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    El comportamiento sexual en el que una persona de menor edad se siente atraído, tanto física como mentalmente, por otro individuo de edad avanzada se llama teleiofilia o adultofilia. Un concepto bastante desconocido socialmente hablando, pero común en el ser humano.

    El sexólogo estadounidense, Ray Milton Blanchard, conocido principalmente por sus trabajos de investigación sobre la pedofilia, la transexualidad y la orientación sexual, fue el primero en utilizar este término, en el año 2000.

    Esta concepción se formalizó para evitar neologismos (palabras nuevas), como “adultofilia” o “normofilia”, que se usaban ocasionalmente, pero no tenían una definición precisa. Sin embargo, el término es principalmente usado por sexólogos profesionales en la bibliografía científica.

    Sorella Daza, venezolana de 29 años de edad, señaló que todas sus relaciones amorosas, desde los 17 años, han sido con personas por lo menos 10 o 12 años mayores que ella. Lo definió como “una experiencia interesante porque nosotras las mujeres maduramos antes que los hombres y en este sentido siento que van a mi ritmo”.

    A algunas mujeres les gustan los hombres mayores porque son “maduros y comprometidos”. Foto: Web

    Cuando la mujer es menor de edad, la relación está legalmente prohibida en algunos países. Entanto, otros como Estados Unidos o Inglaterra permiten los matrimonios forzados de niñas con adultos. Con el paso del tiempo, si las tratan bien, estas niñas podrían convertirse en adultófilas. Sin embargo, existen casos de quienes mantienen relaciones estables, gratificantes y consensuadas con su pareja adulta.

    Dentro de la teleiofilia existen tanto homosexuales como heterosexuales, y se da en hombres y mujeres, en cualquier rango de edad con tal y ya tengan la sexualidad despierta.

    Cuando el adultófilo es menor de edad, en la mayoría de los casos mantiene una ”buena” relación con un pedófilo o efebófilo, lo que permite que su atracción sea correspondida.

    La adultofilia se ha practicado desde tiempos ancestrales. En la Antigua Grecia, llegó a ser incluso una tradición aristócrata, en la que era necesario realizar una especie de ritual para consensuar la unión, donde tanto el amante como el amado marcaban ciertos límites que definían el margen entre el amor y el abuso.

    Actualmente, este tipo de relaciones es más común de lo que realmente se cree, lo que demuestra que las preferencias sexuales, las atracciones e incluso el amor pueden ir más allá de lo socialmente ”aceptado como correcto”.

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