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    Al estar próximos a los 35 años del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, observo con rabia y decepción que hay mucho más en la agenda de lo pendiente que en la de lo realizado.

    No viene al caso entrar en profundidad respecto a los acontecimientos del mismo día 11 y la repercusión que tiene hasta el día de hoy, pero con una vista de un horizonte de tiempo mayor en que se equilibran los períodos en que Chile estuvo bajo una Dictadura y los que hemos tenido con gobiernos de la Concertación, es posible promediar las conclusiones y emitir un juicio de mayor solidez respecto a la forma en que se ha conducido el país. Por cierto, no era aplicable a los años cercanos al ’90 dado que se comprendía que la situación en la cual nos dejaban los militares y la derecha era de enclaves bien profundos que abarcaban desde la estructura del pensamiento (pasando por el “no pensar”), hasta las cuestiones que tienen que ver con el desenvolvimiento de la sociedad en sus deberes y derechos, rodeados de reconocidas y mayúsculas desigualdades.

    Había antes del año ’90 grandes expectativas que con un eventual retorno a la democracia todo iba a cambiar, y además no sólo eso sino que se esperaba de los que ayer eran oposición y por 18 años nos han gobernado, que tenían claridad absoluta respecto de los cambios que el país necesitaba para alcanzar en un tiempo razonable un clima de justicia social de magnitud, con todo lo que ello implica: buena educación, calidad en la salud, sistema previsional no a cargo de un poder económico que no tiene nada que ver con el Estado, vivienda digna, etc.

    Sin embargo, todas esas esperanzas quedaron en un terreno que las mismas autoridades las forzaron poco menos que ha transformarlas en utopías y se hicieron parte y responsables de su sustentación, vigencia y permanencia.

    Es cierto que ha habido algunos logros pero esos no guardan relación con los tiempos transcurridos y con mentes que deberían haber sido consecuentes con el pasado, sobretodo si con motivo del centenario del natalicio y del recuerdo a la fecha en que ocurrió el golpe concurren a rendirle homenaje a Salvador Allende y vociferan en su discurso en alusión a su legado.

    Sin embargo, algo extraño ocurrió en esas personas y al parecer estamos rodeados de muchos “Padres Gatica”, que con habilidad se han posicionado bastante bien en lo económico y cada vez que ocurre algo malo se refieren a las consecuencias de los problemas internacionales y a las repercusiones en nuestro país, con el solo afán de justificar lo injustificable.

    Pero debe haber claridad que cuando se habla de una gran desigualdad en la distribución del ingreso y lo cual pasa a ser bandera de lucha en períodos eleccionarios, se trata nada más ni nada menos de la forma en que se distribuyen los recursos que en su totalidad se encuentran dentro del país, por tanto es un problema de la nación del cual todos somos parte y como única solución es una movilidad en ambos sentidos, de lo contrario la autoridad debe ser clara al momento de promover sus candidaturas, señalando que este es un problema que no tiene solución.

    Al tomar otra arista de la vida nacional, el regreso a la “democracia” obedeció a que una mayoría significativa dio su voto por la Concertación, sin embargo, las trabas de la dictadura como la Ley Orgánica Constitucional de Educación nunca han sido tocadas y cuando el año 2006 los estudiantes de Enseñanza Media se “revelan”, no se toman medidas de fondo ni se acepta que el cambio en la Educación debe obedecer a un proyecto muy bien elaborado y claro, en que parta por tener en cuenta el gran número de realidades diferentes que enfrentan los escolares de nuestro país y que eso es algo primordial si verdaderamente como se ha expresado en el actual gobierno, la educación es la única forma de terminar con la desigualdad social y producir la equidad. La forma como se plantea la ley LGE es muy débil y la solución verdadera, es a partir de una radiografía exacta de cómo los estudiantes acceden a la enseñanza, trazar una estrategia metodológica y social para alcanzar una educación de calidad. Al respecto he sostenido más de una vez, que el mejor referente en cuanto a los recursos que deben estar destinados a Educación es el que se utiliza como promedio en los 10 colegios privados del país con mejores logros. Obviamente eso es sólo el comienzo, se debe seguir elaborando en el sentido que en un sector más vulnerable inicialmente el recurso puede ser mayor para permitir salir de ese estado y repercutir en el medio. Hay que tener claridad que la Educación debe ir mucho más allá que la transmisión de contenidos temáticos, se debe formar a las personas de forma integral y no con una actitud típica de cuando se quiere mitigar ciertos problemas, lo ideal es tener una población culturalmente resignada. El SIMCE mide ciertas cuestiones del aprendizaje, pero en la calle se observan aspectos culturales del comportamiento que también son parte de la formación, cuando se fija el salario mínimo el empresariado está apuntando a una mano de obra barata y a hacer perdurar la situación de injusticia social, por tanto tal cual están las cosas en el Chile de hoy, obviamente no les conviene una población educada, con lo cual se insiste en lo que señalaba con anterioridad en que el término de la desigualdad es un problema de todos y no hay que ver la movilidad sólo en un sentido. Como comentario adicional, en El Mercurio del viernes 5 de septiembre aparecía un amplio reportaje a la calidad de la formación en escuelas formadoras de militares, pues bien, allí tenemos otro modelo que señala que una buena educación es exigente en recursos. En estas cosas no hay mucho que investigar, hay que proceder y ni siquiera viajar a compenetrarse de ideas de otros países, las experiencias están al alcance. En esta materia siempre pensé que el año 2007 podía considerarse como el año 0 en los avances hacia un buen sistema educativo, pero estoy comprobando que con suerte va ser el año -2

