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    Valparaíso es un reducto cool. Todos los que llegamos a este puerto, sea de forma natural o programada, somos cool- por supuesto el darwinismo se encarga de hacer las respectivas diferencias- Allende, el porteño universal, bajo el consenso “histórico” de la franquicia Inglesa “Grandes Chilenos” a dado el veredicto.

    Cool, siempre fresco y personal. Experimental. Concatenado intuitiva y creativamente hasta hacer un trazo final nunca acabado, retraido en el devenir, misterioso y fundamentalmente desafortunado. Autentico en su parsimoniosa desesperación por comunicar, con todos sus fracasos y talentos, con algún trauma peligroso y alguna bondad igualmente nefasta. Oblicuo. Vivo, tratando de transferirse, de contagiarse, y como es obvio, siendo rechazado por la fagocita resitencia.

    Por fantastico, raro, inverosimil, Valparaíso está ahí, montado sobre los cerros, pareciendose a Lisboa, a una ciudad en México, a las supersticiones de todos los pueblos. Circunstancial, mágico, irracionalmente habitado. Con todos sus personajes.Con los niños del ruido que hablan de la “praxis-teorica” y de mil huevadas medias huachas e indefensas, medias salidas del negocio familiar. A los pies del árbol genealógico, bajados a la fuerza por un matonaje concertado entre el desamor y la pena.

    Desembarcados.Con la soledad del arribo; una ancianidad adolescente “amarra como el hambre” al primer Punk del universo, que año a año retorna a Valparaíso. Alvaro Peña regurgita su porteñitud.

    Pienso en mi corazón de poeta chanta, de poeta distante de la poética, y me acuerdo de mi hermana poesía caótica, de los gatos y de La Sombra, esa que tanto extraña al malogrado Colo-colo, aún en observación veterinaria. De Chinoy, de Recabarren, del bergantín goleta, de las costureras anarquistas, de un Pinochet también porteño, y de que: “Todos los ríos del mundo van a dar al mar”. Estoy presa del efecto Chinoy, ese que sufrimos gozosamente todos los porteños. Un big-bang, un flash back borracho, una hecatombe furiosa, un inicio permanente.
    “Valpo lo hizo” nos dice Chinoy, y es cierto, pareciera que Valpo es la paridora del mundo. Que no es Pancho, sino Pancha inoculada por piratas. Una Pancha con hijos huidizos y transfugas, mesiánicos.

    Por Karen Hermosilla

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