrollo que rige sobre nuestro país.

    Nosotros no estamos por apernarnos en el poder, sino que por transformarlo. Queremos Asamblea Constituyente, aquí y ahora.

    Firman:
    Alejandro Sule, Diputado de la República
    Tucapel Jiménez, Diputado de la República
    Carolina Tohá, Diputada de la República
    Ramón Farías, Diputado de la República
    Guido Girardi Briere, Diputado de la República
    Rubén Darío Díaz, Secretario General Juventud Radical
    Carolina Cabrera, Secretaria General Juventud PPD”

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