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    Un equipo de científicos del King’s College de Londres (Reino Unido) publicó un estudio en noviembre pasado en la revista Alzheimer’s & Dementia: The Journal of Alzheimer’s Association 1, a través del cual conectan o visibilizan los vínculos entre el alzhéimer y el síndrome de Down.

    Allí, recuerdan que el síndrome de Down es una enfermedad causada principalmente por la trisomía del cromosoma 21. Esto quiere decir que, al contrario que el resto de cromosomas, que en humanos se encuentran agrupados en parejas, el 21 cuenta con tres copias.

    Dicha condición tiene una incidencia de aproximadamente 1 de cada 800 nacimientos y, si bien en el pasado la mayoría de las personas con el síndrome eran jóvenes, debido a su baja esperanza de vida, desde 1990 el número de pacientes mayores de 40 años se ha duplicado.

    Por ello, esta situación los ha hecho propensos al alzhéimer, haciendo necesario un aumento de la investigación en este ámbito.

    Resulta que quienes tienen el síndrome de Down desarrollan a los 40 años placas de amiloide y ovillos neurofibrilares, ambas consideradas características típicas del Alzhéimer.

    Una pareja peligrosa

    El estudio reveló que al menos dos tercios de las personas con trisonomia del cromosoma 21 experimentan demencia antes de los 60 años. Esta proporción tan grande lleva también a que el 70 % de las muertes de personas con síndrome de Down mayores de 35 años se deba a esta enfermedad neurodegenerativa.

    Una de las hipótesis barajadas por investigadores en este ámbito es la de la reserva cognitiva, que hace referencia a los diferentes mecanismos que permiten optimizar los recursos cerebrales, a través de la presencia de más conexiones neuronales. La situación facilita una mayor tolerancia a los cambios neurológicos característicos de la edad que pueden ocasionar demencia.

    La demencia y el Alzhéimer

    La reserva cognitiva favorece que las personas se adapten a los cambios neurológicos de la edad sin sufrir consecuencias graves.

    Estudios comprueban que las personas con niveles de educación elevados o estilos de vida social e intelectual activos tienen un riesgo menor de desarrollar demencia.

    Un descubrimiento de 1988, dirigido por el neurocientífico Robert Katzman, comprobó que algunas personas con Alzhéimer no manifestaban síntomas de demencia o los tenían muy leves en comparación con el daño neurológico que sufrían.

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