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    Cada 20 de junio el hemisferio sur del planeta recibe el solsticio de invierno, ese momento en el que la posición del sol en el cielo se encuentra a la mayor distancia angular negativa del ecuador, según los ancestros. Sin embargo, en Bolivia significa más que la puesta del sol, pues sus habitantes también dan la bienvenida al año nuevo andino amazónico chaqueño.

    Los bolivianos consideran esta fecha como el reencuentro de las energías positivas de la Pacha Mama, y habilitan más de 200 sitios sagrados para recibir los primeros rayos del sol con las manos extendidas para agradecer al cosmos y renovarse.

    Ritual para la renovación

    Según la creencia ancestral, el ritual trata de una ‘limpieza espiritual’, una celebración del propio ser pero de forma colectiva bajo la idea ‘Jiwasapi Jiwatanxa‘ (somos nosotros mismos).

    El viceministro boliviano de Descolonización, Félix Cárdenas, expresó que en la fecha se reúnen “en las wakas o sitios ceremoniales, lugares sagrados que existen hace milenos para la renovación como persona, familia y comunidad”.

    Los amautas o guías espirituales, asumen que, “para realizarte como persona en plenitud, debes dialogar y encontrarte contigo mismo, esencialmente para alcanzar el equilibrio entre la razón y los sentimientos”, que es “el principal aspecto para vivir en armonía”.

    El Día del Sol

    El solsticio de invierno también es conocido como el Día del Sol, astro concebido como ente dador y restaurador de energías. “De alguna manera, el Sol es quien engendra, quien hace la vida de los seres terrestres”, afirmó el intelectual indígena Fausto Reinaga.

    Por su parte, el investigador boliviano Guillermo Lage indicó que “con este retorno del sol se recibe la energía cósmica para fortalecer nuestra identidad, destinada a vivir en equilibrio y armonía con la Pachamama, con el universo y con el resto del cosmos”.

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