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    El poder de la iglesia se hace sentir en Australia, y es que la justicia de este país  anuló este jueves la condena a un año de arresto domiciliario de un antiguo obispo, acusado de haber encubierto agresiones pederastas.

    Philip Wilson, de 68 años, fue hallado culpable en mayo de este año  de encubrir durante una investigación policial entre 2004 y 2006, los abusos sexuales cometidos por el sacerdote James Fletcher contra dos de sus monaguillos en la década de 1970.

    Se convirtió en uno de los eclesiásticos de mayor rango en la jerarquía católica mundial en ser condenado por este tipo de actos. El papa aceptó a finales de julio su dimisión. Sin embargo, el obispo apeló la sentencia del mes de mayo y un juez le ha otorgado la libertad plena.

    Philip Wilson

    A mediados de agosto, un tribunal australiano le concedió el permiso para cumplir su pena a domicilio.

    Un juez del tribunal de Newcastle, en Nueva Gales del Sur, estimó que el recurso contra su condena presentado por el religioso era fundado.

    “No existe un verdadero fundamento sobre el que podría apoyarme para rechazar las pruebas presentadas” por el interesado, declaró el juez Roy Ellis.

    El juez señaló “incoherencias” en las declaraciones de una víctima en una conversación que tuvo con el padre Wilson a propósito de los abusos. El “tribunal no pudo ser convencido más allá de la duda razonable de que esta conversación realmente se produjo”, difundió Efe.

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    El eclesiástico siempre desmintió las acusaciones y en un principio rechazó dimitir. Durante el juicio, no se puso en duda el hecho de que Fletcher, fallecido en la cárcel en 2006, abusara de menores. El tribunal se centró en la cuestión de si Philip Wilson, que era sacerdote en aquel entonces, estaba al corriente.

    Wilson fue cura en Nueva Gales del Sur hasta que el papa Juan Pablo II lo nombró obispo de Wollongong en 1996. Cinco años después se convirtió en arzobispo de Adelaida.

    Una comisión oficial que investigó la respuesta de las instituciones australianas a los casos de pederastia reveló que la Iglesia católica, con fuerte arraigo en el país, recibió denuncias de 4.500 personas por presuntos abusos de unos 1.880 religiosos y sacerdotes entre 1980 y 2015, reseñó El País.

    El papa Francisco ha hecho un exhorto a todos los lideres católicos y sus feligreses a denunciar cualquier acción sospechosa, que involucre posibles acciones de abusos sexuales contra niños, comparando  la pederastia con los sacrificios humanos que se ejecutaban en la antigüedad.

    DS.

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