    Por qué no podríamos contar con un país en que su gente esté bien educada, puedan ser una buena mano de obra y de acuerdo a sus ingresos puedan financiar una Educación de calidad, una buena Salud, etc, ese debería ser el propósito fundamental de la nación, además el ciudadano debe ser el principal agente de exigencia de calidad.

    En esta cuestión de la Agenda de “pendientes”: cuando se habla del Transantiago sólo se hace referencia al financiamiento y a los tiempos de viaje, pero bajo el concepto de una población resignada, no se aborda el problema de la calidad de vida, una estadística muy simple muestra que en un bus “oruga”, sólo el 23% de su capacidad total de pasajeros pueden ir sentados y de ese 23% el 50% de los asientos son de difícil acceso; la represión ha sido un continúo desde la época de la dictadura frente a las manifestaciones callejeras, es cierto que a veces pueden haber excesos pero nunca surgen de la nada; el Sistema Económico neoliberal ha contado con buenos administradores; las ganancias de los dueños de las AFP e ISAPRES siguen amparadas por el formato que les dio origen; no hay fomento de la participación política ya que conviene mantener el estado de cosas en una lógica binaria, Chile gobernado por minorías donde la gente adquiere importancia ciudadana en períodos eleccionarios y en cierta forma puede ser mejor que no se inscriban en los registros electorales.

    Por último, no se ha logrado abrir las Alamedas en donde pueda pasar el hombre libre, se han construido obras viales pero ellas están reservadas sólo para unos pocos. La agenda en momentos la completan de estadísticas positivas, pero esas cifras no llegan a todos los hogares y lo que siempre queda pendiente es dar respuesta a la gran interrogante ¿con cuánto dinero puede vivir una persona en forma digna y ello contrastado a un presupuesto familiar?, ¿estamos realmente preparados para celebrar con tanto alardes las festividades del bicentenario?

    El análisis da para mucho, pero las autoridades tienen tantas preocupaciones que difícilmente escuchan y menos se puede esperar que lean documentos de gran extensión, los informes gerenciales deben ser de tipo ejecutivos.

    Una última reflexión es que vivimos en un país en que puede haber mucha crítica ante actos que se produzcan con motivo de esta fecha, pero siendo el bombardeo de La Moneda un hecho mucho más grave, y con instituciones responsables, se omite por completo su ocurrencia y al parecer es un hecho natural sin relevancia en la historia. ¿Esto es un signo de la cultura nacional o de la incultura?

    Chile es una nación que pudiera ser grande, pero se debe construir de manera inteligente con todos, no sólo por acuerdos entre gobiernos y oposición. Se debe poner atención en que situaciones como el Transantiago, también son indicadores del estado de las deficiencias en Educación. Se supone que existen numerosas herramientas con las cuales es posible “simular” un sistema de transporte en todas sus variables antes de involucrarse en la adquisición de buses, también es un supuesto que quienes intervinieron en el proyecto era personal calificado con alta probabilidad que hayan tenido formación en el extranjero, la semana pasada en televisión hablaba un “experto” en transporte, es decir, se contaba con los insumos básicos para elaborar un buen proyecto. Sin embargo, el resultado final son decisiones mal tomadas, luego hubo un área de conocimiento que presentó déficit y se llega a la situación de calamidad pública. Esto también es una carencia en educación y de la calidad de quienes están a cargo del país. No sólo aporta la teoría sino la vivencia directa, al parecer algunos las últimas micros que utilizaron fueron azules con franjas rojas. Cada vez que veo a la gente en los paraderos y el metro atestado de pasajeros, recuerdo que un ex Ministro que hoy tiene los ojos puestos en el Senado, hizo referencia en sus vocerías de lo inhumano del avión presidencial.

    Una última anotación en la agenda de lo pendiente también es una pregunta: con todo este panorama, ¿igual tienen calidad moral los de uno y otro lado para solicitar el apoyo y la confianza a través del voto?

    Luis Osorio

    Profesor de Estado

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