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    La psoriasis es una patología que comienza a manifestarse en el cuerpo humano con pequeñas manchas rojas en los codos, en las rodillas y en la nuca.

    Es una enfermedad compleja cuyas causas aún no se conocen completamente, por ello tratarla como un simple trastorno de la piel es un gravísimo error, según los especialistas.

    El 29 de octubre se recuerda el Día Mundial de la Psoriasis, fecha propicia para alertar a la comunidad global sobre la manera adecuada de tratar clínicamente este padecimiento.

    Justamente el lema de la efeméride seleccionado para este año por la Federación Internacional de Asociaciones de Psoriasis (IFPA) es un exhorto a “Tratar la psoriasis seriamente’.

    Según las estadísticas, este problema de salud afecta a 125 millones de personas en todo el mundo y puede traer serias consecuencias en un tercio de los casos, amenazando con enviar a más de 30% de las personas que la padecen a la depresión y al aislamiento.

    Aunque no se conocen las causas exactas, se sabe que la psoriasis es una enfermedad inflamatoria autoinmune, que tiene su origen en un trastorno del sistema inmunológico, explicó el portal web psoriasis360.es.

    “En situaciones normales, este sistema nos protege de infecciones y enfermedades, pero en una enfermedad autoinmune ataca a células y tejidos sanos de nuestro propio cuerpo”, detalló el sitio especializado.

    En el caso de la psoriasis, el descontrol del sistema inmunológico provoca que las células de la última capa de la piel, los queratinocitos, crezcan mucho más rápido de lo normal: cada 3-4 días en lugar de cada 28 días, como ocurre con las células de una persona sin psoriasis, dando lugar a las placas psoriásicas.

    Investigaciones han determinado que esta enfermedad se produce debido a una combinación de factores genéticos y ambientales. Esto significa que se desarrolla en una persona propensa a tener la enfermedad por los genes que ha heredado de sus padres, pero se necesita un factor desencadenante que ponga en marcha todo el proceso.

    Los principales factores desencadenantes de brotes de psoriasis son: estrés, muy frecuente y fácilmente controlable por el propio paciente; traumatismos; un golpe directo sobre la piel puede desencadenar lesiones de psoriasis en la zona afectada; quemaduras solares, las cicatrices postoperatorias o las erupciones debidas a medicamentos pueden provocar también la aparición de lesiones de psoriasis.

    Las infecciones bacterianas o víricas pueden inducir o empeorar las lesiones, al activar las células del sistema inmunitario, igualmente algunos fármacos, el clima, el frío y los cambios de estación pueden provocar su aparición. También se han relacionado estrechamente sus brotes con el alcohol, el tabaco y la obesidad.

    Entre las patologías asociadas con este trastorno de la piel se encuentra la artritis psoriásica que afecta al 30% de los pacientes. Es una patología que suele cursar con inflamación de las articulaciones, que es el punto en el que los tendones, músculos y ligamentos se insertan en el hueso.

    Destacan entre los principales síntomas de la artritis psoriásica el dolor, la limitación para realizar actividades diarias y lesiones que pueden derivar en la deformidad de las articulaciones.

    Francesco Cusano, presidente de la Asociación de Hermatólogos-Venereólogos y Salud Pública (Adoi) del Hospital Italiano, expresó en entrevista para el diario Reppubblica.It que la psoriasis limita significativamente las acciones diarias y las funciones comunes no solo a través de la participación de otros órganos más allá de la piel, sino también a través de su presencia.

    Las manchas en lugares visibles como manos, cara, extremidades, condicionan las relaciones sociales, la elección de la vestimenta, la apariencia personal y hasta el perfil profesional.

    Igualmente las localizaciones genitales pueden afectar una vida sexual adecuada. Explicó el experto que la calidad de vida de quienes padecen psoriasis está más comprometida que la de muchos pacientes con enfermedades que aparentemente se consideran más graves como neoplasia o cardiopatía.

    Considera Cusano que la enfermedad debe enfrentarse con equilibrio y serenidad, confiando en las recomendaciones del especialista para establecer una línea de conducta sustentada en las necesidades y posibilidades reales de cada paciente de manera individual.

    Diagnóstico precoz, medicamentos eficaces, iniciativas de sensibilización. Todas son necesidades importantes para los pacientes, pero hay algo más: “En primer lugar, entre las necesidades de los pacientes -dijo Valeria Corazza, presidenta de la Fundación Natalino Corazza-, está la relación interpersonal con el médico, con quien desea tener más información y tiempo para ser escuchado”.

    “Solo un paciente bien informado puede permitirse soñar con una curación no ilusoria, alimentar la esperanza de ser mejor y creer en los tratamientos con confianza, mirar la realidad actual (que no es tan mala en comparación con un pasado hecho de alquitrán, vendas y cortisona), una realidad donde la investigación no duerme”.

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