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    El ex dictador que manipuló Chile por 17 años, pero que desplegó autoridad en la vida política por varias décadas, Augusto Pinochet, murió el pasado 10 de diciembre.


    pinochet

    Nacido en Valparaíso, puerto donde construyó la sede del poder legislativo para el retorno a la democracia, fue el primogénito de los 6 hijos del matrimonio entre Augusto Pinochet Vera y Avelina Ugarte Martínez.
    El 25 de noviembre de 1915 llegó Augusto José Ramón, al seno de una familia que venía de Chanco (VII región), originaria de pescadores franceses.
    Augusto fue formado en los padres franceses, instrucción religiosa basada en la recompensa y el escarmiento; que el opresor quebrantaba escapándose a jugar a un polígono de tiros, según él mismo reveló. En aquellas aulas se inició la amistad de más de 70 años con José Toribio Merino.
    Pinochet no tenía ancestros militares por parte de su padre; sin embargo, a los 14 años ya mostraba su intención por integrarse al Ejército, donde le costó alistarse. Fue dos veces rechazado: una por edad insuficiente y otra por incompetencia física. En su tercer intento lo logró. Avelina Ugarte pagó la manda vistiendo por años de café y a su hijo lo hacía cumplir cuando andaba de civil. Una religiosidad insondable tenía su madre, que se enfureció cuando supo que en sus tiempos de cadete y por influencia de un superior, ingresó a la Masonería.
    “Fue muy poco tiempo el que fue Masón. Porque mi madre casi se murió cuando supo. Era muy católica. Ella era la que hacía todos los años 3 meses de manda de vestirse de café”, asegura una de las hermanas de Pinochet. No obstante, aparentemente no pasó de la categoría de “Hermano Dormido”, pero el dirigente radical Julio Durán Neumann, también masón, aseguraba haber asistido a la ceremonia iniciática del militar, en una logia.

    EL HIRIART MASON
    Lucía provenía de una familia vasco francesa de clase media alta. Su padre, Osvaldo Hiriart, abogado radical y masón de respetable fortuna; había sido Senador por Tarapacá y Antofagasta, Ministro del Interior de Juan Antonio Ríos y fiscal de la Corfo. Su hija cursaba el cuarto año de Humanidades, cuando el subteniente Pinochet llegó a la Escuela de Infantería de San Bernardo y la conoció. Él tenía 10 años más que ella.
    Los Hiriart Rodríguez sobrepasaban socialmente a los de Chanco, pero terminaron aceptando el pololeo, aunque hubieran preferido un mejor partido para la mayor de sus hijas.
    En 1943 se casaron y al año siguiente llegaría Lucía, seguida por Augusto, María Verónica, Marco Antonio y Jacqueline.
    En 1946, siendo instructor de la Escuela Militar es ascendido a Capitán, para combatir en la rama de la Infantería. No es un buen jinete y además, la Caballería es mal vista por el mundo político, los ascensos ahí eran poco factibles, pues a ese tronco pertenecía la mayoría de los golpistas que apoyaron a Carlos Ibáñez en su dictadura.
    Llegaron los tiempos de Gabriel González Videla y el opresor es trasladado al regimiento Carampangue, en Iquique. Los comunistas son relegados a Pisagua y Pinochet recibe la orden de allanar la oficina salitrera de Humberstone y tomar prisioneros. Ahí conoce a quienes serán sus archienemigos y se sorprende de la férrea disciplina comunista. Mientras, estudia las vidas militares de sus personajes favoritos: Napoleón, Alejandro Magno y Federico de Prusia.
    Su carrera militar avanza normalmente, siendo ascendido de Mayor a Teniente Coronel en 1960. Siete años más tarde, cuando se convierte en Coronel, alguien recuerda el incidente de Pisagua, su paso por la salitrera transformada en campo de concentración y el sitio donde se tropezó por primera vez con Salvador Allende, pero las cosas continúan como si nada.
    El Coronel Pinochet asume la subdirección de la Academia de Guerra. Allí tiene como alumno a Manuel Contreras, quien le propone un trabajo teórico, la creación de la DINA.
    “Eso fue por el año 60. Y el 73 me mandó a buscar a Tejas Verdes, en noviembre”, recuerda el Mamo.
    Ya siendo General es nombrado Intendente de Iquique por Eduardo Frei Montalva. El 70 gana Allende y pasa de General de Brigada a General de División; alguien vuelve a recordar su nombre e intenta vetar su ascenso por lo de Pisagua. Pero para su suerte, había otro general Pinochet, pero con segundo apellido Sepúlveda. Echaron a este último pensando que era el anticomunista.

