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    La gente de Barbuda no huyó: fueron obligados a abandonar la isla. Según los testimonios que recibimos, el gobierno hizo esto para impulsar el desmantelamiento del sistema de propiedad comunal de la tierra, un esquema de privatización que se había planificado mucho antes del huracán.

    Mientras algunos hablan de defender ‘lo común’ (o the commons) como la tendencia del momento, otros ven sus bienes comunes históricos brutalmente destruidos.

    En Barbuda, la pequeña isla del estado caribeño Antigua y Barbuda, los residentes han sido dueños colectivos de sus tierras desde hace más de 150 años. Pero desde de que el huracán Irma puso la isla de rodillas en septiembre de 2017, el sistema colectivo de tenencia de la tierra está siendo amenazado por los intereses financieros y sus aliados en el gobierno laborista de Antigua y Barbuda.

    “El 95% de los edificios de Barbuda fueron destruidos. Apenas es habitable. Los residentes de Barbuda huyen”, informó la BBC unos días después del paso del huracán Irma. Wikipedia, un año después, afirma que “Barbuda está vacía por primera vez en la historia moderna”. El embajador estadounidense en Antigua y Barbuda declaró en un foro de Oxfam América que “no hay una sola persona viva en la isla de Barbuda, una civilización que ha existido en esa isla por más de 300 años ahora se ha extinguido.”

    Esa no es la verdad. Fuimos a visitar Barbuda en julio y participamos en su Semana de Reunión Familiar (Homecoming), un evento que dio la bienvenida a miembros de la diáspora barbudense, provenientes de Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, por primera vez desde el huracán. Encontramos una comunidad viva y vibrante. Niños jugando en la plaza del pueblo, un grupo de ancianos conversando bajo un árbol africano, una gran carpa preparada para los eventos, todos vestidos con sus mejores ropas de domingo. Algunas casas no tenían techo, otras tenían techos nuevos. En algunos techos se veían personas haciendo reparaciones, mientras otros parecían nunca haber sufrido ningún daño. La isla se veía golpeada, sufrida, pero lejos de estar muerta.

    “El día después del huracán, yo estaba desayunando con mi familia en el patio, cuando un policía armado vino a mi puerta para decirnos que nos teníamos que ir,” nos contó John Mussington, el director de la escuela secundaria. Hablamos con él bajo la carpa de actividades, luego de un culto ecumenico de Acción de Gracias en el que todas las iglesias participaron para celebrar la unidad del pueblo. “Imagínate cómo se siente escuchar por radio que dieron por vencida a tu isla, mientras que lo único que quieres hacer es comenzar a reconstruir”.

    Abuso de poder

    El gobierno del Partido Laborista en Antigua comenzó a arrendar las tierras de Barbuda sin consultar al Consejo de Barbuda, que se formó bajo la Ley del Gobierno Local y permitía a Barbuda administrar sus propios asuntos. El gobierno de Antigua autorizó a que compañías privadas comenzaran a extraer arena de las prístinas playas de Barbuda para embellecer centros turísticos en otras islas del Caribe, Ministros del propio gobierno de Antigua fueron los principales accionistas de esas compañías. La extracción de arena deterioró parte de la costa de Barbuda, lo que provocó la inundación de las plantaciones de coco con agua salada luego del paso de Irma.

    El gobierno también otorgó arriendos a promotores inmobiliarios para construir complejos turísticos en playas que estaban protegidas por su valor ecológico e inviabilidad para el desarrollo económico. Uno de esos hoteles, construido sobre un banco de arena, colapsó por completo en el huracán.

    El Partido Laborista volvió al poder en el gobierno de Antigua y Barbuda, con Gaston Browne como Primer Ministro. Éste hizo campaña prometiendo convertir a Barbuda ‘el granero de Antigua,’ y empezó a desmantelar la Ley de Tierras a través de la llamada ‘Ley de Paradise Found‘. Dicha ley anuló la Ley de Tierras de Barbuda para el terreno en el que el actor estadounidense Robert De Niro tenía planes de construir un lujoso complejo turístico. En la prensa internacional, De Niro fue presentado como un ‘héroe climático,’ ayudando a la gente de Barbuda luego de Irma. Eso no es exactamente cierto.

    El primer ministro utilizó la angustia causada por el huracán, y el momento en que la población fue obligada a dejar la isla, como una oportunidad para enmendar la Ley de Tierras de Barbuda. Dicha enmienda elimina los derechos comunales sobre la tierra, permitiendo su privatización. Las parcelas serán vendidas a sus poseedores actuales por $1 USD cada una.

    Para muchos habitantes de Barbuda esta situación es similar a los tiempos coloniales, cuando se les alquilaba la tierra por cinco chelines. “Cuando posees algo y alguien te dice que ahora te lo venderá, ¡¿Cuán ofensivo es eso?!”, se pregunta Mussington. Todas las personas con quienes hablamos en Barbuda se oponen a las enmiendas a la Ley de Tierras. Incluso los niños saben que la verdadera intención de la privatización es abrirle paso al acaparamiento.

    Pero Barbuda no puede apelar estas enmiendas hasta que se publiquen oficialmente. Garden Court Chambers ­–un bufete de abogados de alto perfil establecido en Londres­­– está defendiendo el caso del pueblo de Barbuda contra su gobierno. Muchos confían en que ganarán este caso, pues no se respetaron las disposiciones de la Ley de Tierras, que establecen que no se pueden hacer cambios sin el consentimiento del pueblo de Barbuda.

    El pueblo de Barbuda, además, enfrenta luchas legales contra la decisión del gobierno de construir un aeropuerto internacional en la isla. Varias tierras boscosas vírgenes, que se extienden desde el oeste hasta el este insular, han sido despejadas. Mientras, el gobierno también quiere tomar el control de las pesquerías de Barbuda, quitándoles a la población el control sobre una actividad económica central. E ignorando las zonas de no pesca destinadas a conservar las poblaciones de peces y los hábitats que las sustentan.

    Es impresionante la cantidad de amenazas a la vida comunitaria que el pueblo de Barbuda ha podido soportar; el huracán Irma y el capitalismo de desastre que le siguió son solo capítulos recientes de su historia.

    La propiedad comunal de la tierra ha permitido a los residentes de Barbuda mantener un modelo de desarrollo radicalmente diferente a las otras islas del Caribe, con estricto control comunitario sobre el desarrollo y la protección de los recursos naturales, mientras se fortalecen para enfrentar el cambio climático.

    ¿Por qué imponer un sistema privatizado de tenencia de la tierra, que sabemos fomenta el desarrollo descontrolado, al poner la tierra en el mercado, desplazando a la población y destruyendo el mundo natural del que todos dependemos? Si vamos a sobrevivir como especie, debemos hablar más entre nosotros y defender a quienes a su vez defienden los recursos de nuestro planeta, sin importar cuán pequeño sea un lugar.

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