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    En Chile, la Derecha se agrupa mayoritariamente en dos partidos, Renovación Nacional. (RN) y la Unión demócrata Independiente (UDI), autoproclamados “Aliancistas”

    Hace unos días atrás, el ex candidato a la presidencia, el militante de la Unión Demócrata Independiente, Joaquín Lavín, se ha declarado Aliancista-Bachelista. En relación a su apoyo a ciertas políticas implementadas por la actual presidenta de Chile, Michel Bachelet y su gobierno. El asunto podría ser tomado como algo meramente anecdótico, especialmente porque un distinguido representante de la derecha más reaccionaria y sanguinaria que ha conocido Chile, haga público su apoyo a una presidenta “socialista”, no solamente es raro, sino que también muy poco común.

    Además, siguiendo el mismo racionamiento, ¿Entonces también podría ser Aliancista-Allendista?


    Pero lo que ha cometido Joaquín Lavín es una torpeza de proporciones. Ha cometido una indiscreción que podría haber significado una tremenda reacción por parte de la población chilena, pero, debido a la manipulación, uso y abuso de los medios de comunicación y la brutal distorsión de la realidad y de ciertos hechos, el asunto, el “desliz” proclamado, fue tergiversado y arreado hacia otros cauces. Y no solamente eso, fue manipulado para hacer ver al admirador de Pinochet como un hombre de mirar amplio y por sobre todas las cosas, justo y democrático.

    Joaquín Lavín sólo confirmó lo que es sabido y consabido por el gran empresariado. (Empresarios como tales y aquellos que las ofician de “políticos-empresarios”) Dejó claro que todos pertenecen a la misma cofradía, que todos los que nos gobiernan como aquellos que nos cobran hasta por respirar, pertenecen a las mismas filas. Su error fue admitirlo pública y tácitamente al brindar su apoyo al “progresista” gobierno de la concertación.

    Sin ir más lejos, en la empresa Transantiago, comparten acciones, valores y rentas, tanto personeros de derecha, como del gobierno de la concertación. (Negocios son negocios)

    No es un secreto que los mejores administradores del legado de Pinochet y las políticas rapaces de la Derecha, han sido todos los Gobiernos de la Concertación en Chile.

    La derecha juega y participa del “juego democrático” única y exclusivamente para darle validez a la institucionalidad del saqueo que existe en el país. Llamaría la atención que toda la Derecha reconociera que bajo los gobiernos de la Concertación es cuando mejores negocios han hecho. Llamaría la atención estar de acuerdo en las políticas de los “progresistas gobiernos democráticos”

    Derecha y Concertación forman una canasta fabricada y trenzada con extensiones venidas de la misma raíz carnívora llamada empresa privada. Cesto entretejido de tal manera que produce espacios muy pequeños por donde entran exiguas cantidades de oxigeno para no ahogar la carga que se llevan, (Espacios traducidos en ciertas libertades restringidas) pero que igual cumple la función de transportar enormes cantidades de recursos de toda índole a dudosas arcas particulares.

    Una distinguida canasta sólo para ciertas castas.

    Es entonces que ciertas gárgolas gubernamentales que ya creíamos idas, olvidadas y muertas, atisban saludables y sedientas, como de costumbre, desde todos los espacios y desde todos los rincones oscurecidos a garrotazo de leyes y disfraces jurídicos.

    Después del golpe fascista de 1973 contra Salador Allende, se produjo una revolución en Chile. Aunque mejor dicho una contrarrevolución contra los avances populares, contra las conquistas ganadas durante casi un siglo por la clase trabajadora, el pueblo en su conjunto.

    Impuesto el terror, la muerte, el miedo, el oscurantismo y el pasaje más repulsivo de toda la historia Chilena, ni siquiera comparado con la conquista española. Fue difícil para el pueblo en su conjunto reclamar en contra de ciertas “renovadoras medidas de progreso”.
    Mientras los militares asesinaban, y torturaban, mientras los militares hacían desaparecer, hervían y quemaban seres humanos, no hubo quien dijera algo en contra del Boom económico que se cernía sobre Chile.

    Impuestos, repetitivos Toques de queda y de la Dignidad, como así también el “Estado de sitio” por años, fue la base para la implementación y la imposición de un modelo económico jamás visto en el mundo. La continuidad del liberalismo económico pero llevado a extremos nunca antes visto.

    Toda esta política rapaz se instauro bajo el auspicio de la Dictadura de los Militares. Los cuales, sabiéndose incompetentes y estúpidos a la hora de realizar siquiera una suma, pero avariciosos como corsarios empresarios, brindaron todo su apoyo a la jauría económica creada y criada en Chile, la que después fue ungida en los Estados Unidos.

    La implementación económica y revolucionaria que se instauró en Chile estuvo a cargo de los famosos economistas egresados de la Universidad Católica de Chile y perfeccionados en Estados Unidos. Los Chicago Boys.
    Su tarea fue sacar a Chile de la terrible crisis inflacionaria que la misma derecha y el gobierno de Estados Unidos habían inmerso al país durante el gobierno de Salvador Allende, a través del bloqueo económico, sabotajes de toda índole y un abyecto boicot de todas las especies.

    Para esto efectuaron severas políticas sociales, disminuyendo el gasto público. Recortando los beneficios sociales que tenían los pobres.
    Se privatizó todo lo que antes había sido estatizado. Se bajaron los impuestos aduaneros (llenando el país, igual que ahora de productos de toda índole y convirtiendo al país en un mero exportador de materias primas. Un simple país bananero) se incentivó la inversión extranjera enfatizando el mercado financiero (especuladores del capital con recursos ajenos) Sumiendo al pueblo en la miseria se logró “levantar” la economía.

