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    En 1887,  se realizó en el madrileño parque de El Retiro un evento titulado “Exposición General de Filipinas”, donde  presentaban a un grupo de indígenas filipinos, junto a varias etnias, según informó el diario El Imparcial.

    Este auténtico “zoológico humano” pretendía acercar a los españoles a la cotidianeidad de las tribus lejanas que tiempo atrás habían sido parte el vasto imperio español. Asimismo, familias enteras de ashantis africanos fueron exhibidas como atracción de feria en un terreno cercano a la plaza de Cataluña.

    Moda europea

    En realidad, las llamadas “exposiciones etnográficas” no eran patrimonio exclusivo del imperio español, sino una moda importada de otras potencias coloniales. A lo largo de la segunda mitad del s XIX, durante el período conocido como Nuevo Imperialismo que se prolongaría hasta la I Guerra Mundial (1914), fueron muchos los países europeos que, en un alarde de eurocentrismo que hoy sonrojaría al más pintado, mostraron a los habitantes de la metrópoli las costumbres de los pueblos que habitaban las colonias lejanas.

    Sólo 13 años antes de la exposición de El Retiro, en 1874, el director de circo alemán Carl Hagenbeck comenzó a exhibir samoanos y lapones con sus tiendas, trineos e instrumental de pesca. Más tarde, y visto el éxito de su idea, paseó por varios países a una docena de hombres, mujeres y niños de la etnia chilena Káwesqar.

    Luis Ángel Sánchez Gómez, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y uno de los mayores expertos del país en materia de etnografía, con numerosos artículos publicados al respecto de este tipo de exposiciones, no es partidario de usar una expresión que, más de un siglo después, sigue generando controversia.

    “No me gusta la expresión ‘zoos humanos”, reconoce aTribus Ocultas. “Surgió en Francia en los años 80 y fue también allí donde se organizó hace unos años una exposición sobre el tema que insiste en usar esa expresión”, explica. “Es cierto que en algunos casos, como en Francia y Alemania, algunas exposiciones etnográficas, sobre todo las de empresarios particulares, se acercan mucho a la imagen de un zoo humano. Pero el tema es mucho más complejo que eso”.

     Arrogancia imperial

    Esa complejidad hay que buscarla en el contexto colonial. Una exposición realizada el pasado 2017 en el Museo Nacional de Antropología a propósito de la exposición, hacía hincapié en la necesaria reflexión sobre la manera en que se mostró Filipinas a los españoles 130 años atrás.

    Dado lo delicado del asunto, desde el propio dossier de la muestra se explicaba que el objetivo de la exposición era “recordar” y no “conmemorar” lo ocurrido, “dado el cambio de actitud hacia una serie de conceptos relativos al control político y económico de territorios muy alejados del país que los ejerce”, así como “la actitud hacia las personas que habitaron”.

    Y es que, aunque hoy en día resulte escandaloso, lo cierto es que en su momento nadie pareció sentirse incómodo con el hecho de que un grupo de hombres y mujeres fuera mostrado al público como animales.

    “No hubo apenas protestas de nadie”, explica el profesor Sánchez Gómez al reflexionar sobre la exposición universal de Madrid. Quizá porque, frente a lo que ocurría en otros países europeos, lo de El Retiro era un juego de niños.

    Entre los países con un pasado más vergonzante en lo que a “zoológicos humanos” se refiere, Bélgica -cuyo rey Leopoldo II pasaría a la historia por sus despiadadas y sádicas prácticas en El Congo- se lleva la palma. No sólo porque allí fueron mucho más populares y cruentos, sino especialmente porque el último de ellos se ubicó en la capital, Bruselas, bien entrado el siglo XX. Concretamente en 1958, diez años después de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Como quien dice, antes de ayer.

    Con motivo de otra exposición universal que atrajo a Bruselas a 41 millones de visitantes, los organizadores dispusieron tres hectáreas de jardines tropicales en los que 400 hombres, mujeres y niños traídos del Congo -territorio 80 veces más grande que la propia Bélgica- eran exhibidos tras una valla de bambú. Si no se movían, los espectadores les lanzaban dinero o plátanos. Tras un verano especialmente frío, siete de ellos murieron de neumonía y gripe. Aquel fue el último “zoo humano” de la historia.

    Zoológicos humanos

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