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    JAIME-ORPIS-CTM

    Uno de los casos de corrupción más desfachatados que se destaparon con bombos y platillos el 2015, fue el de Corpesca.

    Quizás, la gracia de este caso, que incluso se tocó en algunos momentos con el ya emblemático caso SQM, es que dejó en evidencia, con una crudeza brutal, los procedimientos satánicos en los que ha incurrido la política. Y los pormenores son como de culebrón Venezolano si se saben contar o leer con algo de estilo.

    ¿Por qué recordar este caso?

    Recientemente, la página del Poder Judicial dio cuenta del rechazo a la solicitud de la defensa del senador UDI Jaime Orpis -célebre y famoso por el caso Corpesca- para que el desafuero lo resolviera la Corte de Apelaciones de Valparaíso.

    Cabe recordar que el senador fue desaforado por una serie de correos que lo implican en los delitos de cohecho, lavado de activos y fraude al fisco, lo que, de comprobarse, derivaría en su formalización, por pagos emitidos desde la empresa Corpesca a su asesores y cercanos para poder financiar, de forma irregular, las deudas que contrajo durante el periodo electoral.

    De acuerdo a lo que se ha podido investigar a través de la contabilidad de la empresa, los pagos que se realizaron a Orpis a través de terceros, fueron constantes entre el 2009 y el 2013, y las sumas eran mayoritariamente de $2 millones, aunque también se encontraron algunas transferencias por $5 millones y $10 millones de pesos y existen además otras pruebas que son lapidarias, ya que fuera de las declaraciones que se han presentado en el caso, existen varios mails en donde queda clarísimo el que “actuó como emisario y representante de los intereses de Corpesca en materias relacionadas con la actividad pesquera” y que empleados de esta compañía le hicieron llegar “una serie de instrucciones”. Según consigna El Mostrador (cita textual):

    Campillay le escribe al gerente de Corpesca el siguiente correo: Asunto: “Proyecto de ley” y luego le escribe “Don Francisco, el senador Orpis le envió el proyecto de asociatividad, lo revisó, está de acuerdo, apenas llegue Piñera lo firma, Michel”.

    Además, la fiscalía adjunta un mail del 22 de noviembre de 2012 del sindicalista a Mujica en el que se lee “Asunto: Trabajando Ley de Pesca“, en el cual el ente persecutor destaca que en el archivo adjunto hecho llegar al gerente de Corpesca hay “una fotografía de Michel Campillay junto al senador Jaime Orpis y el ministro de Economía de la época, don Pablo Longueira“.

    A su vez, el gerente de operaciones de la empresa, Miguel Ángel Escobar, escribió el 22 de octubre a su jefe, “Asunto: Consulta sobre incorporar a senador Rossi“, y en el texto le dice al gerente general de Corpesca “cuál es su opinión respecto a informar al senador Rossi, que está de regreso en Chile, respecto de las indicaciones y solicitarle que incluya algunas de las indicaciones; por ejemplo, la de retirar del mensaje lo referente al jurel como stock único y dejar a Orpis la indicación de la distribución”.

    Ese mismo día, Escobar le escribe a Mujica que “Jaime Orpis confirmó a Michel Campillay que realizaría las indicaciones al proyecto, tal como se las propuso usted, esto será el día lunes 25. Con el senador Rossi se conversó para que apoye”. 

    Como podemos ver, Orpis era una especie de “espía” empresarial dentro del congreso. Enviaba los proyectos de ley a Corpesca para que los vieran y más encima, hacía indicaciones respecto de la ley en conveniencia de las empresas pesqueras que se vieron beneficiadas de la ley de pesca a través de Corpesca y sus “gestiones en el congreso”.

    Hace no mucho tiempo, los medios bautizaron como  “el robo del siglo” a un asalto en el que los cacos libraron con 6.4 millones de dólares, luego de que robaron en el aeropuerto a un Brinks mientras tenían a los pacos mirando unos “bombazos” que ocurrieron en el centro. Sin embargo, eso no se ajusta a la realidad. El verdadero robo del siglo fue, justamente, la mentada “ley de pesca”. Finalmente es incomprensible que, con la cantidad de kilómetros de costa que tenemos, comer pescado sea un lujo que pocos puedan darse. Y estoy segura de que las empresas pesqueras han ganado al día de hoy, muchísimo más que 6 millones de dólares, gracias a un capital ambiental que nos pertenece a todos.

    La repercusión social que tuvieron las decisiones de Orpis fueron nefastas. Para qué decir el costo que han tenido que pagar los pescadores artesanales y sus familias. Con justa razón dan ganas de salir a protestar y de gritar que los políticos en Chile son unos hijos de puta, sin afán de ofender al gremio de mujeres que, aunque satalizadas por la sociedad, cumplen una de las labores más necesarias de cualquier cultura.

    No hace mucho apareció en la prensa el que las amistades de Orpis estaban haciendo colectas para ayudarlo ya que estaba con complicaciones de salud, económicas y afectado por una fuerte depresión.

    Personalmente puedo decir que no le deseo mal a nadie; sin embargo, a veces da una sensación de justicia o de que algunas personas obtienen lo que se merecen en la vida. Si se llega a determinar que Orpis hizo lo que se le acusa, debería estar preso unos 700 años. Ya que no se trata únicamente de cohecho o fraude al fisco. Gracias a la ley de pesca se afectó el patrimonio de cada una de las familias del país y en especial de los pescadores que quedaron sin su fuente laboral.

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