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    En las montañas del este de El Salvador campesinos levantaron juntos su propio proyecto hidroeléctrico como parte de emprendimientos que ayuden a mejorar las condiciones de vida de la comunidad.

    El proyecto Minicentral Hidroeléctrica El Calambre,  es una iniciativa comunitaria que provee de energía a Joya de Talchiga, uno de los 29 caseríos del municipio rural de Perquín, de unos 4.000 habitantes, en el oriental departamento de Morazán, fronterizo al norte con Honduras.

    La Minicentral Hidroeléctrica El Calambre toma el nombre del río de aguas frías y color turquesa que nace en Honduras y serpentea entre las montañas hasta cruzar el área donde se asienta La Joya, como le llaman, dedicada a la agricultura de subsistencia, sobre todo maíz y frijol.

    Un pequeño dique embalsa el agua en un segmento del río, y parte del caudal es dirigido por medio de tuberías subterráneas hacia una caseta, la casa de máquinas, 900 metros abajo, en cuyo interior una turbina hace rugir un generador de 58 kilovatios.

    Exclusión neoliberal

    La Joya es un ejemplo de cómo sus habitantes, en su mayoría campesinos pobres, no se quedaron de brazos cruzados esperando que la empresa que distribuye la electricidad en la zona les conecte un servicio tan vital.

    La distribución de la energía en este país centroamericano, de 6,5 millones de habitantes, está a cargo de varias compañías privadas, desde que ese sector se privatizó a finales de los 90.

    Los vecinos contaron a la agencia IPS que son propietarios de los terrenos donde habitan, pero carecen de toda la documentación formal, y sin ella la empresa que opera en la región no brinda la electrificación. Solo dio acceso a un par de familias que sí tienen todo en regla.

    Sin muchas esperanzas de que la empresa trajera la energía, los residentes de La Joya se propusieron obtenerla por sus propios medios y recursos, con el apoyo técnico y financiero de organizaciones nacionales e internacionales.

    Una de esas fue la asociación Saneamiento Básico, Educación Sanitaria y Energías Alternativas (SABES El Salvador), que jugó un papel primordial al llevar a La Joya la iniciativa, inicialmente recibida con reservas.

    “La gente aún dudaba cuando nos vinieron a hablar del proyecto en 2005, y hasta yo dudaba, nos costaba creer que podría darse. Sabíamos cómo funciona una presa, del agua que mueve una turbina, pero no sabíamos que podía hacerse en un río pequeño”, explicó a IPS el campesino Juan Benítez, presidente de Nuevos Horizontes, la organización comunal de La Joya para impulsar iniciativas de desarrollo.

    La pequeña planta hidroeléctrica, en funcionamiento desde el 2012, fue edificada con el trabajo voluntario de hombres y mujeres de la comunidad, a cambio de ser beneficiarios del servicio. Para el trabajo especializado, como el eléctrico o albañilería compleja, fueron contratados trabajadores en esas ramas.

    El costo total de la minipresa sobrepasó los 192.000 dólares, de los cuales unos 34.000 los aportó la comunidad con las muchas horas de trabajo que pusieron los vecinos, al asignarles un valor monetario.

    Tarifas solidarias

    El cobro del servicio se basa en el número de bombillos que posea cada familia, y cada uno cuesta 0,5 dólares. Así, si una familia tiene cuatro, cancela dos dólares.

    Proyecto binacional

    El proyecto fue considerado desde el comienzo como binacional, pues el excedente de energía generado en La Joya se distribuye al caserío Cueva del Monte, a cuatro kilómetros de distancia, ya en territorio hondureño.

    Para lograrlo se instalaron líneas adicionales y de ese modo su planta puede beneficiar a otras 45 familias, de las que 32 ya están conectadas al servicio.

    “Los hondureños nos engañaron, nos dijeron que nos iban a poner el proyecto de energía, pero no lo hicieron, solo nos quedamos con los planos hechos”, sostuvo a IPS el líder comunitario del caserío hondureño, Mauricio Gracia.

    Los habitantes de Cueva del Monte son salvadoreños que en septiembre de 1992 quedaron de la noche a la mañana en territorio hondureño, tras un fallo de la Corte Internacional de Justicia de entonces, que resolvió una vieja disputa fronteriza binacional, que incluía esa zona del norte de Morazán.

     

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