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    juanbarros

    A eso de las 11 de la mañana del sábado, debía comenzar la ceremonia de investidura; sin embargo, la liturgia comenzó con retraso ya que un grupo de asistentes trató de impedir su ingreso a la catedral San Mateo de Osorno.

    El cura Juan Barros asumió, entre gritos y pifias, el obispado de la ciudad frente a un rebaño de fieles que se dividían entre partidarios, detractores y carabineros de civil, para proteger la integridad del sacerdote, quien ha sido acusado de encubrir los crímenes de abuso sexual de Karadima, quien recibió una modesta condena canónica de parte de la iglesia.

    Protesta Barros

    La situación durante la liturgia fue tan tensa, entre gritos y globos (blancos de parte de quienes estaban a favor y negros, de parte de quienes estaban en contra) que varias partes de la ceremonia tuvieron que ser reducidas para acortar el tiempo de exposición del cura frente a los feligreses.

    La ceremonia, a parte de las protestas, estuvo marcada por la ausencia de las altas autoridades de la Iglesia, como Ricardo Ezzati, quien se excusó señalando que tenía problemas de agenda. Tampoco llegaron hasta la catedral: el intendente, el gobernador, ni el alcalde de Osorno. l único político que apareció como autoridad, en el interior de la catedral, fue el concejal de la UDI Víctor Bravo, señalando ser consecuente con su conciencia.

    El hecho de que ninguna de las tres primeras jerarquías de la iglesia asistiera al evento, fue tomado, por las víctimas de Karadima, como una señal de cobardía. Juan Carlos Cruz dijo a radio Cooperativa que “siento una tristeza enorme por su falta de humildad. Todo el país gritando que no asuma (…) tengo una tristeza porque el papa permitió esto teniendo todos los antecedentes”.

    En cuanto a la ausencia del obispo Alejandro Goic y del cardenal Ricardo Ezzati, Cruz afirmó que “son unos cobardes y unos hipócritas y una vez más demuestran lo que son ante todo Chile”, enfatizó, agregando que son una “jerarquía corrupta de la Iglesia que hoy día escapan como ratones para que no los vean”.

    En las afueras de la catedral, llegaron más de 700 personas para protestar, entre los que se encontraban autoridades políticas regionales y diputados de la república, como fue el caso de Sergio Ojeda (de la Democracia cristiana), quien señaló a la Tercera que “Creo que la iglesia católica está llorando, porque se está imponiendo algo que no corresponde. Creo que la iglesia no está escuchando a su pueblo y es por ello que le pedimos al obispo Barros que sea noble y que renuncie para terminar con este tremendo problema”  

    Sergio Ojeda

    Por su parte, el diputado del Partido Socialista, Fidel Espinoza, señaló lo siguiente: “la iglesia no puede tolerar que la máxima autoridad de la iglesia haya sido encubridor de abusos. Nunca la iglesia había vivido un bochorno así de grande”.

    Lo más importante que nos queda de esta jornada es que, por primera, vez tenemos una ciudadanía empoderada, capaz de manifestarse en contra de los mismísimos designios del Papa, que no es nada más y nada menos, la encarnación de San Pedro (según el dogma católico) para guiar a los fieles de Dios.

    Es importante destacar que jamás en la historia de Chile se había visto una situación de características similares, en la que la gente sintiera que tenía derecho de manifestarse y la posibilidad de revocar una decisión del mismísimo Papa en persona. Y es que faltan sólo dos dedos de frente para entender que no se puede ratificar en un cargo de tanto poder a un sujeto que fue verdugo de niños y jóvenes que se acercaron a sus pastores en busca de Dios y se encontraron, justamente, con todo lo contrario. Con esta decisión, se está victimizando nuevamente a los mismos que no encuentran justicia y consuelo en el seno de una institución que, hace rato, se viene cayendo a pedazos, producto del encubrimiento que han hecho de estos victimarios y sus abusos.

    Protesta contra Barros

    Las esperanzas puestas en Francisco han sido defraudadas ya que, como ha aparecido esta noticia en el resto del mundo, la decisión de mantener a Barros en el cargo de Obispo se encuentra en directa oposición a lo que el papa argentino señaló en materia de abuso sexual. No ha sido implacable, sino, por el contrario, reviste de poder a un sujeto que está acusado de ser parte de los excesos de Karadima.

    Pero lo que sí podemos destacar es que la sociedad chilena está madurando. Al fin nos estamos haciendo cargo de lo que queremos y de lo que no. Y hemos sido tajantes en señalar que no queremos a un Juan Barros como obispo, aunque él mismo considere que esta martirización es su camino a la santidad. Hay que seguir insistiendo y machacando, señalando también a los responsables que propiciaron que esto sucediera. Juan Barros no puede pastorear a una iglesia que él mismo está dividiendo y las autoridades eclesiales se tienen que enterar que ya no estamos en tiempos de oscurantismos en donde la iglesia hace con las poblaciones lo que quiere y queda en la más absoluta impunidad.

    Es urgente exigir la renuncia de Barros. Es urgente que los sectores de más poder de la iglesia se enteren que estamos en un Estado Laico en el que la voz de sus ciudadanos es importante. Es urgente que hagamos algo respecto de las víctimas, para que encuentren algo de la justicia que les fue negada.

    Basta de abusos.

    Ya es demasiado.

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