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    En los últimos días se han escuchados varios comentarios de los diputados chilenos Gabriel Boric y Giorgio Jackson criticando el rechazo a la ayuda humanitaria por parte de Venezuela.

    Se trata de una supuesta ayuda humanitaria que el gobierno de Estados Unidos intenta hacer ingresar por la fuerza a territorio venezolano, de forma ilegal, sin la autorización del Estado y con una sombra de intervención humanitaria.

    Ante estos señalamientos, es importante recordar tres episodios similares, en los que Estados Unidos y Chile han sido protagonistas:

    1. Cuando ocurrió el Huracán Katrina en el año 2005, el entonces presidente George W. Bush rechazó el envío de 50 toneladas de ayuda humanitaria que ofreció el mandatario venezolano Hugo Chávez.

    El Huracán Katrina fue considerado el más mortífero de EE.UU. con más de 1800 fallecidos

    La ayuda incluía dos unidades móviles de hospital, 120 expertos en rescate y primeros auxilios y 50 toneladas de alimentos. Además de 10 plantas de purificación de agua, 18 plantas de generación de energía y 20 toneladas de agua embotellada.

    Esta acción demuestra que los Estados soberanos tiene la facultad de aceptar o no ayuda externa.

    2. Estados Unidos envío armas a la Contra nicaraguense en cargamentos rotulados como “ayuda humanitaria” y al mando de esa operación estaba Elliott Abrams, el mismo que ahora tiene la misión de “restaurar la democracia” en Venezuela.

    Este hecho ocurrió a pesar que entre los años 1984 y 1986, la ayuda militar estadounidense a los Contras fue prohibida por una ley del Congreso.

    Abrams también trabajó para la administración de George W. Bush

    Abrams fue imputado por este caso y posteriormente recibió el indulto cuando George Bush (padre) tomó la presidencia y lo incorporó en su equipo de gobierno.

    3. El dictador chileno Augusto Pinochet envió armas a Croacia durante la guerra de los Balcanes en containers rotulados como “ayuda humanitaria” y se echó al bolsillo varios millones de dólares gracias a eso.

    Las autoridades húngaras encontraron en un avión en Budapest, capital de Hungría, 11 toneladas de armamento ligero (fusiles, granadas, munición y cohetes antitanque) rotulados como “ayuda humanitaria” y cuyo destino era Croacia.

    La carga constituía una violación al embargo de armas a Yugoslavia por el Consejo de Seguridad de la ONU. La operación, hecha por FAMAE, una fábrica de armas del Ejército, tenía autorización del Ministerio de Defensa, aunque ésta fue obtenida para una exportación a Sri Lanka.

    Según el valor declarado de la carga, 203.000 dólares, cada kilo de armamento costó casi 18 dólares, un precio ridículo.

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    Pero sabiendo todo eso, Jackson y Boric nos dicen que es casi un crimen rechazar la llegada de ayuda humanitaria, aún conociendo de dónde viene y cómo podría instrumentalizarse políticamente.

    También podrían simplemente leer el libro de Jean Bricmont: “Imperialismo Humanitario: cómo se usan los Derechos Humanos para promover la guerra”, pero ¿valdría la pena esforzarse?.

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