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    La presión social ciudadana para lograr una verdadera participación
    política, después de 17 años de transición a la democracia, desborda los canales
    insitucionales que nos legó la dictadura y las corruptas prácticas que son
    su consecuencia. Si la Concertación no cambia esos métodos, que la contaminan,
    y sobre esa base enfrenta a la derecha y los poderes fácticos para restablecer
    la democracia plena, se incrementarán los estallidos espontáneos de protesta
    callejera, inestabilidad que puede desembocar en el populismo, ya sea a la
    Berlusconi o a la Chávez.


    Transición atada y bien atada.


    Franco anunció que dejaba las cosas atadas y bien atadas, pero su legado fue
    tan efímero, que prendió las luces rojas a los franquistas criollos, quienes
    decidieron actuar para que no les pasara lo mismo. Y lo lograron. Después de
    17 años de transición, todavía no tenemos una democracia plena, debido a que
    el sistema que heredamos da derecho a veto a los neopinochetistas, a pesar
    de ser una minoría. Y hasta hace poco, según el Latinobarómetro, eramos uno de
    los países cívicamente más dóciles de la región. Entre las amarras destacan:

    1. La constitución de 1980, que estableció el binominalismo, un quiebre de
    las reglas aritméticas, al hacer iguales, en las elecciones de Congreso, 100.000
    y 50.001 votos. Se agregaron mayorías especiales en ambas Cámaras para
    enmendar las “leyes” básicas con que la dictadura completó el entramado de su legado.
    Además, distritos electorales amañados después del plebiscito, permitió a la
    dictadura potenciar el voto “si”, minoritario, a costa del voto”no”,
    mayoritario, y todos con dos bancas, a pesar de abismales diferencias de
    población, elegidas por listas y cifra repartidora.

    Este sistema lleva a empates entre las dos mayores coaIiciones (excluye la
    representación de los partidos menores) y las corrompe. Obliga al cogobierno
    con la primera minoría y ambas tienen a “candidatos blindados”, por acuerdos
    interpartidistas, y que son “elegidos” sin competencia alguna. El Congreso
    de hoy, por sus limitadas competencias, más que un Poder Legislativo, parece
    ser la herramienta por excelencia del veto neopinochetista. Además, fomenta los
    partidos cupulares y disminuye el poder del voto porque todo está atado para
    defender el statu quo.

    2. La creación de poderes fácticos con espúreos procedimientos. Tales como
    créditos de última hora a las empresas periodísticas para salvarlas de la
    quiebra por el Banco del Estado; la deuda subordinada de los bancos
    privatizados que, según los beneficiarios, no eran deudas; un capitalismo
    popular que privatizó a la nomenklatura de la dictadura (un procedimiento
    similar creo a los oligarcas rusos); un tributo a las renta del trabajo,
    presentado como ahorro individual obligatorio con fines previsionales,
    administrado por empresas privadas, las AFP, etc.

    En resumen, hay una creación de propiedad privada, no como consecuencia del
    trabajo de industriosos emprededores sino por dádivas gubernamentales, que
    hace a esas flamantes empresas privadas dependientes del Estado, lo que
    rompe la base de las democracias con economía de mercado: la separación del poder
    público del económico. Y que es también una de las grandes diferencias con
    los países desarrollados. Hoy en Chile, casi el 50% del IPSA, el principal
    índice bursátil, son empresas privatizadas.

    El resultado es una gran desigualdad. Así, p.ej., un ejecutivo medio en
    Chile gana 14,1 veces más que un obrero o empleado bajo, la cuarta brecha más
    desigual entre 53 países desarrollados y emergentes, y sólo nos superan tres
    países en desarrollo. En cambio, nuestros ejecutivos medio altos tienen la
    tercera mayor remuneración mundial, después de los Suiza y Hong Kong, y
    supera a los de Estados Unidos (Mercer Human Resource Consulting).

    El descontento democrático

    La tercera pata de las ataduras fue el propio Pinochet, como comandante en
    jefe del Ejército por ocho años y, después, como senador vitalicio. A ese
    poder se suma que los servicios armados tienen personalidad jurídica y
    financiamiento propio, un Estado dentro del Estado, y el Senado, en razón de
    los senadores designados, tuvo una bancada militar. El propio capitán
    general se encargó de demostrar su poder con el ejercicio de enlace y el boinazo. La
    consecuencia fue el inmovilismo y la desmovilización social, interrumpida
    por breves estallidos de colectivos anarquistas y barras bravas, una violencia
    larvada.

    Cierto es que la movilización de la sociedad fue uno de los factores que más
    influyó en el inicio de la transición. Sin embargo, fue espontánea, porque
    la dictadura destruyó a todos los partidos democráticos, sindicatos y
    organizaciones sociales. Las movilizaciones de ese carácter son efímeras por
    naturaleza. Y, por desgracia, los demócratas fueron incapaces de
    reconstruirse como partidos de masas y los sindicatos siguieron limitados por “leyes” que
    dictó la dictadura.

    La detención de Pinochet en Londres, obra de Garcés y Garzón, cambió
    bruscamente la situación política. Por desgracia, nuestros líderes
    democráticos no entendieron su efecto liberador e incluso dos ministros de
    Exteriores socialistas defendieron al dictador en nombre de una supuesta
    soberanía decimonónica. Y se abrió más aún la brecha entre gobernantes y
    gobernados.

