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    El buzo Vasilis Mentogiannis está haciendo campaña para proteger un sitio único en un remoto golfo en el noreste de Grecia, donde los hipocampos (caballitos de mar), una especie protegida devastada por la contaminación y la sobrepesca, están prosperando.

    Después de haber restaurado su hábitat en 2015 con cuerdas y plantas sintéticas, tras haber sido dañado por las inundaciones de un pueblo cercano, ahora el buzo busca una protección más amplia. Estamos hablando de una región muy pequeña, creo que mantener a los barcos de pesca lejos es algo que podemos lograr”, dijo Mentogiannis.

    Descubrió el lugar en la península de Chalkidiki por casualidad, en 2007, y los expertos marinos están fascinados con su descubrimiento.


    Al nadar a una profundidad de unos 8 o 9 metros, recuerda haber visto un caballito de mar, seguido por otro y otro.
    “Vi muchísimos, y me dije a mí mismo, ‘oye, ¿qué está pasando aquí?’ Pensé que esto era realmente notable”. Como era muy raro ver grupos de caballitos de mar juntos, decidió formar un equipo de buceadores para documentar a las criaturas.

    Los caballitos de mar existen en los mares de Grecia, pero los científicos dicen que es único encontrar una población estable y continua, especialmente porque el lecho marino es estéril y por lo general no hay suficientes plantas para que los caballitos de mar se aferren y se escondan de sus depredadores.

    Sin embargo, hay mucha comida. Los hipocampos se alimentan de plancton y organismos bentónicos móviles. “En un pequeño islote, un grupo persevera, vive y prospera. Es como el último de los mohicanos “, dice Costas Dounas, director de investigación en el Instituto Helénico de Investigación Marina (HCMR) del Instituto de Biología Marina.

    En 2010, una inundación arrasó la cercana aldea de Stratoni y empujó los desechos hacia el mar, destruyendo en parte su hábitat.

    Decididos a tratar de reparar el sitio y con el asesoramiento de los científicos, Mentogiannis completó un hábitat artificial para los caballitos de mar en 2015, creado con un laberinto de cuerdas.

    “Esto ha ayudado a aumentar aún más su presencia, dice, aunque es difícil dar una cifra definitiva sobre el tamaño de la población”. Agrega que “lo hicieron bien, fue muy útil para ellos, porque podían agarrarse a él, tumbarse y camuflarse en la cuerda”.

    Por último, explicó que luego de pasar muchas horas con caballitos de mar, pudo reconocer que “son criaturas tímidas, y les damos la espalda a las cámaras todo el tiempo“.

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