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    Los últimos años han demostrado que las bacterias que residen en nuestro intestino son mucho más que simples inquilinos. Desde ayudar a nuestros cuerpos a luchar activamente contra otros microbios, causantes de enfermedades, hasta incluso alterar nuestra salud mental, las bacterias intestinales juegan un papel activo y crucial en el mantenimiento de nuestra salud.

    Ahora, una nueva investigación está revelando cómo estos seres microscópicos podrían estar teniendo un impacto aún más profundo en nosotros, controlando los genes en nuestras células y posiblemente ayudándonos a combatir el cáncer.

    Publicado en la revista Nature Communications, el estudio destaca cómo los químicos producidos por las bacterias en nuestro intestino, al descomponer los alimentos, pueden cambiar físicamente la ubicación de ciertos marcadores químicos que se adhieren a nuestro genoma, lo que puede cambiar la expresión genética.

    “Nuestro intestino es el hogar de innumerables bacterias que ayudan en la digestión de alimentos como las fibras vegetales”, explicó el líder del estudio, el Dr. Patrick Varga-Weisz. “También actúan como una barrera para las bacterias dañinas y educan a nuestro sistema inmune. La manera en que estos organismos afectan nuestras células es una parte clave de estos procesos”, agregó.

    Estudiando ratones que habían perdido la mayor parte de su microbioma –el término utilizado para describir la comunidad microbiana que se encuentra en el intestino–, los investigadores pudieron mostrar cómo la bacteria responsable de descomponer frutas y verduras también altera la expresión génica en las células que recubren la pared intestinal.

    Estos microorganismos también liberan un ácido graso específico de cadena corta. Esta molécula se traslada de la bacteria a nuestras propias células y aumenta la cantidad de marcadores genéticos, conocidos como crotonilaciones;un subgrupo de los –más ampliamente conocidos– marcadores epigenéticos. Los científicos encontraron que los ácidos grasos lograban esto al cancelar la actividad de una proteína llamada HDAC2 y que los ratones que carecían de cualquier bacteria intestinal contenían más de esta proteína de lo normal.

    “Los ácidos grasos de cadena corta son una fuente de energía clave para las células en el intestino, pero también hemos demostrado que afectan la crotonilación del genoma”, dijo la autora principal, Rachel Fellows. “La crotonilación se encuentra en muchas células, pero es particularmente común en el intestino”, señaló.

    La importancia de este estudio es que ayuda a explicar por qué una dieta sana y equilibrada, que promueva el fomento de bacterias “buenas” en el intestino, también puede ayudar a reducir el riesgo de cáncer.

    El Ciudadano, vía IFLScience

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