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    “Un trabajo peligroso, soldar a pocos centímetros de una cisterna de petróleo. Una sola chispa es capaz de activar una bomba que puede arrasar una refinería. Por eso te dicen que utilices esa lona gris sucia, que es resistente a las altas temperaturas porque es producida con una substancia ligera e indestructible: el amianto. Con eso las chispas quedan prisioneras y tú quedas prisionero con ellas, y debajo de la lona de amianto respiras las substancias liberadas por la fusión de un electrodo. Una sola fibra de asbesto y en veinte años estás muerto.” Así escribe el autor italiano Alberto Prunetti en la novela, basada en la vida de su padre, Amianto. Una historia obrera (Ed. Alegre, Roma).

    Es la historia de millones de trabajadores que inhalan y llevan sobre sí o dentro de sí esas fibras tóxicas que provocan cáncer (mesotelioma) del pulmón, de la laringe y graves patologías como la asbestosis. Palabras complicadas, causas simples: si en tu casa lavas ropa sucia de amianto, podrías aspirar una fibra que jamás saldrá de tu cuerpo y producirá enfermedad o muerte. De un haz de un milímetro se desprenden 50 mil microfibras respirables.

    El asbesto es un silicato de alúmina, hierro y cal que, junto con cemento, forma el fibrocemento, patentado en 1901 por el austríaco Ludwig Hatschek como Eternit, eterno, por su resistencia. Al ser manipulado o al desgastarse, libera polvos fatales. Todos, en México y en donde no se ha prohibido su extracción y uso, estamos en peligro. Es riesgoso laborar con el mineral, vivir cerca de las fábricas o tener techos, láminas, tubos, balatas o guantes revestidos de asbesto.

    En Europa la bonificación del amianto tardó años, desde que en 1999 se prohibiera el uso del material. Otros cincuenta y cinco países, incluyendo Canadá y Estados Unidos, hicieron lo mismo. Sin embargo, el negocio es boyante en otros lados: Rusia, China, Brasil, Tailandia, India y Kazajstán son importantes productores. Por su parte, México duplicó en 2011-2012 las cantidades importadas y procesadas, que ascendieron de 9 a 18 millones de dólares.

    En Brasil se estima que el amianto ha matado a 150 mil personas en diez años, es decir 15 mil al año (casi quince por ciento del total mundial). Allí operan dieciséis grandes empresas que “en las elecciones van financiando transversalmente a todos los partidos políticos”, relata Fernanda Giannasi, exsupervisora del Ministerio del Trabajo. Los activistas antiasbesto tienen los medios y la industria en su contra, pues tratan de informar a la población sobre riesgos y complicidades político-empresariales.

    En México, el mesotelioma ha aumentado de veintitrés casos en 1979 a doscientos veinte en 2010, pero hay un subregistro estimado del setenta por ciento, que llevaría el promedio anual a quinientos casos. La “cifra negra” se relaciona con los casos en que no se diagnostica la enfermedad o no consta en las actas de defunción, debido a que conviene no reconocerla como afectación laboral.

    El asbesto está en miles de instalaciones alrededor de nosotros. La CTM, en el pasado incluso defendió el uso del material, ya que el sector emplearía entre 8 y 10 mil personas y no habría constancia de fallecimientos por mesotelioma, lo cual es falso y solapa el problema. La extracción mundial de asbesto fue, en 2013, de 2.1 millones de toneladas y desde 1995 se ha mantenido entre 2 y 3 millones de toneladas, siendo más de mil 800 las compañías que lo utilizan.

    La organización mexicana Ayuda Mesotelioma (mesotelioma.net) denuncia peligros y estragos del asbesto desde hace cinco años, cuando sus fundadoras, Sharon Rapoport y su hermana Liora, vieron cómo su padre se enfermaba gravemente. En cinco décadas México ha importado más de quinientas mil toneladas de asbesto y sólo en la capital lo manejan unas cuarenta y dos compañías. Aún es legal, pero es éticamente deplorable.

    “A excepción de la pólvora, el amianto es la sustancia más inmoral con la que se haya hecho trabajar a la gente; las fuerzas siniestras que obtienen provecho del amianto sacrifican gustosamente la salud de los trabajadores a cambio de los beneficios de empresas”, dijo Remi Poppe, exeurodiputado holandés. Los síntomas del mesotelioma aparecen entre quince y cincuenta años después de la inhalación de las fibrillas y no existe realmente ningún nivel “seguro” de exposición.

