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    Lo que se anunciaba como la prueba de fuego del nuevo jefe de Estado, Nicolas Sarkozy, resultó ser un revés para la derecha francesa el domingo pasado.
    Con el 47 % de los sufragios, el Partido Socialista, aliado en varias ciudades con fuerzas ecológicas y de izquierda, derrotó al partido del Presidente en ejercicio desde 10 meses.



    La ex-candidata (PS) a la presidencia en las elecciones presidenciales del año pasado, Ségolène Royal, calificó de “voto sanción” la decisión de los franceses. Esto se refleja en los sondeos sobre las motivaciones que explican los votantes a la hora de acudir a las urnas.

    Una de las pocas voces que se escucharon desde el partido del presidente (Unión para un Movimiento Popular) fue la del Primer Ministro François Fillon, quien señaló que el 40 % obtenido no fue “tan malo” como se preveía en los sondeos.

    Desde el Modem, partido de centro que encabeza François Bayrou, se interpretaron los resultados como “una advertancia al gobierno”. Quedando en una posición de gran solicitud por parte de los dos grandes partidos que se van a afrontar en la segunda vuelta y que desean multiplicar las alianzas.

    La segunda vuelta determinará si las primeras elecciones que conoció el nuevo Presidente, que se hizo más famoso en los medios tradicionales chilenos por su actualidad farandulera que por el acción de su gobierno, fueron una verdadera derrota o una simple advertencia.

    Se esperan los resultados de 3 ciudades claves (Toulouse, Marsella y Estraburgo), verdaderos bastiones de la derecha y que, con los resultados históricos que obtuvieron las listas del PS (a veces aliado con ecológicos y independientes de izquierda) el 9 de Marzo, podrían confirmar la tendencia nacional de la primera vuelta.

    Sin embargo estos resultados no constituyen ninguna sorpresa. El jefe de la derecha francesa ha bajado en los sondeos de popularidad hace varios meses : 37 % de los franceses tenían una opinión positiva de su presidente al principio de marzo de este año contra 67 % en julio del año pasado.

    Sarkozy fue elegido como el candidato de “la ruptura” y una gran parte de la población de nivel socioeconómico bajo creyó en sus promesas y en su lema “trabajar más para ganar más”.

    Pero 10 meses después de su llegada a la presidencia, se observa un estancamiento de los salarios, en particular del sueldo mínimo, y un aumento sin fin de los precios, lo que afecta primero a la franja más pobre del país. Su política económica no convenció, el descontento suele aumentar frente a las leyes impopulares acumuladas por el gobierno y al desmantelamiento del servicio público.

    EL GRAN PASO HACIA LA PRIVATISACION DE LAS UNIVERSIDADES, EJEMPLO DE LAS REFORMAS QUE NO CAEN BIEN

    Es el caso, por ejemplo, de la reforma de la educación, aprobada el verano pasado, llamada “Ley Pécresse” o “Libertades y responsabilidades de las universidades”.

    Analizando para El Ciudadano los principales aspectos de esta ley que rechazaron de manera unitaria las organizaciones estudiantiles y de trabajadores de la enseñanza superior francesa, vemos que sobre todo, la ley presentaba la noción de “contrato Universidad/Estado” con el objetivo de valorizar una investigación más competitiva y orientada al mercado, lo que no corresponde a la misión primera de la universidad pública.

    En efecto, eso implica una “autonomía” de las universidades más importante, incluso en cuanto al financiamento. La solución del gobierno: asociarse con actores privados quienes podrán influir sobre la orientación de la investigación y la enseñanza de la misma universidad a través de su poder económico.

    El riesgo de esa política, que ya está bien implantada en Chile, y que las masivas movilizaciones del año pasado no pudieron parar en Francia, podría ser un sistema de universidades que avanzarán con dos velocidades diferentes. Unas serán bien dotadas en recursos y podrán ofrecer una educación de calidad, mientras que otras recibirán menos recursos que antes por parte del Estado y no conseguirán percibir el financiamiento de organismos privados.

    Frente a los débiles resultados de la política de Sarkozy, privatizando poco a poco pilares del servicio público y flexibilizando un código del trabajo adquirido por largas luchas de trabajadores, los franceses exprimieron una voz que, al parecer, se hará aún más clara el próximo domingo para reclamar un cambio.

    Margaux Collet

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