    Desde el 73 al año 1980 el país estuvo en estado de sitio, con las consabidas restricciones democráticas, sin la tutela de un reglamento jurídico. No había legislación, sólo se gobernaba por decretos leyes (imposiciones) No se podían crear partidos políticos, no había oposición, ni parlamento, ni congreso. No había derechos ni libertades individuales.
    Solo el año 1980 se dictó una constitución, la cual, bajo fraude electoral se aprobó, pero que en la práctica sólo se ejerció hasta 1990.

    Se crearon agrupaciones que asesoraban al gobierno, como fueron Los Gremialistas, los mismos que salen, posan, bailan en el congreso y hablan desde todos los medios de comunicación todos los días en esta “democracia”.

    Los gremialistas tuvieron su máxima figura con Jaime Guzmán, fundador del partido de ultraderecha UDI.

    Entonces, bajo este reinando del Terror ciertos ilustres economistas pudieron hacer lo que se les diera la gana. Especialmente saquear nuestros recursos naturales, y hacer vivir a todo un pueblo en la carestía, mientras ellos vivían (y viven) como reyes. Como es el caso de Joaquín Lavín.

    Joaquín, el abanderado de la derecha que proyecta infinitas muestras de simpatía por la presidenta socialista, la cual, lo invita a formar parte de una mesa de estudio respecto a cómo debería ser el sueldo ético y justo de los trabajadores de Chile.
    Este funesto personajillo formó parte de los economistas que hambrearon a todo un país en la década de los 80.

    Una vez egresado de la Universidad Católica, es adiestrado y aleonado en Estados Unidos por uno de los íconos del salvajismo y canibalismo económico, Milton Friedman.

    Durante el período de la Dictadura se enajenaron alrededor de 730 empresas estatales. Sólo en el caso de 30 de ellas, fueron vendidas a precios inferiores a los reales, causando pérdidas de 2.200 millones de dólares. Unos 6.000 millones en la época actual.

    ¿Quién responde por ese dinero? ¿Cuánto tocaron de comisión los vendedores?
    ¿Cuántos niños se podrían haber educado con ese dinero? ¿Cuántas carreras gratis en la Universidades? ¿Cuántos enfermos se podrían atender?

    Sería lato seguir enumerando todas las irregularidades e injusticias realizadas bajo la Dictadura de Pinochet. Lo cierto es que si este fuese un país de verdad, un país honesto, Joaquín Lavín, Hernán Bûchi y una larga lista de liberales economistas deberían ser juzgados por delitos graves en contra de los Derechos Humanos, malversación de fondos, estafa, desfalco y un sinnúmero de cargos más.

    Sueldos miserables, ausencia de viviendas y casas dignas, una educación desastrosa, Universidades encarecidas y usureras, horas extras impagas, sábados y domingos obligatorios en los trabajos, las 12 horas continuas, cientos de ollas comunes tratando de apalear el hambre, un sistema de salud cavernario y mediocre, pensiones de hambre y un etcétera tan largo que alcanzará a ser leído por siglos.

    Joaquín Lavín debería estar colgando de una plaza pública. Lapidado con los miles de panes duros que todo un pueblo tuvo que comer una y otra vez. Encerrado en su oficina con las millones de ratas que salían de todos los rincones buscando comida en aquellos gloriosos tiempos de auge económico. Mordido por todos los perros que los pobres tuvieron que matar para saciar el hambre.

    Cuando uno habla en forma abstracta de los “capitalistas o empresarios” y no le da nombre al asunto, ésta es otra excepción. Este es un criminal mercantil de la peor ralea.Un hijo de puta que es príncipe en el país de los ciegos. De esa ceguera cognitiva y cultural que tanto él como sus socios ciernen sobre los ojos de millones de seres humanos.

    A sabiendas como funciona el Estado de Derecho en Chile, lo más justo sería que Joaquín Lavín termine sus días de la misma manera que Jaime Guzmán.

    Es tanto el descaro, que este leal colaborador de la Dictadura, incluso se dio el lujo de crear una nueva universidad, privada por supuesto, a sólo días, del cambio de gobierno entre un traidor y otro traidor (Pinochet y Aylwin) en el año 1990. La triste famosa Universidad del Desarrollo. Institución de “excelencia académica” que descansa sobre los cuerpos rotos de miles de torturados y asesinados. En la cual no hay escritorio que no esté apoyado en el fémur quebrado a martillazo militar.
    No es raro que por lo menos tres de los Chicago boys de Pinochet estén a la cabeza de ese antro o covacha para todo tipo de fachas.

    Pero lamentablemente, a sabiendas de su pasado perfumado elegantemente con la sangre que nunca maculó su marmórea camisa blanca, pero si la compró, su eterna cara de imbécil, su vocecita de profesorcillo de religión, (ad-hoc con su militancia en el Opus-dei) su estúpida sonrisa abarrotada de flúor, es del gran gusto de los que no saben o se olvidaron de ciertos detalles que tanto él como otros ocultan o no comentan.

    Su apoyo a la gerencia gubernamental que regenta Chile en estos días, es sólo un paréntesis de la realidad donde un bufón más saca su máscara de porcelana.

    El peor negocio que podría hacer la derecha, sería ser gobierno. Pero eso es tema para otras líneas.

    Diga que leyó este artículo y pida una rebaja de sufrimientos donde su empleador más cercano

    Andrés Bianque

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