    PINOCHET, PRATS Y TOHA
    En 1971 fue nombrado edecán de una visita ilustre: Fidel Castro Rus, con quien compartió cercanamente durante su estadía en Chile. En 1972 es nombrado Jefe del Estado Mayor del Ejército. A fines de ese año, el General Prats es nombrado Ministro del Interior, por lo que Pinochet lo subroga en la comandancia.
    Pinochet mantenía en secreto sus reales inclinaciones. Los generales que eran leales, y por lo tanto constitucionalistas, son: Guillermo Pickering, Rodríguez en Washington, Manuel Sepúlveda, Orlando Urbina, y en los que hay desconfianza están Arellano Stark, Sergio Nuño, Arturo Viveros y Manuel Torres de la Cruz. Mientras, el déspota se mantenía en tierra de nadie, conviviendo con todos, pero ninguno podía saber con certeza su pensamiento esencial, pues compartía con oficialistas y opositores.
    Pinochet venció junto a Prats y el Ministro Tohá la sublevación del Regimiento Blindado Nº 2. “El comandante en jefe del ejercito, junto con los generales Pinochet, Pickering, Urbina y Sepúlveda trazó el plan para reprimir a los subversivos”, reconoció agradecido Allende.
    La tentativa golpista fue sofocada. Los sublevados cayeron presos; meses después, el opresor llega al regimiento e inaugura un monolito en homenaje a los caídos ese día.
    Allende estaba molesto porque se iba Prats, antes de su retiro le consulta a quién dejar en el cargo, y el general le recomienda a Augusto Pinochet. El ministro de defensa, Orlando Letelier, es quien termina por convencer a Allende.
    La vida del opresor ha cambiado radicalmente a los 57 años. Las hojas de vida del militar hablan por sí solas. “Soldado nato, apegado a los reglamentos, excelente para mandar y obedecer, de inteligencia normal, estudioso, trabajólico, silencioso y disciplinado. Sin ambiciones ni ideas propias, ayudante por naturaleza”, reza el documento.

