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    La madrugada del viernes 9 de junio se produjo un derrumbe al interior de la mina Delia II, de la empresa Cerro Bayo, ubicada en la extrema comuna de Chile Chico, en la región de Aysén, que dejó a dos trabajadores enterrados a unos 1.300 metros de profundidad. El peligro de un hecho así había sido alertado por semanas por los obreros, que denunciaban una serie de filtraciones al interior de los túneles.

    Del estado de los mineros accidentados, Enrique Ojeda (34) y Jorge Sánchez (25), no se tiene noticia y tanto los familiares como las autoridades abrigan esperanzas de que los trabajadores hayan podido alcanzar el refugio que se encuentra en el área del deslizamiento de tierra.

    Hasta el momento las maniobras de rescate no han sido efectivas, dado lo complejo del terreno y nuevos movimientos de tierra que se han producido en las tareas donde han sido dispuestas las maquinarias por la empresa dueña de la operación minera. Incluso, la primera máquina de sondaje utilizada no concretó resultados positivos.

    El dirigente del sindicato de la mina Delia II y Consejero Regional de Aysén, Ariel Keim, sostiene que dado que el derrumbe se provoca por la inundación del pique -ya que la mina se encuentra por debajo el nivel de la Laguna Verde, uno de los lagos más grandes en el mundo- “nosotros estamos planteando que hay que desaguar la laguna. Hay una laguna que está a un nivel inferior, a no más de 200 metros, y hay que hacer un canal directo y depositar el agua de la laguna (verde) en la laguna que está al lado”.

    Esta es una de las medidas que se intentan aplicar para la gestión del rescate, que hasta ahora no se ha podido concretar ante la desesperación de los familiares por el nulo avance en la operación.

    Guadalupe Martínez es madre de Jorge Sánchez y en conversación con El Ciudadano hace una crítica a las tareas de rescate, sosteniendo que “en la medida que más se demoran en rescatarlos, la angustia aumenta”.

    “El proceso ha sido lento, y se han movido desde que empezamos a exigir. Los mineros son los que están 100% apoyándonos para sacar a mi hijo”, aclara Martínez.

    Al mismo tiempo, la madre del minero atrapado ratifica que los trabajadores habían hecho patente sus constantes denuncias contra las malas condiciones de seguridad, y recalca que “ellos, junto a mi sobrino que trabaja allí, decían que siempre estaba goteando la mina. Y los dueños siempre hacían la vista gorda”. Junto con ello agrega que “mi hijo avisó que se estaba inundando la mina, pero ya era tarde”.

    No sólo inseguridad, también contaminación

    A la falta de seguridad en las faenas de la mina Delia II, los vecinos y vecinas de la comuna de Chile Chico suman que han realizado constantes denuncias respecto de la contaminación a las aguas provocadas por la minería en la zona.

    Esto a pesar que desde la autoridad se le baja el perfil a cualquier daño ambiental que se pueda haber producido. Sin embargo, para el dirigente social y defensor del medioambiente de Chile Chico, Iom Montalba, “los eventos de contaminación donde se instala esta mina son permanentes. Este lugar era casi un santuario natural por excelencia, donde había mucha cantidad de aves, en especial de Flamencos”.

    En diálogo con El Ciudadano, Montalba añade que “la palabra santuario natural hace unos años no existía, no había ninguna especie de conservación. Luego comienzan comprar terrenos Tomkins y otras gentes. Hace doce años este lugar era visitado por  todo tipo de aves, pero ahora se encuentra deshabitado”.

    Montalba apunta a la acción de las explotaciones mineras. “Paulatinamente se han ido haciendo más sondajes. Si bien las empresas mineras hacen la extracción, hay otras que hacen los sondajes para encontrar minerales, cuyos trabajos o estudios se los venden a las mineras, entonces estos sondajes contaminan y ocupan aguas”, denuncia.

    En este sentido, el dirigente social recalca que “el lugar del accidente se encuentra muy cerca de zonas protegidas y nadie dice nada. Este lugar está repleto de zonas de sondaje y se contaminan las aguas, hacen caminos donde había fauna y flora nativa”.

    “Cómo esperan que confiemos de ellos, si la autoridad minera decía que no sabía que se hacían perforaciones… Pero, ¡por favor!, la mina está al lado del segundo lago más largo de Suramérica, uno de los más grandes del mundo, o sea, es irrisorio”, finaliza Montalba.

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