    Muerte por amianto

    Según la Organización Mundial de la Salud ( OMS ), al año mueren unas 107 mil personas por enfermedades contraídas por manipulación de amianto. En el siglo XX las muertes prematuras fueron 10 millones y se enfermaron 100 millones de personas debido al amianto. Hoy, 125 millones de trabajadores están expuestos al mineral. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios de la Secretaría de Salud reconoció su toxicidad, pero se limitó a sugerir “que las empresas controlen su uso”.

    La Ley de Salud del Distrito Federal habla de precauciones sobre el amianto, pero sin prohibirlo. Según datos del INEGI , veintiuno por ciento de las viviendas mexicanas tiene techo de lámina metálica, cartón o asbesto, y el uno por ciento tiene paredes de cartón, asbesto, carrizo, bambú o palma. En 2014 se otorgaron cuotas del Fondo de Aportación para la Estructura Social para viviendas de Iztapalapa. Las reglas dicen que “los pisos, muros y/o techos deben ser de cuartos dormitorio o cocina dentro de la vivienda, hechos con lámina de cartón, metálica, de asbesto o material de desecho”. ¿De asbesto? Sí, no es broma, está en la Gaceta Oficial- DF .

    La OMS , en cambio, pide eliminar el uso de todo tipo de asbesto, incluido el “blanco” o “crisotilo” que el lobby del asbesto pretende presentar como “limpio”; asimismo, habla de aportar información sobre soluciones para sustituirlo con productos seguros; desarrollar mecanismos económicos y tecnológicos para ello; evitar la exposición al asbesto durante su uso y en su eliminación; mejorar el diagnóstico precoz, el tratamiento y rehabilitación médica y social de los enfermos, así como registrar a las personas expuestas en la actualidad o en el pasado.

    La “fase superior” del filantrocapitalismo

    La hilaza tóxica del asbesto pasa también por Costa Rica, “la Suiza de Centroamérica”. La Garita es un paraje de ensueño, rincón tropical cerca de Alajuela. Las instalaciones de la INCAE Business School, la mejor escuela de negocios latinoamericana, destacan entre las palmas, las granjas, una plácida carretera y unos pastos verdísimos.

    INCAE es famosa por su enfoque de desarrollo sustentable y ética empresarial. Cuenta con campus en Nicaragua y Costa Rica. Es un proyecto para la enseñanza e investigación gerencial que nace en 1964, bajo los auspicios de la Alianza para el Progreso del entonces presidente de Estados Unidos, John F . Kennedy, de la Escuela de Negocios de Harvard, de la agencia UsAid y de los mandatarios y empresarios de seis países centroamericanos.

    En los años noventa, la historia de esta escuela se cruza con la de un empresario que en las Américas tiene fama de gurú del desarrollo sustentable, mientras que en Europa es conocido como “rey del Eternit”: Stephen Schmidheiny. Hombre de negocios por tradición familiar (cementera Holcim, Wild-Leitz de instrumentos ópticos, electrotécnica bbc Brown Boveri y la empresa Eternit), nació en Heerbrugg, Suiza, en 1947, amasó una fortuna con el negocio del asbesto y su record está manchado por procesos judiciales y graves acusaciones.

    La Fundación AVINA , creada por el empresario en 1994 y operativa en veintiún países latinoamericanos, colabora con la escuela y en 1996 Schmidheiny, quien fue administrador de Eternit y hoy está en el Consejo Directivo de INCAE , participó en la creación de su Centro Latinoamericano para la Competitividad y el Desarrollo Sostenible ( CLACDS ).

    Schmidheiny fundó varias organizaciones sin fines de lucro, como Fundes (1984), MarViva (2003) y el fideicomiso VivaTrust (2003), que sustenta AVINA . En éste confluyó el valor de la participación del suizo en Grupo Nueva, consorcio de negocios forestales. En Chile, sus filiales han sido acusadas por los indígenas mapuches de despojo, dentro de un largo conflicto social, ya que la adquisición de las tierras ancestrales de las comunidades (120 mil hectáreas) empezó en la dictadura de Pinochet, que las expropiaba o enajenaba “con prácticas de intimidación, tortura y asesinato”, según denuncian los mapuches.