    MANIOBRA DE NIXON
    El Golpe Estado se había fijado para el 14 de septiembre de 1973, durante los ensayos de la parada militar. Los desplazamientos de tropas no provocarían sospecha, con el protocolo que se repite año a año. Fue Merino quien precipitó los hechos al 11. Toribio especuló con la Operación Unitas, en las que harían ejercicios conjuntos con buques norteamericanos, pues permitirían a la Escuadra zarpar el 10 en una maniobra distractiva y estar de vuelta la madrugada del 11 para tomarse el puerto de Valparaíso. La Marina daba el primer paso y las otras fuerzas debían unirse sí o sí.
    A primera hora, los llamados a la residencia del Presidente en Tomás Moro, colapsaban el teléfono; éste, inútilmente trataba de ubicar a Pinochet.
    El Presidente se fue a La Moneda, donde pasaría las últimas horas de su vida.
    El espectáculo en la casona de Toesca era desolador. No cabía duda que Allende se había suicidado; su cadáver aún no era retirado, pero su muerte se conocía en todo el mundo. En Estados Unidos estaban satisfechos por el fin de la Unidad Popular. La vía chilena al socialismo perecía a mil días después de haberse iniciado. Richard Nixon estaba más tranquilo, no habían temores en EE.UU.
    El país había sido controlado rápidamente por la milicia. “En primer lugar el interés ha sido volver al país a la normalidad, lo cual se ha efectuado a las 48 horas siguientes al 11 de septiembre. Prácticamente todas las provincias de Chile ya estaban normales 2 días después. Sólo quedaba Santiago con algunos focos extremistas que seguían defendiendo su posición. Hay que cumplir con la ley y aquella gente que se ha desviado va a tener que asumir las responsabilidades de acuerdo a la ley”, declaraba el dictador.
    El golpe se consuma con éxito, y se inicia un periodo de simpatía hacia el nuevo régimen chileno, sentimiento que cesaría años más tarde, por el acto terrorista que mató a Orlando Letelier en Washington (1976). Antes de eso, los abusos que se conocían por la CIA y el Departamento de Estado serían descritos como tonteras por los imperialistas.
    Washington pretendía conocer al nuevo hombre potente de Chile y confió a su misión diplomática un perfil secreto sobre Pinochet. En el documento que se conoció sólo el 2005, se puede leer: “Como la mayoría de los oficiales proviene de un ambiente de clase media, y es un producto de las barracas y los cuarteles. Durante toda su vida Pinochet ha recibido órdenes y las ha dado. Él espera que todos los que le rodean hagan lo mismo. Es duro, directo, y goza de popularidad entre los coroneles y oficiales más jóvenes del Ejercito. En reuniones sociales exhibe cordialidad, habla de hermanos de armas y tiene sentido del humor. Con los civiles es más tieso, no fuma y bebe con moderación, realiza ejercicios físicos todas las mañanas, habla algo de francés y muy poco inglés. Él es personalmente honesto y vive en forma austera”, dice el documento. Más adelante agrega que es “anticomunista y anticubano; Pinochet siempre ha hablado en términos favorables de EEUU y de su deseo de seguir manteniendo buenas relaciones con EEUU. Ha viajado dos veces a EEUU. Está a favor de la compra de bienes norteamericanos y del entrenamiento del personal militar chileno en academias norteamericanas”.
    La administración de Nixon, a la luz de los documentos sobre Chile, no habría prestado apoyo técnico o logístico directo el día del golpe, aunque hizo lo imposible para promoverlo; por ejemplo, posiblemente pasándole dinero a El Mercurio.
    Luego de un mes del golpe, el dictador entregaba el primer catastro de los fallecidos: “Los muertos de las FF.AA suman 37, y los muertos civiles 476. Ese es el estado del pueblo”, decía el dictador en una conferencia de prensa.
    Para hacer frente a los focos de resistencia que aún se mantenían en el país, el opresor encarga a Manuel Contreras la organización de la DINA, que al poco tiempo de funcionar fue condenada por su operatividad.
    El dictador, viéndose acorralado por las críticas, usó su persuasión y aplicó una frase para el bronce: “quien nada hace, nada teme”, tratando de justificar las ejecuciones de la DINA. “Disponemos de un buen servicio de inteligencia que ha sido duramente criticado. Porque les conviene que ojalá se acabaran los servicios de inteligencia. Todo es criticado afuera…”, dijo Pinochet. Ese mismo mes era asesinado en el barrio Palermo de Buenos Aires, el general Carlos Prats.

    VIAJES DICTADORES
    Los gobiernos opresores aumentaban en el Cono Sur, el dictador criollo debutaba a nivel internacional. Fueron los años que más viajó: fue a Brasil y visitó a João Figueiredo; a Paraguay donde su amigo Stroessner; a Juan María Bordaberry en Uruguay; en Argentina se encontró con Eva de Perón; en el abrazo de Charaña, con Hugo Banzer, en Bolivia, cuyo acto no impidió la ruptura de relaciones

