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  • El río Mapocho amaneció ayer lunes 12 de febrero, provocador. No se trataba de su característico color marrón compitiendo con el gris de la ciudad, ni de la apertura de un nuevo tramo de una ciclovía que tiñera de color flúor el olor a desagüe que lo caracteriza.

    Se trataba de una amenaza.

    En el llamado “Puente de los candados” de Providencia, el autodenominado “Movimiento Social y Patriótico” colgó del cuello cuatro bultos simulando ser cuerpos humanos ahorcados. Bajo la consigna “Pedófilos muertos, problema resuelto” llamaban a reponer la pena de muerte.

    La provocación no pasó desapercibida en Santiago. La socióloga María Emilia Tijoux, académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile, conversó con El Ciudadano con el ánimo de no dejar pasar la situación y relacionarla con anteriores eventos que van dando cuenta de una cultura de muerte que -incluso a veces disfrazada de “pro vida”- reflota.

    – Esta no es la primera manifestación que combina la idea de tomar la justicia en manos propias, la muerte y el “patriotismo”

    Encuentro muy preocupante esta suerte de clima generalizado por la pena de muerte. Vivimos en una sociedad moderna, en pleno 2018, económicamente exitosa y políticamente segura. Que se esté pensando en pena de muerte, sea a quien sea, nos deja en pésimo lugar. Es un retroceso a siglos anteriores. Además, la pena de muerte hace regresar viejos fantasmas.

    Cuando es un grupo ad-hoc quien encabeza la iniciativa, es extremadamente peligroso. Por ejemplo, se pudiera acusar a alguien de pedofilia sin estar seguros y podrían actuar contra una persona sin pruebas de que esto sea real. Lo más grave es que se esté pensando que la pena de muerte resuelve algo, pero además se pone en manos de un verdugo los deseos de muerte de toda una sociedad.

    – En paralelo, los grupos de derecha enarbolan un contradictorio discurso respecto del valor de la vida

    Dar la muerte a alguien en un país “contra el aborto” y “por la vida”, es muy contradictorio respecto de que en los bailes culturales reine el reggaetón, el sexismo y es contra las mujeres. Y eso convive con una moral súper tradicionalista que espera que la pena de muerte resuelva las cosas. La pena de muerte tendría una fila muy larga, no sería solo a pedófilos: violadores de derechos humanos, entre ellos.

    Se trata de un debate humano y filosófico muy profundo. Espero que los intelectuales intervengan y aporten con su mirada.

    – Los firmantes de la acción se adjudican lo “patriótico”. ¿Qué significa eso en el Chile del siglo XXI?

    Foto: Radio U. de Chile

    Considero que esta acción es una provocación de grupos de extrema derecha, y me imagino que de ahí vienen cuando hablan de “patriótico”. Esto es muy complicado, porque hablan como si fuesen la patria y presentan una identidad política que pondría a estas personas como supuestos defensores de la vida de los niños.

    Sería más interesante que se preocuparan de instituciones como el Sename, o construyeran otras en que el Estado protegiera de modo efectivo a los menores. En cambio, es una apología a la violencia; imaginar que se puede colgar a alguien, además, anónimamente. En mi impresión, eso es asociación ilícita; llama a la violencia pública. Ya vimos con el caso de la chica raptada (en Licantén, provincia de Curicó, región del Maule) que la gente clamaba por pena de muerte, la que además tendría que ejecutar un funcionario público a nombre de la sociedad. Es sumamente complicado.

    – Por otra parte, lo “patriótico” también tiene una connotación especial cuando la inmigración forma parte del debate público

    Cierto. Una serie de grupos que han salido en el norte y sur que hablan de “migración ilegal” -que es algo que no existe- y que piden expulsiones inmediatas de inmigrantes, están tras esto. Patriótico es “defensa” por fuera y dentro de la patria. Es como si pensáramos que lo vimos en una bola de cristal. Pero esto pasa en el mundo entero: en Noruega, Francia, la fobia contra el extranjero, esta xenofobia, el miedo al otro cuando es pobre, va de la mano de la defensa “por dentro” contra el pedófilo. Hay que examinar lo que ocurre ahí.

    Si se trata de cuidar a los niños, bien, cuidémoslos, pero la pena de muerte no resuelve nada de eso.

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