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    No hay región que se escape de las consecuencias de la difícil situación política, económica y social por la que atraviesa hoy en día la República Bolivariana de Venezuela, y esto se agrava en los sectores que cuentan con un menor número de población.

    A pesar de que el estado Zulia es uno de los estados con mayor extensión territorial y que cuenta con un gran número de habitantes, son múltiples las problemáticas que se han venido acumulando y que lo han posicionado en un estado crítico.

    Los constantes cortes de energía eléctrica, la falta de agua potable, escasez de alimentos, deterioro en el servicio del transporte público, fallas en las telecomunicaciones, entre otros, forman parte de la lista de afectaciones que sufren los zulianos.

    La bahía de Ologá, pueblo de pescadores y palafitos en el Lago de Maracaibo -el segundo más grande de América-, y la región caracterizada por la mayor ocurrencia de relámpagos del mundo, no escapa de ello.

    Aunque el relámpago del Catatumbo, es un imán para turistas, paradójicamente, Congo Mirador -un pueblo de 140 palafitos-, la pequeña población lacustre que vivía del turismo de cazadores de relámpagos, enfrenta una de las peores crisis de su historia y está a punto de desaparecer, publica BBC Mundo.

    En un reportaje publicado este viernes, describe la situación en la que se encuentran los pobladores. Niños con evidente delgadez, usando ropa en malas condiciones y jugando en agua estancada, es parte de lo que se observa en el lugar.

    Antes conocido como un pueblo de agua, el Congo Mirador se sedimentó casi en su totalidad, hasta el punto de que solo tres de sus canales tienen niveles mínimos de agua para el paso de lanchas y botes conocidos como peñeros. Un canal de agua contaba con hasta tres metros de profundidad. Hoy, hay una trilla de barro y follaje por donde los residentes hasta pueden caminar.

    De acuerdo al periodista, los congueros culpan de la sequía a un ganadero local, ya fallecido, conocido como Josué, quien empleó en 1991 maquinaria pesada para abrir un caño de tres kilómetros desde el río Bravo para facilitar el paso de embarcaciones repletas de carne, queso y plátanos.

    La maniobra favoreció el desplome y avance de escombros y arena hacia el Congo Mirador. La abertura fue bautizada como “Paso o Caño J” en honor a su autor y sigue activa.

    El lugar conoció tiempos mejores. Antes la economía fluía gracias al turismo: vendían gaseosas, comida, cigarros, víveres varios. En ese entonces, el Congo Mirador y el llamado Relámpago del Catatumbo eran uno, ambos resplandecientes y en crecimiento. La pesca y las visitas de viajeros eran sus fortalezas.

    El pueblo tuvo 930 habitantes a finales de los años 70, de acuerdo con el libro “Congo Mirador, pueblo palafítico del Lago de Maracaibo”, del médico y escritor Darío Novoa Montero. Su población superó el millar a principios de este siglo.

    Ahora, el 90% de su gente se ha marchado a tierra firme por la crisis económica y la sedimentación, calculan quienes todavía permanecen en el pueblo.

    Testimonios

    Iván Gotera, un pescador de 76 años, vive en un rancho de latas de zinc. Se queja de que las ganancias por su trabajo son mínimas y denuncia que “estamos abandonados. Estamos a la buena de Dios”.

    Por su parte, Andrés Navarro Villasmil, pescador veinteañero quien solo visita el pueblo por temporadas, recuerda que antes el lugar era “una mina de oro”. “Se hacía ‘billete’. Ahora, lo que hay es martirio”, añade.

    Mientras que otro poblador, Miro Navarro, de 63 años, cree que en la localidad “se acabó todo”. “No queda ni una sola bodega. No tengo dónde comprar la comida, sino en los puertos, ¡lejos!, y no tenemos gasolina”, lamenta.

    “Se olvidaron del Congo”, son las palabras de Yaneli Villasmil, abuela de 50 años, que se quejó de la falta de asistencia en materia de salud y educación.

    “Solo estábamos 13 personas aquí en enero”, dice Alirio Camarillo, pescador de 64 años, sentado en un banco de plástico en el porche de su palafito. “Hoy somos como 100. Esos no vuelven así como está esto”, agrega.

    Evidente abandono

    El artículo reseñado por la página web, detalla que la mayoría de los palafitos están abandonados. Se estropeó el piso y desapareció el pedestal de su plaza central, donde reposaba el busto de Simón Bolívar. La estatua del prócer está recostada contra una pared, al lado de la entrada de la iglesia.

    El camino hacia el templo testimonia la sedimentación. Cuatro tablones de madera forman una planchada de 15 metros entre uno de los ranchos y el oratorio. Hay pasto y lodo donde hasta el año pasado hubo agua.

    Salud y educación son derechos insatisfechos en Congo Mirador. No hay doctores, ni profesores. La escuela del pueblo colapsó. “Se cayó”, cuentan los pobladores.

    A.L.

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