    Por ello no es de extrañar que la población, y muy en especial los jóvenes,
    los menos contaminados, redescubrieran, el año 2003, al presidente Allende.
    El 2004, alrededor de 50.000 personas, de nuevo mayoritariamente jóvenes,
    marcharon en protesta de la reunión de la APEC y en contra de la
    mundialización y el neoliberalismo. El 2005, la población impuso la
    candidatura de Bachelet, quien no erta de la élite concertacionisra,
    demostrando así su disgusto con la política tradicional de la transición.

    La elección de Bachelet creó grandes expectativas de participación política.
    Y poco después, los escolares, que no conocieron la represión dictatorial,
    organizaron la protesta más grande desde el inicio de la transición tras un
    petitorio, nótese, de volver al estado docente, que se inició en Chile a
    principios del siglo XX y que destruyó la dictadura. Este año, las protestas
    son más frecuentes y violentas, los motivos múltiples, como el Transantiago
    y
    de nuevo los problemas escolares. En realidad, son más bien expresiones de
    la enajenación y frustración general respecto de un sistema político-económico
    cerrado. Todavía son espontáneas, aunque los trabajadores más explotados,
    por lo general con fraude a la ley, los de contratistas, comienzan a organizarse
    en megasindicatos, como en Europa Occidental, y se transforman en poderes
    fácticos en las negociaciones colectivas, que rompen esa parte de la
    institucionalidad que nos lego la dictadura..

    La solución es una democracia viva

    Nuestro gran problema es la insatisfacción con todos los partidos políticos
    y el Congreso Nacional, los canales tradicionales de representación en las
    democracias, como consecuencia de la camisa de fuerza que nos legó la
    dictadura y que ahora es desbordada por las exigencias ciudadanas de una
    real participación. Y la derecha aviva la cueca con campañas demagógicas sobre
    presunta corrupción e incompetencia gubernamentales, a pasar de que todas la
    evaluaciones externas concluyen exactamente lo contrario.

    En ese contexto, superar las frondas concertacionistas con los votos de la
    derecha, es imposible. Tampoco son suficientes vagas promesas de gobierno
    ciudadano. Es indispensable un cambio radical en las prácticas políticas,
    vivir con los votantes, y abandonar concepciones tales como partidocracia,
    clase política, candidaturas blindadas y democracia de los acuerdos.

    Hay que diseñar y ejecutar políticas que creen organizaciones sociales, la
    promoción popular de Frei fue una de las más creativas. Financiar medios de
    comunicación de masas, volver a los gabinetes políticos y a los consejos
    ministeriales periódicos. Negociar en casa (gobierno, partidos y congresales
    concertacionistas) y con los afectados, p.ej., en el caso de la educación,
    con apoderados, profesores y estudiantes, y en el de transporte colectivo,
    después del sabotaje de los micreros, con los usuarios. Si la derecha los rechaza,
    hay que iniciar una campaña permanente, como es de ordinaria ocurrencia en las
    democracias maduras, y enfrentar a la oposición en las próximas elecciones.
    En otras palabras, se necesita, una democracia viva.

    De no hacerlo, y se reprime a los manifestantes como proponen los
    autoritarios, es muy probable que las protestas callejeras y tomas aumenten
    y se abran las puertas al populismo.

    Iván Auger

    Populismo en Wikipedia, diccionario universal enciclopédico libre

    Pooulismo es un término político, para designar corrientes heterogéneas pero caracterizadas por su aversión a las élites económicas e intelectuales, su denuncia de la corrupción política por parte de las clases privilegiadas y su constante apelación al Pueblo.

    La aparición del populismo como fenómeno social se liga a procesos de rápida modernización o cambio que generan distinto grado de desarrollo diversas clases o regiones del país, ( editado en wikipedia)

    El termino populismo se ha usado en política dos acepciones diferentes. Una de ellas tiene un significado positivo y la otra peyorativo.
    Tabla de contenidos
    [ocultar]

    * 1 Populismo en sentido peyorativo
    * 2 Populismo en sentido positivo
    * 3 Populismo en Iberoamérica
    * 4 Populismo en Europa
    o 4.1 Antigua Roma
    o 4.2 Período de entreguerras
    * 5 Enlaces externos

    Populismo en sentido peyorativo [editar]

    El populismo con una significación peyorativa es el uso de “medidas de gobierno populares”, destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si ésta posee derecho a voto, aún a costa de tomar medidas contrarias al Estado democrático.

    De acuerdo, con esta significación algunos movimientos populistas habrían dado a amplias capas de la población beneficios limitados o soluciones a corto plazo que no ponen en peligro el orden social instituido ni le otorgan capacidades reales de autodeterminación a los pueblos sino que sirven para que eleven o mantengan la popularidad de los caudillos o del régimen reforzando su poder.

    Se diferencia de la demagogia porque se refiere no sólo a discursos, sino también a acciones. Así, se la puede entender como una táctica de uso limitado, o bien como una forma permanente de hacer política y permanecer en el poder. Ahora bien, la definición de lo que es el bienestar general del Pueblo así como de Corto plazo, Orden social instituido u Autodeterminación permiten manipular el uso del término y aplicarlo eventualmente contra los adversarios políticos.

    Populismo en sentido positivo [editar]

    El populismo con una significación positiva es un movimiento social, el cual pretende que el poder recaiga más en el pueblo: entendido como granjeros, obreros y pequeños emprendedores, las clases media y baja; y menos a las élites políticas y corporativas. El populismo se basa en el apoyo voluntario, las ideas políticas de la cultura autóctona sin caer en el nacionalismo y se opone a los imperialismos.

    Ejemplos de este tipo de populismo pueden ser el populismo ruso, el populismo norteamericano, el cantonalismo español, el agrarismo mexicano o los carbonari italianos.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Populismo

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