    1977 fue el año en el que empezó a maquinar los cambios constitucionales. Tras el Golpe de Estado, en octubre se había convocado un grupo de abogados y académicos presididos por Enrique Ortúzar, para integrar una comisión que se encargue de la redacción de una nueva carta fundamental. Cinco años después, con el anteproyecto finiquitado, el texto debía ser sometido a la revisión del Consejo de Estado, que encabezaba el ex presidente Jorge Alessandri.
    1978 fue un año difícil en materias de política exterior. Ante las constantes condenas contra su persona, convocó a un referéndum de aprobación de gobierno. Una convocatoria a las urnas, conocida como “La Consulta” y en la que obtuvo una amplia adhesión.
    Los problemas con Argentina eran un peligro progresivo cuando sucedió el quiebre al interior de la junta de gobierno. Las diferencias con la Fuerza Aérea se habían vuelto insostenibles. Pinochet no estaba dispuesto a seguir soportándolo, por lo que removió a Gustavo Leigh y con él se fueron 19 generales; sólo un general no renunció, Fernando Matthei Aubel, quien fue el sucesor. Luego de tales hechos, la agenda informativa fue copada nuevamente por el litigio con los trasandinos. El dictador se reunió con su semejante argentino Rafael Videla.
    Se acercaba la Navidad y la guerra era inminente. El que no se haya producido el enfrentamiento es algo que adherentes y detractores le reconocen a Pinochet. Cuando se entera de los movimientos argentinos cerca de Punta Arenas se encontraba en la Escuela Militar. El mensaje encriptado llega desde el sur. En el informe se leía que la Escuadra argentina había zarpado, se dirige hacia las islas y que prácticamente la guerra estaba declarada.
    Pinochet avisa a sus comandantes en jefe y a todos sus ministros, quienes debían sesionar cuanto antes en su residencia privada. En un momento le pide a su asesor eclesiástico, Sergio Rillón, que lo comunique con el Vaticano. Allá, Juan Pablo II no lleva ni un mes como Papa y recién electo se atrevió a mediar en el conflicto. Durante dos siglos la diplomacia vaticana no había intervenido en conflictos entre naciones, pero Carol Wojtyla era un rupturista, y Chile y Argentina como países católicos bien valían la aventura. El Papa intervino de inmediato. En el ámbito bélico, un fuerte temporal impide que la Escuadra argentina siga su curso, las tropas se marearon y este percance le da tiempo al Papa para que intervenga.

    NO TE BAJAS DEL AVION
    En marzo de 1980, Pinochet vive uno de los peores bochornos internacionales de su gobierno. El dictador filipino Ferdinando Marcos lo había invitado a su país, pero las relaciones internacionales le llevaron a cancelar la visita cuando el dictador iba viajando. El canciller Cubillos fue despedido en pleno vuelo.
    La amargura de ese viaje la pasaría con la abrumadora mayoría que obtendría, 6 meses más tarde, en un plebiscito para aprobar su Constitución. El 11 de septiembre de 1980 el gobierno militar celebró a sus anchas con el resultado de la votación que aprobaba la nueva carta magna. Además, el opresor se mantendrá 8 años más en el poder.
    Los líderes opositores no habían tenido posibilidades de expresarse, y cualquier acto disidente era brutalmente reprimido. La DC denunció el fraude electoral, lo que significó el exilio de varios dirigentes de la falange.
    El Sí a la Constitución ganó con un 67 por ciento y el No obtuvo un 30 por ciento. El porcentaje de votantes fue altísimo, más de seis millones de ciudadanos, y Pinochet se proclama Capitán General.
    En 1982 se disparó el dólar, habían protestas y un descontento creciente. En Punta Arenas fue duramente tratado de asesino por la población y el desfile militar tuvo que ser suspendido. El puntarenazo dio la vuelta al mundo. El dictador dispuso que la represión debía armarse con armas más eficaces. La DINA empezaba a hacer de las suyas. La cuestión estaba cruda en las calles. Al año siguiente el crimen de 3 profesionales comunistas degollados provocaría la segunda deserción en la Junta. El involucramiento de Carabineros en el hecho, significó la caída del Director César Mendoza. Luego, ocurre otro caso de violación a los derechos humanos: en un confuso incidente con una patrulla militar 2 jóvenes son quemados, Carmen Gloria Quintana sobrevive y Rodrigo Rojas De Negri fallece en la Posta Central.
    1986 fue un año especial para la cúpula del PC. El ingreso de 180 toneladas de armas en Carrizal Bajo, la mayor incautación en Sudamérica, y su descubrimiento, fue un duro golpe para el FPMR. Un mes más tarde, el FPMR da su golpe más audaz: en el Cajón del Maipo casi dan muerte al dictador, no obstante, 5 de sus escoltas perdieron la vida. Tras el fallido intento, sucedió el asesinato a sangre fría de 4 opositores al régimen.

    Mauricio San Cristóbal

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