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    Existe cerca de una veintena de películas de la cinematografía mundial que tienen el Alzheimer como tema principal o secundario. De este grupo, hay dos que reflejan magistralmente cómo este trastorno que se inicia con la pérdida progresiva de la memoria, puede padecerse tanto en personas jóvenes como en aquellos que ya viven los últimos años de sus vidas.

    Una de estas películas es “El hijo de la novia” (Argentina 2001) protagonizada por Norma Leandro y Ricardo Darín. El largometraje cuenta la historia de una mujer de la “tercer edad” recluida en un geriátrico que sufre Alzheimer avanzado. El sueño de la anciana es casarse por la iglesia, anhelo que su hijo Rafael (Darín) le ayuda a cumplir.

    En la acera contraria se encuentra “Siempre Alice” (EE.UU 2014) protagonizada por Julianne Moore, filme que desarrolla el dramático caso de Alice Howland, una mujer de 50 años, exitosa profesora de psicología cognitiva en Harvard, que repentinamente comienza a tener episodios de pérdida de memoria y es diagnosticada precozmente con la enfermedad, situación que cambia su vida drásticamente.

    Este 21 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Prevención del Alzheimer, es preciso recordar que este trastorno, detectado y descrito por primera vez hace más de un siglo, por el psiquiatra y neurólogo alemán, Alois Alzheimer, no es exclusivo de los ancianos o personas de la tercera edad. Es un padecimiento que puede afectar igualmente a personas muy jóvenes, incluso mucho antes de cumplir los 50.

    Imágenes de la película “El hijo de la novia” (Argentina 2001). El largometraje cuenta la historia de una mujer de la “tercer edad” recluida en un geriátrico que sufre Alzheimer avanzado. El sueño de la anciana es casarse por la iglesia. Foto Web.

    La especialista en neurología Jesângeli Dias, integrante del equipo de Neurología del Envejecimiento del Hospital de Salvador de Bahía, Brasil, explicó en entrevista para un diario de la localidad que “generalmente estos casos de la enfermedad en los más jóvenes son genéticamente determinados. En la vejez no tiene necesariamente influencia genética, puede suceder con una persona que no tiene ningún caso en la familia.”

    “El joven -dijo la experta- nunca va a imaginar que tiene Alzheimer. Se comienzan a notar los síntomas, que pueden ser en la esfera de la memoria, una dificultad en el lenguaje, una desorientación en relación al espacio. Salir de casa y empezar a perderse…Esto va interfiriendo en el día a día de la persona”.

    De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, hoy en día 50 millones de personas en el planeta sufren este trastorno y se estima que con el envejecimiento progresivo de la población, ese número se duplique cada 20 años.

    Reconocer los síntomas

    Señaló la neuróloga brasileña que es posible que en las etapas iniciales de la enfermedad, se confunda al Alzheimer con el proceso natural de envejecimiento. Pero hay maneras de percibir la diferencia.

    “Hay una condición que dentro de la medicina llamamos el ‘trastorno cognitivo leve’, en la que el paciente tiene alteraciones cognitivas que pueden aparecer en forma de pequeños olvidos.

    Guardar la llave y no saber dónde la colocó, conversar algo y olvidar lo que conversó, no recordar un compromiso…y también bajo la forma de cambios sutiles en el lenguaje, como olvidar nombres. Estas características pueden ser naturales del envejecimiento, pero también pueden ser síntomas de Alzheimer.

    ¿Qué diferencia existe entre una situación y la otra? Generalmente cuando aquel individuo presenta un olvido natural, él puede recuperar después lo que olvidó. El paciente con un cuadro de Alzheimer olvida y, a veces, olvida incluso que olvidó”.

    Película “Siempre Alice” (EE.UU 2014) protagonizada por Julianne Moore, filme que desarrolla el dramático caso de Alice Howland. Foto Web.

    Destacó la experta que “lo más importante para separar lo que es normal de la edad y los síntomas de la enfermedad es cuando el olvido comienza a ser lo suficientemente grave como para causar daños en la vida diaria o en el trabajo.

    Cuando la persona comienza a tomar medicamentos cambiados u olvida tomar medicamentos. En el comienzo, puede ser una línea tenue y usted no puede diferenciar quién se quedará en el olvido normal y quién va a evolucionar a la enfermedad”.

    Finalmente Jesângeli Dias ofrece algunas recomendaciones que podrían ayudar a prevenir o a retrasar la aparición de los síntomas de la enfermedad: “para mantenerse cognitivamente sanos es necesario propiciar la convivencia social, construir relaciones ricas. Esto termina siendo un desafío para el cerebro, para las neuronas”.

    Otra forma de prevenir es adoptar hábitos saludables y cultivar la alegría. Si la persona es hipertensa o diabética, es muy importante que se controle. Es bueno hacer una actividad física regular, porque ejercitar el cuerpo también es ejercitar las neuronas. Buscar tener una vida social, mucha interacción. Las personas más aisladas pueden ser más deprimidas y propensas a desarrollar el Alzheimer.

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