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    El Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR), surge en Chile el 15 de agosto de 1965, como una agrupación donde confluyen variadas corrientes de izquierda, grupos de trabajadores, obreros, campesinos, etc. Desde su fundación, y conducidos por sus líderes históricos Miguel Enríquez, su hermano Edgardo y Bautista van Schouwen, entre otros, esta organización se propuso desarrollar una estrategia revolucionaria de carácter socialista, bajo una concepción “político-militar”. El MIR se mantuvo activo durante el régimen dictatorial, debiendo actuar en la más rigurosa clandestinidad. En ese periodo, el movimiento revolucionario sufrió la prisión y la muerte de muchos de sus militantes, incluyendo a sus fundadores.


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    Diversos fraccionamientos y crisis internas, junto al proceso que vive hoy el país, han llevado a este partido -liderado actualmente por Demetrio Hernández- a redefinir parte de sus planteamientos.
    Para ahondar en ellos, El Ciudadano conversó con Javier Oyarzún, paillaquino y vocero provincial de la entidad, planteando la problemática del Chile actual.
    “En Chile hemos formalizado una visión internacionalista. Somos una alternativa de izquierda independiente, lo que nos permite analizar el acontecer nacional, continental y mundial desde una perspectiva no subordinada. Actualmente están saliendo a flote algunos problemas estructurales de este sistema capitalista-neoliberal, que se manifiestan en diversas crisis pre-revolucionarias. Los casos de Venezuela y Bolivia, que si bien es cierto no se expresan como revoluciones establecidas, nos demuestran que el capitalismo mundial está dando muestras de debilidad, lo que puede detonar en un gran estallido social”, señaló Oyarzún.
    Según el dirigente, “la actual democracia es la continuidad del pinochetismo”. Esto determina que existan muchos conflictos no resueltos en nuestra sociedad. Pone como ejemplo las recientes movilizaciones -que hoy se están comenzando a reactivar- de los estudiantes secundarios : “las movilizaciones estudiantiles son resultado de un proceso que se veía venir. Esto, básicamente, no por la mala gestión de los funcionarios de gobierno, directores, jefes de educación, municipalidades etc. Este problema estalla, principalmente, por el continuismo de las leyes que regulan la educación en Chile, entre ellas la hoy ‘famosa’ LOCE, último legado de Pinochet”. Agrega que, “cuando se habla de la privatización de la educación estatal en Chile, se están ignorando muchas de las cosas buenas que esta posee, entre otras, la infraestructura y los derechos de muchos alumnos que quedarán excluidos al privatizarse la educación”.
    Dentro de los planes a futuro, el MIR se encuentra en proceso de reconstituirse como movimiento con características diferentes a las de sus orígenes, en que se definían como una organización político-militar. “Hoy tomamos la vía política, pero sabemos que las elecciones no van a arreglar los problemas de la gente o del país. Nos motiva mostrar la otra realidad de Chile: la problemática del Chile excluido, del Chile donde hay niños que trabajan, del Chile con todos los problemas que afectan a los obreros, las desigualdades en todo ámbito de cosas”.

    Juan Delgadillo

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