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    Las ventas de ropa y artículos usados era, décadas atrás,  una práctica casi clandestina en Venezuela. A diferencia de muchos países europeos y americanos, donde las ventas de usados forman parte de la cotidianidad, en el país suramericano adquirir prendas de vestir y enseres de segunda mano era visto como una evidencia de escasez de recursos, de bajo poder adquisitivo, en dos palabras: de pobreza.

    La historia reciente ha cambiado drásticamente esa visión. En la actualidad las ventas de ropa, calzado y cualquier tipo de artículo usado en buen estado, ha tomado sin complejo las plataformas web dedicadas a la comercialización e igualmente se ha instalado en espacios públicos, residencias, parques y avenidas donde el cartel que reza “Venta de garaje” llama la atención a más de un comprador curioso.

    Los puestos de venta, que pasan de 50, son ofrecidos con un mes de anticipación y se agotan rápidamente. Foto Web.

    Pero más que una práctica individual o improvisad, las ventas de usados han sido tomadas por algunos emprendedores y visionarios venezolanos como una oportunidad de negocio. Es el caso de los organizadores de El Patio de los Corotos, iniciativa surgida en 2014.

    Su creadora es la joven comunicadora social y licenciada en Mercadeo, Claudia Valladares, quien expresó en un testimonio para el portal web Así se emprende que la idea de este mercado surgió al conocer experiencias similares en sus viajes a países europeos, donde es común ver ventas de usados.

    Comentó que su familia miró con recelo su idea de negocio por considerar que  sus amistades en la ciudad donde residen, Valencia, capital del estado Carabobo, a 167 kilómetros de Caracas, no aceptarían la invitación a participar por vergüenza que los vieran comprando y, lo peor,  vendiendo cosas usadas.

    Pese a esta negativa, Valladares siguió adelante con su propuesta y el 19 de julio de 2014 realizó la primera gran venta del Patio de los Corotos con un éxito inesperado. Sin haberlo avizorado, la situación económica venezolana, paradójicamente, propició el crecimiento del mercado de ventas de segunda mano. Este aspecto impulsó su empresa y la llevó a explorar otros espacios con una aceptación rotunda.

    La situación económica venezolana propició el crecimiento del mercado de ventas de segunda mano. Foto Web.

    Además de la ciudad de Valencia, “El Patio” se trasladó a los estados Lara y Portuguesa, donde tiene lugar la compra-venta cada quince días en centros comerciales y otros espacios públicos de las ciudades de Barquisimeto y Acarigua, con una concurrencia y flujo comercial que mueve millones de bolívares y que beneficia  tanto a los que venden como a los que compran.

    Los puestos de venta, que pasan de 50,  son ofrecidos con un mes de anticipación y se agotan rápidamente. Los ocupan, generalmente, vendedores fijos que están dedicados a ese oficio como un negocio rentable que les permite obtener un ingreso extra.

    Milagros Hernández informó para El Ciudadano que muchas personas creen que en los mercados de ventas de usados solo lo ocupan aquellos que deciden vender todos sus bienes porque se van de Venezuela.

    Es cierto que algunas personas que desean emigrar y vender su vestuario y enseres ven en estos mercados una oportunidad de salir de todo o casi todo de una sola vez. Pero también hay gente como yo que no me quiero ir del país, pero requiero generar un ingreso extra dado el alto costo de la vida”.

    “He notado que con venir al Patio de los Corotos cada quince días puedo resolver parte de mis problemas económicos, vendiendo aquellos objetos que no uso y que quizás me estorban en mi casa”, aseveró Hernández.

    “Aquí viene a comprar gente de toda clase socioeconómica, ves gente de dinero y gente que no tiene mucho”, aseveró Omaira Villalobos.

    En Maracaibo, al occidente venezolano, se encuentra otra experiencia exitosa de mercado de ventas de usados. Se localiza en la zona costera de El Milagro en las instalaciones del Coliseo Pedro Gamarro, donde funciona el popular “Mercado de los Corotos de La Cotorrera”.

    “Aquí viene a comprar gente de toda clase socioeconómica, ves gente de dinero y gente que no tiene mucho, porque la situación económica pega a todos por igual”, sostuvo Omaira Villalobos  una de las vendedoras en un informe para el diario local Panorama.

    También compran revendedores para llevar a Colombia, donde reciben ingresos en pesos, en un intento por hacer  aún más lucrativa la venta informal, y a cielo abierto, de los “corotos”.

    Sentenció que “ir a un centro comercial a comprar un pantalón no está al alcance de muchos, como antes. Acá (en el Mercado de los Corotos de La Cotorrera) venimos y compramos para todos”.

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