    El magnate vendió sus acciones del grupo Eternit a finales de los ochenta, y para 1999 su patrimonio ascendía a 4.4 billones de dólares. Las fundaciones se constituyen como entidades autónomas, prácticamente inatacables tras eventuales condenas judiciales, y promocionan redes como SEKN (Social Enterprise Knowledge Network) y alianzas sobre temas socio-ambientales: agua, ciudades sustentables, energía, industrias extractivas, innovación política, reciclaje, cambio climático.

    Hay movimientos sociales que hablan de “filantrocapitalismo” respecto de avina y su aliada Ashoka, fundación filantrópica estadunidense presente en setenta países. “El capital trata de apropiarse de los movimientos ecologistas razonables para reconvertirlos en domesticados capitalismos verdes o formas de negocio con el agotamiento del planeta”, explica el ingeniero activista español Pedro Prieto, de la Asociación para el Estudio del Auge de Petróleo y Gas.

    ¿Por qué? “Los emprendedores sociales trabajan con esas poblaciones, su labor es acercar a las multinacionales hasta ellas, mientras salvaguardan los intereses de éstas”, dice María Zapata, directora de Ashoka en España. En entrevista con Rebelión, el investigador Paco Puche habla de cómo se infiltran las fundaciones en los movimientos con “la cooptación de líderes” y de cómo “ AVINA se vincula al magnate Schmidheiny, que debe su fortuna al criminal negocio del amianto. Decimos que todos los que han recibido dinero y otras prebendas de esta fundación (y después de conocerla, no la han rechazado) se llevan la maldición del polvo del amianto en sus entrañas”.

    En 2013, el Tribunal de Turín condenó al suizo y a su exsocio en la multinacional Eternit Group, el barón belga Louis De Cartier, de noventa y dos años de edad en ese entonces, a dieciséis años de cárcel por desastre doloso y remoción de medidas contra los infortunios: la sentencia fue esperada por los familiares de 3 mil víctimas. La Corte de Apelaciones aumentó la condena a dieciocho años, pero el miembro de la nobleza belga falleció poco antes. Schmidheiny fue condenado por sus responsabilidades como administrador de Eternit en el decenio 1976-1986 y absuelto de otros cargos del período 1966-1975 porque los hechos no subsistían. Las causas de la asbestosis y el mesotelioma ya se habían detectado desde los años sesenta, pero el negocio de Eternit siguió; por eso la condena habla de “dolo”: los imputados habrían escondido conscientemente los efectos cancerígenos del asbesto.

    En noviembre de 2014, en el último grado de juicio, la Suprema Corte anuló la sentencia anterior, ya que los crímenes habían prescrito. Se tomó como inicio de los términos para la prescripción el año de 1986, cuando Eternit declaró su quiebra, pero la decisión es polémica, ya que el desastre ambiental todavía sigue ocurriendo, pues no se interrumpe con la quiebra fiscal de la empresa. Es una bofetada a víctimas y familiares.

    El paso más reciente

    Mayo de 2015: se abre un nuevo proceso, “Eternit Bis”. Schmidheiny ya no es acusado de “desastre” sino de homicidio doloso agraviado de 258 personas, exempleados o vecinos de Casale Monferrato, un pueblo en que operaba Eternit, quienes fallecieron entre 1989 y 2014 por mesotelioma pleural. Agravantes serían el “mero fin de lucro” y el “modo insidioso”, pues se habría ocultado información a trabajadores y ciudadanos sobre los riesgos.

    En cambio, en su web el magnate dice ser “pionero en la eliminación del asbesto en la industria”. En julio su defensa logró la suspensión del juicio mientras la Corte Constitucional italiana evalúa si hay o no violación al principio ne bis in idem, por el cual nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo asunto. Mientras tanto, los fiscales de Turín presentarán cargos para noventa y cuatro casos más de afectación por Eternit.

    La hecatombe del asbesto aún durará por décadas. Urge reparar el daño a las víctimas, prohibir su uso y comercio, desterrarlo de toda habitación y ambiente.

    Fuente: La Jornada

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