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    -Aló mamá , mañana te llamo. Puede que te tenga una sorpresa- dijo colgando el teléfono Wenceslao Romero, un joven sureño de 33 años de edad a quien nunca le gustó su nombre y que entregó su testimonio a El Ciudadano para dar cuenta de cómo es la vida al interior del Congreso Nacional.


    vertedero
    “Todo fue una simple casualidad. Había viajado a Valparaíso con el fin de visitar a una poetisa del sur que vive en el puerto, cuando se me ocurrió llevarle una propuesta a un diputado. A este le interesó, y en menos de una semana me encontré trabajando en el puesto de asesor, con credencial y todo”, nos cuenta de forma testimonial el joven dedicado hoy en día a la venta de flores.
    -Aló, mamá. Me contrataron! No ganaré mucho dinero, pero ya estoy aquí conociendo el muñequeo de los “sordos”. Está weá es otro mundo, bueno debo colgar: está sonando la alarma que indica que los diputados entran a sesión y debo llevar unos textos a la sala. – nos narra Romero.
    En el Congreso Nacional, según nos cuenta nuestro entrevistado, y específicamente en la torre de la Cámara Baja, los lujos son apoteósicos –conste que no trabajaba en la torre del senado, donde quien sabe con qué tipo de excesos nos encontraremos.

    Wenceslao ¿cómo puedes describir la vida al interior del Congreso?
    Como una suerte que no todos tienen, son muchas las regalías que se reciben trabajando para la corporación , desde llamar gratis a celulares y teléfonos fijos, a comer tal cual si fueses invitado a un banquete.

    ¿Puedes describirme en que consistían esos banquetes?
    Para que te hagas una idea, yo comía donde se sirve el personal del congreso, secretarias, asesores, periodistas, choferes, guardias de seguridad, etc. En este lugar nosotros teníamos a diario para elegir entre distintos platos, tú pasabas con una bandeja y decidías si comer carne con champiñones, porotos, pescado, pollo con papas fritas, pavo. También podías pedir consomé y distintas ensaladas, pan negro y blanco más tu respectivo postre, donde tenías otra gama y variedad para elegir a tu antojo. De las bebidas mejor ni hablar, teníamos máquinas de todas las marcas Bilz, Fanta, Kem piña, tú ibas, apretabas el botón y te repetías las veces que quisieras. Finalmente, si gustabas, podías tomar café de grano.

    Tú dices que comías “en el patio trasero del congreso”. ¿dónde estaban los parlamentarios?
    Bueno, ellos tienen salones de almuerzo separados por bancadas, y cuando reciben alguna visita especial, van al llamado piso 14, que es la parte alta de la torre de la cámara de diputados. Pero, imagínate, si nosotros comíamos bien, cómo lo hacían ellos. Un ejemplo es que para el almuerzo los diputados podían agregar vino o algún otro licor a su comida. Vi a varios, tanto hombres como mujeres, salir medios chusmeados, pero eso es lo de menos, lo triste es que en el edificio había un excesivo lujo.

    Este es el Chile parlamentario de las bajas asistencias y el lujo. Autos último modelo, viajes en avión gratuitos, choferes, equipos celulares, televisión en la oficina, derecho a siesta, asesores y mucha, pero mucha comida. Así, un grupo cercano a 170 privilegiados continuarán desde un designado sitial haciendo leyes de carácter nacional para más de 15 millones de personas. El pueblo pronto les entregará el poder, ellos seguirán hinchando su orgullo parlamentarista

    Tio Remos

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